Conversando con Steve Ellner

¿Qué podemos esperar del segundo gobierno de Obama?

La elección de Barak Obama, presidente de EEUU, generó muchas expectativas acerca de ansiados cambios con respecto a las relaciones entre aquel país y América Latina. Así mismo, muchos esperamos que la política guerrerista tuviese por lo menos un freno. Tanto que la Academia sueca, se adelantó atendiendo a su discurso previo, a otorgarle el premio Nobel de la Paz.

Sus primeros ofrecimientos fueron relativos al pronto retiro de tropas de Iraq y otras zonas invadidas, pero su gestión se orientó en sentido opuesto. Incluso autorizó y casi se vio envuelto directamente en el asalto a la casa de Bin Laden y consecuencialmente su asesinato a mansalva. Las agresiones, posterior invasión a Libia, asesinato de Omar Gadaffi y el asedio a Siria, son otras muestras que Obama, no ha hecho otra cosa que continuar la obra de Bush.

Obama mismo, en la sesión general de la OEA, recién electo presidente, celebrada en Trinidad, pese a que se negó se hablase del pasado, habló de una nueva era en esas relaciones y dejo entrever que pondría interés en ellas.

En su primer gobierno, al hacer un balance de la gestión de Obama, quien esto escribe, se atreve a afirmar que es demasiado difícil encontrar diferencias entre lo actuado por Obama y su antecesor George Bush.

Interesado en despejar lo anterior y definir lo que se puede esperar del actual presidente de EEUU, en su segundo período, hemos sostenido una larga conversación con Steve Ellner, autor de El fenómeno Chávez; sus orígenes y su impacto hasta 2013 (segunda edición del CELARG) y profesor de la Universidad de Oriente desde 1977 y la Misión Sucre, sobre lo que se espera del segundo gobierno de Barack Obama.



Eligio Damas: ¿Usted prevé alguna novedad en el segundo gobierno de Barack Obama?

Steve Ellner: Una pregunta que siempre surge en la discusión sobre la política norteamericana es si realmente existen diferencias importantes entre los Demócratas y los Republicanos. Es quizás comparable a la situación durante varias décadas en Venezuela referente a los Adecos y los Copeyanos, quienes también se turnaron en el poder. Hay diferencias en política interna, pero en política exterior ellas son más que todo a nivel de discurso, pero no en cuanto a acciones concretas.

E.D.: ¿El discurso no es importante?

S.E.: Eso es relativo. Obama le fue otorgado el premio Nobel de la Paz por sus palabras, no sus acciones. Toma el caso de Israel. Los Republicanos critican a Obama por no ser fiel a Israel, porque de vez en cuando él critica a su gobierno, como por ejemplo sobre el asunto de los asentamientos israelíes en territorio palestino. La escalada de los asentamientos es grave y demuestra que el gobierno israelí realmente no acepta la creación de un estado palestino. Los asentamientos en Cisjordania están dividiendo la población palestina en fragmentos y, tanto es así, que algunos observadores alegan que ya es prácticamente imposible crear un estado palestino de ese archipiélago. Pero al mismo tiempo que Obama los critica dice que Israel es un país soberano y EE.UU. acepta la existencia de diferencias (como si fuera el caso de un matrimonio de esposo y esposa). Israel es completamente dependiente de los EEUU desde el punto de vista político, económico y militar y si Washington quisiera frenar la creación de nuevos asentamientos (y desmantelar aquellos que ya existen) podría hacerlo en cuestión de días.

E.D.: ¿En ese sentido no hay diferencias entre los Demócratas y los Republicanos?

S.E.: En materia de política exterior, aparte del discurso, las diferencias son mínimas. Es más, en algunos aspectos las acciones de Obama han sido peores que las de Bush.

E.D. Parece mentira, porque la imagen que tiene Bush aquí no podría ser peor. ¿Puede darnos algunos ejemplos?

S.E. A pesar de su discurso en favor de la paz, Obama ha extendido las fronteras de la guerra no declarada en el Medio Oriente y partes de África. Y en esa guerra no hay vigilancia y no hay controles en absoluto. La guerra está dirigida en secreto desde la rama ejecutiva, sin la participación del congreso, la rama judicial y los medios de comunicación. Y eso es increíble si toma en cuenta que el patrón de la “democracia liberal”, inherente a los defensores del sistema político norteamericano, son los chequeos, balanza de poderes, conceptos que se originaron en los planteamientos de Montesquieu, John Locke y James Madison en el siglo 18 y 19. El uso de aviones sin pilotos, conocidos en inglés como “drones”, la lista asesina que consiste de más de mil supuestos enemigos (nadie sabe cuántos), los ataques nocturnos, el uso de tortura, todo eso es un asunto del Ejecutivo. El colmo del colmo es que el gobierno de Obama ha asesinado tres norteamericanos (uno, un muchachito de 16 años de edad) en el extranjero y ha negado divulgar la justificación constitucional por tales acciones. Finalmente, por la presión del congreso, el gobierno aceptó compartir con los congresistas de las dos comisiones de inteligencia del congreso el argumento legal a favor de sus acciones, pero ni siquiera con la totalidad de los congresistas y mucho menos con el pueblo norteamericano o del mundo.

