Egipto: atrapado sin salida

Para quienes pensaron que el teatro golpista montado por los militares y sus aliados mubarakistas, liberales e izquierdistas en la Plaza cairota de Tahrir, podría ser suficiente para derrocar un gobierno legítimo surgido de las urnas y con millones de fieles seguidores en todo el territorio de la República Árabe de Egipto, los hechos han venido demostrando el error de cálculo en el que incurrieron y deben ahora enfrentar el dilema de resolver esta crisis política a institucional creada por ellos mismos, apelando a la vía argelina de la represión generalizada contra el islamismo político no armado de los Hermanos Musulmanes, o restablecer la legalidad mediante una fórmula que, sin reponer plenamente el orden constitucional violado con la destitución del presidente Mohammad Mursi, los reincorpore al ejercicio del gobierno para el cual fueron electos, dentro de un proceso transicional consensuado entre todas las fuerzas políticas del país.

Es tal la importancia estratégica de Egipto en el Norte de Africa, el Medio Oriente y el Mediterráneo, que durante un mes han transitado por sus palacios de gobierno y entrevistado con el presidente Mohammad Mursi altos representantes del gobierno y el Congreso de los Estados Unidos, la Comisionada para las Relaciones Exteriores de la Unión Europea, el representante de la Unión Africana, el Rey de Jordania, emisarios de las Casas Reales de Qatar y Arabia Saudita y otros, sin que haya sido posible construir un acuerdo para una solución negociada de la crisis por cuanto, en el centro de la salida está el restablecimiento del orden constitucional flagrantemente violado por los conspiradores del 03 de julio, encabezados por el general Al Sisi, el magistrado Adli Mansur y el agente de los intereses norteamericanos, Al Baradei, quienes siguen cínicamente calificando como “Revolución Popular”, lo que fue otra cosa que un burdo tinglado teatral, montado sobre las protestas manipuladas de un importante sector de la población en la plaza Tahfir, para perpetrar un zarpazo luego de apenas un año de gobierno del único presidente electo mediante el voto universal, directo y secreto en toda la historia de Egipto.

Mientras los golpistas y sus financistas nacionales e internacionales buscan afanosamente una fórmula “aceptable” para los Hermanos Musulmanes que permita la continuidad del gobierno militar-civil en el gobierno, la ya dramática situación económica y social de Egipto se deteriora aceleradamente por la quiebra del turismo – principal fuente de divisas – y el agotamiento de una Fuerza Armada desprestigiada por su apoyo a la larga dictadura de Hosni Mubarak y su alianza con el ente sionista israelí en su cerco criminal a la población palestina de Gaza, la cual fue instrumentalizada para realizar un operación quirúrgica de rápida ejecución e inmediato resultados, pero que ha tenido que mantenerse durante más de un mes y con un criminal saldo de más de 300 islamistas no armados muertos por la acción de soldados, policías y agentes encubiertos del viejo aparato político de la dictadura de Mubarak, hoy recuperados de su derrocamiento popular de agosto de 2011 y cumpliendo labores de soporte institucional y de calle del gobierno golpista de Al Sisi.

Toda salida real, efectiva y duradera de la actual crisis política de la República Arabe de Egipto pasa, necesariamente, por el restablecimiento en su cargo del Presidente Mohammad Mursi, el respeto al orden constitucional nacido del proceso constituyente y escogencia de un gobierno con amplios poderes políticos que, junto con la creación de condiciones de seguridad y convivencia pacífica de los egipcios, pueda tomar drásticas medidas económica que permitan sacar al país del hoyo de la quiebra financiera que ya no le permite pagar – ni siquiera - las obligaciones salariales con sus funcionarios del Estado y, particularmente, con su paquidérmico ejército, guardián de los intereses regionales de los Estados Unidos de América, la Unión Europea y el ente israelí pero que en estas circunstancias podría verse resquebrajada su unidad de mando y cohesión institucional, por la influencia islamista en muchos de sus cuadros medios y tropas.

El ataque a los “plantones” y barricadas no armados de los protestantes islamistas en la Mezquita Adauiya, la Plaza Mahda y el Puente “6 de Octubre”, con la cual están amenazando el gorila Al Sisi y su Ministro del Interior Hazen Bebladi, es la peor de las opciones porque, al causar cientos de nuevas muertes, heridos y detenidos, esparcirá la flama del descontento social y político de los adherentes a los Hermanos Musulmanes a todo el territorio egipcio y ya no habrá capacidad para controlar a los sectores islámicos radicalizados quienes ya reclaman declarar la “Yijad Islámica” que, unida a los conflictos de Túnez, Siria, Libia e Irak, terminará por incendiar, sin remedio, toda la región y con ello, posiblemente producir la invasión del canal de Suez por tropas de los Estados Unidos y la OTAN y la ocupación de la península del Sinaí por parte del ente sionista israelí; todo lo cual hará imposible, en el mediano plazo, la solución política a las conflictos y guerras internas y mercenarias que desangran la región.


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Yoel Pérez Marcano


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