En El Día Internacional de La Mujer: del perdón nace el amor

Si el divino señor JESÚS nos PERDONÓ entonces es necesario, urgente e inaplazable que también aprendamos a perdonar. Es necesario saber perdonar a las personas que nos hayan ofendido. Es desde luego, indispensable estar dispuestos a conceder el perdón si nos lo piden, quedándonos satisfechos con una moderada reparación.


Quien niega el PERDÓN a su hermano, es inútil que espere perdón. En el «Padrenuestro» se hace esa sentencia: Perdona nuestros pecados, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Y no seamos fáciles en echar al otro toda la culpa. Ordinariamente la culpa hay que repartirla entre los dos. Uno fue el que empezó, pero el otro contestó con ofensa más grave. Si los dos están esperando a que sea el otro el que se adelante a pedir perdón, la cosa no se arreglará nunca. El que sea más generoso con DIOS, es el que debe tomar la iniciativa. Cristo habla de poner la otra mejilla.
Es una fórmula oriental hiperbólica, para dar a entender que debemos estar dispuestos al PERDÓN; pero no es para que lo entendamos a LETRA MUERTA. El mismo Cristo al ser abofeteado no puso la otra mejilla, sino que respondió con toda energía, verdad y dominio propio: «Si he respondido mal, muestra en qué; mas si bien, por qué me hieres?».


Si la culpa ha sido nuestra, tenemos obligación de pedir perdón de alguna manera. Pero incluso aunque sea claro que toda la culpa es del otro, da una muestra de virtud el que se adelanta a otorgar el perdón, por ejemplo, dirigiéndole amablemente la palabra, ofreciendo un servicio, reanudando el saludo, etc. Durante un tiempo puede manifestarse el disgusto, por ejemplo, con una actitud más seria y distanciada; pero esto no debe durar indefinidamente. Salvo en algunos casos excepcionales de ofensas gravísimas, es aconsejable que al cabo de cierto tiempo se reanuden los saludos ordinarios entre gente educada. Negar el saludo no es cristiano. Si el otro no contesta allá él; pero que la cosa no quede por tu parte.


Cuando han fracasado ya varios intentos de reconciliación, o el otro se niega obstinadamente a devolver el saludo, o si parece cierto que nuestro esfuerzo por la reconciliación puede ahondar la mala voluntad del otro, será mejor esperar otra ocasión. Pero no abandonar el deseo de reconciliación, ni escudarse en esta dificultad para no reconciliarse, por no desearlo. Nuestra voluntad de reconciliación debe ser sincera. Si el otro no quiere saludarnos o hablarnos, nosotros debemos estar dispuestos a hablarle cuando él lo desee, y saludar cuando él nos salude.


Distingue, con todo, entre el rencor admitido, y un cierto distanciamiento para evitar el chocar de nuevo. Y también entre el sentimiento de la ofensa y el resentimiento admitido voluntariamente. Aunque la ofensa recibida nos duela, no podemos desear mal a nadie. Esta voluntad de perdonar puede unirse a un sentimiento inevitable de la ofensa recibida. Muchos se refieren a este sentimiento cuando dicen que no pueden perdonar.



Es posible que la serenidad de espíritu, después de la ofensa, requiera un tiempo mínimo para sobreponerse al dolor. Una prueba de esta sincera buena voluntad sería orar por el ofensor, nunca hablar mal de él, y pedir a DIOS la gracia de saber perdonar . Cuando tengas antipatía por una persona, pide por ella. Y cuando tengas ganas de desearle algo malo, ORA por ella un «Padrenuestro». Dice el NIÑO DIOS: «rogad por los que os persiguen».Y si el que consideramos nuestro enemigo estuviera en una necesidad grave, y no pudiera salir de ella sin nuestro especial auxilio, tenemos obligación de ayudarle, porque en estos casos hay obligación de atender al prójimo, aunque sea enemigo .No es odio a una persona odiar lo que hay de malo en ella, o el mal que nos causa injustamente a nosotros o a otros. El amor a nuestros enemigos que pide el Evangelio, no obliga a la amistad con ellos, sino que prohíbe el odio y la venganza, o el desearles algún mal ; y manda tener un deseo de reconciliación.
«El ofendido está obligado siempre a perdonar al ofensor que le pide PERDÓN, en forma directa o indirecta. Si se niega a hacerlo, comete un grave ERROR contra la caridad.


Por supuesto que es lícito exigir una reparación del daño recibido, pero no por odio ni por venganza, sino por deseo de justicia. La buena voluntad de perdonar de corazón a los que nos han ofendido no excluye utilizar todos los medios justos para que se haga justicia.
Es verdad que hay personas que son indignas de nuestro perdón; pero nosotros no perdonamos porque ellas lo merezcan, sino porque lo merece el NIÑO DIOS , que es quien nos lo pide. Para eso nos dio Él su ejemplo.
Fue mucho más ofendido que nosotros, y sin embargo perdonó. No sólo en su corazón, sino que lo manifestó exteriormente. El perdón de CRISTO en la cruz es el modelo que debemos imitar. Las almas generosas tienen en esto un inmenso campo de perfección y santificación.


El mundo de todos los SERES no puede hacerse cada vez más humano si no introducimos el PERDÓN que es esencial en el Evangelio y en las relaciones de unos con otros . No olvidemos jamás las palabras de VIDA que dijo nuestro AMADO NIÑO JESÚS cuando apenas contaba con 11 añitos “Conéctense con la gran fuente universal de aguas cristalinas y BEBAN de ella el consuelo que necesitan, para soltar el pesado lastre de la culpabilidad, que les impide amarse a ustedes mismos y a los demás. PERDÓNENSE a ustedes mismos primero y luego perdonen a sus semejantes, será entonces cuando empezarán a AMAR de VERDA. Que la PAZ más profunda reine en vuestros CORAZONES”. ¡BENDITAS SEAN POR LA ETERNIDAD TODAS LAS MUJERES DEL MUNDO!

yrnegil@gmail.com

(*) Dr.

UNIVERSIDAD POLITECNICA TERRITORIAL DEL ESTADO MERIDA EJIDO





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Yrne Gil Mata

Físico. Dr. en Educación. Miembro de la Milicia Bolivariana.

 yrnegil@gmail.com

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