Un periodista de bastante prestigio y autor de un libro sobre “los perros de la guerra” en Iraq de nombre Jeremy Scahill, narra en un documental “Las Guerras Sucias: El Mundo es un Campo de Batalla.” En enero ganó un premio en el prestigioso festival “Sundance Film Festival”; Scahill conjuntamente con el director del documental entrevistaron las víctimas de los ataques norteamericanos en Yemen y otros países. Un escrito de Daniel Byman, publicado por el Instituto Brookings, que no es nada de izquierda, estima que por cada supuesto terrorista víctima de los “asesinatos dirigidos”, manejados desde la Casa Blanca, había 10 inocentes. Además, la gran mayoría de los terroristas muertos no son de alto rango. Scahill hace referencia a los cables de Wikileaks que demuestran que EE.UU. ha tratado de engañar el público referente a estos ataques en Yemen. Por acuerdo mutuo, el gobierno de este país asumió el “crédito” por los ataques que de hecho fueron generados por la Fuerza Aérea norteamericana y no yemení. Este engaño es bastante grave. Scahill también demuestra la existencia de prisiones secretas norteamericanas en territorio extranjero.

E.D.: ¿Bush no promovió acciones similares?

S.E.: El uso de “drones” estaba en pañales cuando la presidencia de Bush, hijo. Por cierto, uno de los asesores legales de Bush, de nombre Jack Goldsmith, dijo recientemente que por lo menos Bush capturó los terroristas y los llevó a Guantánamo, mientras que Obama quien está públicamente en contra del uso de la tortura, lo que hace es asesinar; así que la tortura es innecesaria.

E.D.: ¿Y nadie ha sido demandado o ido preso por esas actividades?

S.E.: ¡Cómo no! En estos días apresaron a alguien. Recibió 30 meses de prisión. El tipo tiene 5 hijos, pero el problema no es eso. El problema es que fue preso por haber denunciado la tortura en Guantánamo, no por haber sido partícipe. Su nombre es John Kiriakou y había trabajado por la CIA, pero dijo que la actividad de tortura violaba la juramentación que tomó cuando asumió su cargo. Lo denunció públicamente con lujo de detalles y ahora va preso. Denunció el uso de agua conocido como “waterboarding” y, lo que él dice es peor, la depravación del sueño y el uso de temperatura fría al extremo conjuntamente con agua fría. Ha sido demostrado con animales que, si se despierta a alguien cada vez que empieza a dormir, eventualmente se vuelve loco e inclusive puede suicidarse. Cometieron esas barbaridades, con el fin de tratar de sacar información para demostrar que los terroristas estaban vinculados a Saddam Hussein, para justificar la invasión de Iraq. Cuando Obama asumió la presidencia en 2009, dijo que estaba en contra de la tortura de Guantánamo, pero que era necesario mirar hacia el futuro y no hacia atrás. Esa justificación, por su decisión de no enjuiciar a Bush y sobre todo al Vicepresidente Cheney, por promocionar la tortura, fue bastante pobre. Qué hubiera pasado, si después de la Segunda Guerra Mundial, asumieran esa posición. Nunca hubieran enjuiciado a los Nazis en Núremberg. Pero de todos modos, con esa justificación no ha sido enjuiciado nadie por la tortura, pero si enjuiciaron y condenaron a Kiriakou por haberla denunciado.

E.D.: ¿El gobierno de Obama ha ofrecido algo nuevo referente a las relaciones hacia América Latina?

S.E.: Los cambios han sido demasiado modestos. La falta de audacia e iniciativas es especialmente grave porque la influencia norteamericana en el continente ha declinado sustancialmente. La terquedad norteamericana frente a los vientos de cambio en el continente se puso en evidencia en la Cumbre de las Américas el pasado abril en Cartagena. Había un clamor de casi todos los países del continente a favor de la participación de Cuba, una insistencia articulada en parte por el anfitrión Juan Manuel Santos. Estados Unidos y Canadá vetaron la propuesta. Washington también se encontró completamente aislado sobre el reclamo argentino en cuanto a las Islas Malvinas. En un esfuerzo de mantener los lazos históricos con la Gran Bretaña, Obama aseguró a los ingleses que Washington ni siquiera iba a plantear la necesidad de sentarse a negociar.

