Las corbatas de Rajoy, cultura de cuello blanco

La puesta en escena de otro “escándalo”, con esa acepción farandulera con que han banalizado la palabra, la que identifica la respuesta que produce toda conducta indigna a la majestad ciudadana, y que permite a individuos de frágil estructura moral, desenvolverse con holgura a la luz del día, y autorizados además, por el sistema de control social que los alcahuetea, tal como lo formaliza Eduardo Torres-Dulce, fiscal general del estado español, refiriéndose a una eventual citación de Mariano Rajoy a la causa que se abrió por los “presuntos hechos delictivos”, dado los “sobresueldos” que este percibió de la caja B del PP entre los años 1997 y 2010, según declaración prestada por el ex tesorero del partido, Luis Bárcenas, ante la Audiencia Nacional, sin contar los más de 20.000 euros en concepto de trajes y “corbatas”; quedando por fuera (materia de otra instancia, quizá una celestial), "las responsabilidades de tipo ético, moral, político o de cualquier otra cosa", pues estas no están en tela de juicio, ni lo estarán porque lo importante para el sistema de valores que regulariza tales relaciones, es el dinero que el político presuntamente corrupto, posiblemente se embolsilló, como todo parece confirmar. Lo demás es un asunto demodé, materia que le pudiese interesar, a las sociedades atrasadas del tercer mundo, mas aun, cuando con estas excusas, se les bombardea, se les invade y se les espolia.

Rajoy ya adelantó que no renunciará, ni mucho menos se suicidará. Seguramente seguirá al frente, no solo del PP, sino del estado monárquico español; en fin, de su propia vida, la que deseamos sea larga, la de una España prospera, a pesar de su fatalidad ideológica. Pero a nosotros no nos interesa la catadura moral de este individuo, ni la de su casta, la que representa a un país gobernado por un rey típico del oscurantismo (¿Cual no lo es?). El que desprecia la vida, nada menos y nada más que la del primer Presidente aymara del Estado Plurinacional de Bolivia, simplemente por considerarlo un “indio”, es decir, en su valoración Real, un ser inferior, vasallo aún de su extinto imperio. No nos interesa para nada la conducta de este decadente personaje, problema del pueblo español, con el cual nos solidarizamos y acompañamos en el fortalecimiento de sus convicciones éticas. Lo que si nos resulta un tanto curioso, y que se convierte en materia para nuestro debate interno, el debate cultural, trasladado a nuestra realidad, sobre todo a la cotidianidad de nuestros líderes, es esa yunta europea: hombre-corbata. Hay allí un nexo muy fuerte que simbólicamente lo ata por el cuello a su cultura, justificable por demás, cuando se trata de identificarse con sus representaciones simbólicas, las que en el fondo le proporcionan las fortalezas que exhiben. De tal manera que en sus libros de contabilidad, ya sea el A o el B, o el falso, hay una columna dedicada al gasto suntuario, denominada “corbata”, en donde se discrimina el monto destinado al consumo de estas, nada modesto como para pasar desapercibido.

Por supuesto, vale la pena comentar, que más allá de la necesidad de hacerse de una prenda de vestir, superflua por demás, está el hecho de consumirla, al buen estilo del pret a porte de lujo, que no es mas que otra expresión de la alta costura, exclusiva solo para quien puede pagarla. Y consumirla hasta la saciedad, cual vicio (no muy diferente al que impulsa a una estrella pop a reconstruirse quirúrgicamente la nariz tantas veces, al punto de arruinarse el rostro), al extremo de no permitir que lo pesquen repitiendo una pieza de estas en publico.
La frivolidad del jet set internacional, no ha hecho mella en nuestros líderes de hoy, como el que consumió en el pasado, a presidentes del estilo Carlos Menen. No los ha distraído en la carrera por mantener actualizado ajuares y competir con los de su mismo rango en comprar corbatas desaforadamente, de las mejores marcas, hechas con las mejores telas, exclusivos cortes, texturas sintéticas, estampadas o bordadas, personalizadas, luciendo el nudo de moda, con o sin pisacorbata etc. No los ha enfermado al punto de robar para satisfacer tal necesidad, pero, cosa curiosa, los mantiene, al igual que a sus colegas europeos, lazados por el cuello, atados a algo que no ven, pero que obliga a protocolos insufribles.

Esto no alcanzaría ribetes de escándalo, si viviéramos en paz con la justicia, en un mundo globalizado para bien de la humanidad y por ende, para la felicidad de los humanos, en donde esa uniformidad capitalista no estuviera impuesta por la fuerza del nefasto proyecto civilizatorio occidental, sino por la brillantes y la justicia de los principios, en donde parecerse a los iguales del viejo continente, sería algo menos que una sana costumbre. Pero ciertamente, es más que escandaloso, que en medio de un proceso revolucionario, en donde necesariamente se polarizan todos los órdenes de la existencia, la cultura no lo haga. Precisamente porque en la guerra en la que estamos sumidos en contra de la hegemonía cultural europea, en razón de una revolución bolivariana, que pretende darnos, entre muchos otros bienes, además del más preciado, el de la independencia, nuestro puesto en el mundo multipolar del Comandante Supremo, nuestra cultura es la primera que debe tomar posición de confrontación.

Por lo mismo el Comandante Supremo, en medio de la creación de la nueva doctrina militar bolivariana, mandó a cambiar el uniforme camuflajeado que nos subordinaba a la influencia castrense yanqui. Algo de sabiduría debe tener el principio que te obliga a no parecerte a tu enemigo. Ojala las diferencias se sigan acentuando en este sentido para terminar de convertir a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en un ejército popular de liberación nacional, bolivariano, socialista y chavista, con sus colores y su indumentarias de identidad.

¿Qué diferencias hay entre un político de izquierda y uno de derecha? ¿Entre uno socialista y uno capitalista? Más allá del abismo político, ideológico, económico, social, religioso etc., que los separa: nada. Todo lo demás es la cercanía para coexistir pacíficamente, para no eliminarse mutuamente, siempre y cuando no medie un interés de dominación. Pero entre uno del Abya Yala y otro europeo, deben establecerse las diferencias culturales fundamentales. Uno: por derecho a la diversidad, y dos: porque en ello se juega la supremacía cultural. De fondo hay una cultura que quiere segur invisivilizando la restauración de la otra, es decir, está en desarrollo una guerra de símbolos.
En una reunión entre dos países, donde además de estar en juego los intereses concretos de sus respectivas naciones, solapadamente entran en pugna, los intereses abstractos (aquellos que garantizan su existencia, mas alla de la política, la que depende de su fuerza material), a través de la diplomacia cultural. ¿Qué mensaje envía a propios y extraños, si para la foto de rigor el defensor de los símbolos del Abya Yala aparece ataviado con los iconos de su adversario natural?
Ha de ser por ello que Evo Morales no las usa, que Correa tampoco. Mahmud Ahmadineyad y los partidarios de la Revolución islámica Iraní, mucho menos. En ello va implícito un contundente mensaje cultural, el único realmente ofensivo bajo el asedio de las guerras de cuarta generación a las que estamos permanentemente sometidos. A Rajoy y los suyos le sienta muy bien, no por lo corrupto, lo cual está por probarse, sino por lo europeo. A indios y negros, suele vérsele ridículo, no por la falta de prestancia, sino por la grotesca incoherencia.
¡Chávez vive, La Hojilla sigue¡


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Milton Gómez Burgos

Artista Plástico, Promotor Cultural.

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