Paren a Petro!

La victoria del miembro del Movimiento 19 de Abril – M19, , constituyente de 1991 y senador por el Polo Alternativo, Gustavo Petro en las pasadas elecciones para el cargo de Alcalde de Bogota (el segundo cargo más importante de la República de Colombia después del presidente Juan Manuel Santos), prendió las alarmas en todo el arcoiris representativo del viejo establecimiento liberal-conservador y de sus importantes factores disidentes, no solo por lo que representaba como amenaza a la hegemonía de los candidatos de la oligarquía colombiana en el principal centro electoral del país, sino porque este “sorpresivo” triunfo se produjo en contra de la demoledora campaña de la derecha política, económica y mediática en contra de Petro y el rechazo, incluso, de sectores del Polo, de donde fue expulsado por rechazar la fórmula electoral acordada por sus bases internas.

Este incómodo, valiente e irreverente político colombiano, ha demostrado tener una especial capacidad para ubicarse en las posiciones menos defendibles del espacio político institucional colombiano, sorprendiendo a propios y extraños con sus coincidencias y alianzas con sectores ajenos a su declarada posición política y en abierta confrontación con organizaciones revolucionarias como las FARC-EP y el ELN, lo cual le ha servido, precisamente, para potenciar su apreciación en amplios sectores no partidarios, de un hombre honesto, valiente, con independencia de criterio y seriamente comprometido con un proyecto político colombiano apartado de los dos extremos que definen el escenario colombiano en los últimos 50 años: la alianza liberal-conservadora (ahora con el añadido del narco-paramilitarismo) y, la insurgencia revolucionaria.

El ejercicio de un gobierno plural, abierto al diálogo, volcado a la atención a los sectores más desasistidos de Bogotá (especialmente en el sur de los desplazados de la guerra), teniendo a la palabra como medio de solución de los conflictos y con clara transparencia en la administración de los recursos públicos, ha convertido a Gustavo Petro en el objetivo predilecto de los ataques de la derecha santandereana, que busca afanosamente un flanco débil que permita acosar, debilitar y hasta destituir (ya activaron un referendo), a quien ya consideran un potencial enemigo en su afán continuista en el gobierno colombiano; motivo por el cual, mantienen un espacio mediático permanente su política sobre la recolección de basura, la administración de las empresas de Bogotá, la superación del uso de las tracto-mulas en la ciudad, el funcionamiento del Transmilenio, el desarrollo del proyecto del Metro de Bogotá, el control de arma, el horario de bares y club nocturnos, su programa de alimentación escolar y la expansión del acceso a la Universidad Distrital, sin que, hasta el momento, hayan podido afectar su “favorabilidad” en las mediciones de opinión pública.

Díscolo, vanidoso y hasta prepotente, con cercanías y distancias en las ideas con el proyecto nacional bolivariano de Justicia Social impulsado por el Comandante Hugo Chávez Frías en la vecina República Bolivariana de Venezuela, el hoy alcalde de Bogotá potencia el desarrollo de su movimiento de ciudadanos Progresistas y, junto a su antiguo Jefe en el M-19 y hasta hace poco Secretario General de la Alcaldía cachaca, Antonio Navarro Wolf, promueve, con mucha paciencia y bajo perfil, la construcción de un nuevo referente de voluntades y conciencias democráticas y republicanas, que rompa la dicotomía histórica de los factores del Poder del Palacio de Nariño y sus contradictores de la insurgencia revolucionaria, con vista a un posible escenario favorable en las venideras elecciones presidenciales 2014, en donde, la posibilidad de un acuerdo de Paz entre el Estado y los revolucionarios colombianos y, la existencia de una profunda división entre los factores que apoyan al actual presidente Juan Manuel Santos y su acérrimo enemigo político, el expresidente Alvaro Uribe Vélez, parecieran generar condiciones objetivas para que un tercer factor político unificadora de todas las corrientes antioliogárquicas y xcon un programa de Paz, Democracia, Desarrollo y Justica Social, pueda atraer a la mayoría del electoral para una transición política ordenada, segura y pacífica al complicado proceso pos-guerra colombiano.

Sin embargo; no sería sorprendente que los curtidos combatientes y hábiles negociadores del Secretariado de las FARC-EP, que han sido capaces de negociar la paz con sus enemigos en medio de la guerra y la muerte de su Comandante General Alfonso Cano, perciban que, si el escenario pos-acuerdo sea el que hoy se viene construyendo espontáneamente en la República Colombiana, lo conveniente para garantizar la culminación exitosa de su objetivo estratégico de la Paz es trabajar por una alianza nacional patriótica, popular, bolivariana, democrática y soberanistas, al servicio de las mayorías, en cuyo seno puedan fundirse los proyectos políticos pos-guerra de la insurgencia revolucionaria, con el naciente movimiento de ciudadanos Progresistas promovidos por Gustavo Petro y Navarro Wolf, e , incluso, otros factores de la insurgencia histórica y actual como el ELN, el ERP, MOIR, Quintín Lame, el Partido Comunista Colombiano, el Polo Alternativo y Marcha Patriótica, así como el conjunto de organizaciones, movimientos sociales y personalidades del mundo académico y la cultura, que sean capaces de producir un tsunami social y político en ésta segunda década del Siglo XXI.

En ese escenario, difícilmente exista un político de la Colombia de hoy, una personalidad con la legitimidad y capacidad de convocatoria del Alcalde de la ciudad de Bogotá, capital de la República de Colombia, economista Gustavo Petro y, es por ello, y no por otro motivo subalterno relacionado con su gestión gubernamental, que la derecha liberal-conservadora y la narco-paramilitar, están decididas a parar a este sui generis personaje, que ha demostrado tener suficiente inteligencia, carácter y visión para transitar por las aguas turbias de la política colombiana y seguir incuestionable en su conducta pública y privada. También en Colombia: “O inventamos o erramos”, (Simón Rodríguez).

yoelpmarcano@yahoo.com


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Yoel Pérez Marcano


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