E.D.: ¿Entonces cuáles son los cambios demasiado modestos a que usted se refiere?

S.E.: Obama ha tomado dos decisiones a favor de la liberalización hacia las restricciones contra Cuba. En primer lugar, ha permitido el envío por parte de los cubanos-norteamericanos de $2000 por año a sus familiares en la isla. En segundo lugar, ha dado permiso a grupos especiales como religiosos, culturales y educacionales para viajar a Cuba. Durante la campaña presidencial del año pasado, los Republicanos alegaron que Obama había ido demasiado lejos en la implementación de estas medidas, y en “apaciguar” a los comunistas de Cuba.

E.D.: ¿Entonces los Republicanos son igualmente ciegos, si no más todavía?

S.E.: La ceguera es compartida y como resultado la posición norteamericana en América Latina es cada vez más débil. Por ejemplo, cuando EE.UU. rehusó aceptar la participación de Cuba en la Cumbre de las Américas (una decisión que supuestamente requería un consenso de todos los países), no estaba en posición de bloquear la propuesta que el Presidente de Guatemala Otto Pérez Molina sorpresivamente formuló referente a un debate sobre la descriminalización de la droga. Un observador colombiano planteó que Washington usó su derecho de veto contra Cuba, y no estaba en posición de usar el derecho de veto una segunda vez, con el fin de bloquear la propuesta de llevar a cabo un debate (en mi opinión muy necesario) referente a la guerra fracasada contra el narcotráfico.

E.D.: Todo lo que me ha dicho hasta ahora, referente a la política exterior, me hace pensar que Obama es casi idéntico a los líderes Republicanos. Es el mismo musiú con distinto cachimbo. ¿Y en cuanto a la política interior?

S.E.: A veces la política es relativamente sencilla y una posición ética tiene que condenar a un lado sin vacilaciones y apoyar al otro. Las guerras en Iraq y Afganistán, como la de Vietnam son ejemplos: Las intervenciones norteamericanas no tuvieron ni tienen ninguna justificación. Pero en la política interna de ese país hay un cuadro un poquito más complejo. En el Partido Demócrata, existe un bloque relativamente progresista sobre asuntos como impuestos, salud, la inmigración y los derechos de la mujer, para nombrar algunos de los más importantes. En el congreso se constituyó un bloque de congresistas del Partido Demócrata que se llama el “Progressive Caucus”, fundado en 1991, que ha crecido en esas dos décadas. Ellos tienen un programa que incluye una cobertura de salud accesible a todos, cumplimiento de los tratados referente a la ecología, recortes en el presupuesto militar, un sistema impositivo más justo y la eliminación de artículos del “Patriot Act”, obra del gobierno de Bush, que violan la libertad de expresión y creencia. A pesar que es ahora el bloque más grande en el congreso, los medios de comunicación lo ignoran casi por completo, y todo lo enfocan hacia el bloque ultra-derechista de los congresistas del “Tea Party”, que recibe toda la atención en el mundo por parte de los medios. Y el sector centrista del Partido Demócrata dirigido por el ex-Presidente Clinton, entre otros, ha hecho todo lo posible para debilitar la influencia de los progresistas de su mismo partido.

E.D.: ¿Y dónde queda Obama en cuanto a esa correlación de fuerzas?

S.E.: En su primer gobierno, Obama empezó con propuestas interesantes o por lo menos reformas positivas en cuanto a los intereses populares, pero en cada caso terminó tirando la toalla. Obama se jactó de ser un presidente de “consenso” que iba a gobernar con el consentimiento tanto de los Demócratas como los Republicanos. Esa estrategia lo condujo a hacer concesión tras concesión a la derecha, y para nada, porque al final de cuenta los Republicanos en el congreso votaron en contra de sus iniciativas incluyendo en su forma más diluida.

E.D.: ¿Por qué la falta de guáramo?

S.E.: Obama es, por encima de todo, un pragmático. Por ser pragmático logró ganar el apoyo activo del ex–Presidente Clinton en 2008, ofreciendo un cargo a su esposa. Pero hay otro factor que tiene que ver con su pragmatismo. Por ser Afro-Americano, Obama es vulnerable y tenía que demostrar que su perfil no se cuadró con el prototipo que los racistas tienen de los negros, de ser gente enojada y peligrosa. Hay mucho odio por allá y basta con levantar el amparo para el presidente y quién sabe lo que podría pasar. Los medios, por ejemplo, no tienen que apoyar las posiciones de odio hacia él, solamente tienen que dar una cobertura más amplia a las expresiones de odio racista con el argumento que “eso es noticia”. Eso sería peligroso para Obama desde el punto de vista político como cualquier otro punto de vista.

E.D.: ¿Algo ha cambiado en el segundo gobierno de Obama?

S.E.: Posiblemente sí. En el segundo gobierno, Obama ha promovido sus propuestas sobre asuntos internos con más empeño, y ha indicado que no modificará sus propuestas para apaciguar a los Republicanos de la derecha. Ahora, Obama ha sido más enfático referente a la necesidad de pasar reformas sobre asuntos como los impuestos, la inmigración, el control de armas y los derechos de género. Sobre la inmigración propone lo que llaman “un camino a la ciudadanía”, en el cual el indocumentado va a tener una periodo de prueba, sin peligro de ser deportado, que puede conducir al status de ciudadano. Poco antes de las elecciones presidenciales, Obama decretó una medida de ese tipo a favor de los indocumentados jóvenes. No buscó el consentimiento de los Republicanos para implementar la medida. Políticamente Obama salió favorecido, ya que contó con un apoyo contundente del voto latino en las elecciones de noviembre. Sobre el asunto de impuestos, también Obama insistió que la reducción de impuestos del primer gobierno de Bush, que favoreció a los ricos más que los de las clases populares, sea extendida solamente para aquellos que ganan menos que 250 mil dólares por año. Después de ser reelegido, Obama implementó una medida que aumentó los impuestos para los ricos pero solamente en un porcentaje modesto.

E.D. ¿En EE.UU. hasta los pobres pagan impuestos que a veces son muy elevados?

S.E.: Una razón por la cual Mit Romney, perdió las elecciones; pues como candidato debía reportar su ingreso y lo pagado en impuestos. En 2010 y luego en 2011, ganó 20 millones de dólares, cada año, y pago menos de 15 por ciento en impuestos. Cualquier secretaria o maestro, que gana 40 mil dólares por año, paga por encima de 20 por ciento en impuestos.

E.D.: ¿A qué se debe al endurecimiento de la estrategia de Obama en cuanto a la política interior de su segundo gobierno?

S.E.: Hay Republicanos que dicen que no importa ahora Obama, porque no puede ser candidato para un tercer periodo presidencial. Consiguió lo que quería y ahora está conduciendo la política en forma populista e irresponsable. No creo que sea así. Obama está respondiendo, aunque en forma demasiado temerosa y blanda, a la presión y las frustraciones que vienen desde abajo en el contexto de una crisis económica que ha durado más de cuatro años. El movimiento de los indignados, que empezó en Nueva York y se extendió al país entero, con ocupación de espacios públicos en ciudades y también en pequeños pueblos, asustó a muchos políticos. Su consigna de “Somos el 99 por ciento” y “el gobierno favorece el uno por ciento” tuvo resonancia en el país entero. Personalmente, yo vi en varias ciudades este movimiento y me llamó la atención la cantidad de universitarios que participaron. Ellos se gradúan con una deuda enorme sin buenas perspectivas en cuanto al empleo. El año pasado la deuda estudiantil en EE.UU. superó la deuda de las tarjetas de crédito.

E.D.: Entonces para finalizar esta entrevista, ¿hay esperanza para el Partido Demócrata? ¿La izquierda norteamericana debe apoyarlo o se abre la posibilidad de un tercer partido que sea progresista?

S.E.: Mi opinión es que la izquierda tiene que fijar como prioridad la creación de un tercer partido. Un partido progresista en política interior y exterior, que empiece por plantear el retiro de tropas de Iraq y Afganistán y desmantelamiento de las bases militares en el mundo entero. El problema es que muchos norteamericanos tienen miedo de los Republicanos y prefieren votar por los Demócratas a pesar de todas sus fallas. El argumento, durante la Guerra Fría, fue que los Republicanos eran más peligrosos y el peligro de una tercera guerra mundial eclipsó las otras consideraciones. Luego, con Bush, mucha gente progresista continuaba diciendo hay que derrotar a los Republicanos a toda costa. Yo no estoy de acuerdo con esa posición. Se puede apoyar a Demócratas en algunos estados, pero la mayor parte del esfuerzo tiene que ser dirigido hacia la creación de un tercer partido, que no necesariamente tiene que ser socialista, pero progresista sí en todos los sentidos.

damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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