Si Fidel esto leyera y respondiera

 Millones y millones de personas en este mundo admiran a Fidel. Pienso que sólo Mandela goza de mayor popularidad en este planeta que Fidel y lo es así, entre otras cosas, porque el primero no profesa el comunismo tal como siempre lo ha asumido el comandante en jefe de la más importante revolución que se haya producido en el continente americano. Ambos tienen sus méritos incuestionables y ambos son admirables, pero para los marxistas Fidel es clase especial sin desmeritar en nada al camarada Mandela. Particularmente, siento una admiración infinita, mientras viva, por Fidel. Creo o, mejor dicho, estoy totalmente seguro que forma parte de ese selecto grupo de los cinco personajes históricos o políticos más brillantes y sabios que haya conocido el género humano. Por orden los nombro: Marx, Engels, Lenin, Trotsky y Fidel. Es posible que otros los ubiquen en el último escalafón de la historia y eso en nada me importa ni me preocupa, porque en el sexto lugar coloco a esa extraordinaria mujer revolucionaria conocida como doña Rosa Luxemburgo, que mi querido camarada Juan García siempre ha leído con esa pasión de quien ansía asimilar lo mejor del legado de conocimientos científicos de la gran maestra del proletariado internacional. Para medir la dimensión de los estadistas políticos o ideológicos hay que dejar el chovinismo, el patrioterismo, el sectarismo y el dogmatismo tan lejos que no haya posibilidad de unir la Tierra con el Cielo y, especialmente, cuando en el medio de los dos está el Infierno gobernado por el terrible Satanás que sabe tanto de matemáticas como de azufre, de amoníaco y fuego.

 La admiración a personajes históricos, sea por uno o sea por varios, no debe implicar jamás la lisonja, la idolatría ni el culto a la personalidad. Todos los caudillos fabricados en laboratorios pierden sus facultades de visionarios y de estadistas detrás del poder que los eleva muy por encima de la sociedad sin darse cuenta que de pronto caen y no les queda un solo hueso factible de ser siquiera reparado. A los personajes que se admiran hay que verlos como seres humanos de carne y hueso, de sangre y músculos pero con facultades muy especiales. Helvetius decía que si una época requería de un determinado personaje y no existía, lo inventaba pero ninguno de los que he nombrado han sido inventado aunque la casualidad los haya puesto justo en el tiempo que merecían vivir y desarrollar su pensamiento y su obra.

Entiéndase que no se le está negando el papel histórico a ninguno de otros importantísimos personajes que han jugado, incluso, el papel de la personalidad en la historia, como por ejemplo: nuestro Libertador Simón Bolívar o, para señalar uno que luchó por colonizar el mundo, Napoleón Bonaparte en una Europa donde cualquier chispa daba origen a un extenso fuego. Nadie ni nada es perfecto en este mundo donde, incluso, Dios demostró su imperfección cuando quiso hacer al hombre y la mujer a su imagen y semejanza, que nunca pecaran y vivieran una eternidad que ninguna ciencia es capaz de garantizar. La muerte de todo lo que ha existido, existe y existirá será siempre el final como comprobación de las leyes propias o dialécticas de la naturaleza en cualquiera de sus géneros. Contra eso nada ni nadie puede.

Los grandes personajes de la historia también cometen sus errores y, especialmente, todo aquel que llega a creerse el sustituto de Dios. Por cierto, que a ninguno de los personajes que nombré por admiración se le ocurrió la falsa idea de ser ni siquiera una imitación de Jesucristo o de Mahoma. Por el contrario, ninguno -de los cinco que están muertos y el que está vivo- creyeron o cree en poderes divinos venidos del Cielo ni en dioses más allá de los poderes creadores de los pueblos cuando se deciden a ser libres. Que otros grandes personajes históricos, vivos o muertos, crean en Dios, es cosa muy respetable.

Bueno, dichas las cosas anteriores vayamos al grano sobre si Fidel leyera lo que escribo y respondiera no por mí sino porque creo que a millones y millones de personas les gustaría conocer de su idea sobre la inquietud fundamental de este artículo de opinión.

La Revolución Cubana lleva en el poder político 52 años contra todos los vientos y mareas que han intentado derrumbarla. Todos los años el camarada Fidel, antes de abandonar por enfermedad su puesto de Presidente de Cuba, se dirigió con cierta frecuencia y por diversos medios de comunicación al pueblo cubano para decirle las verdades que estaba viviendo la Revolución. Nunca le escondió verdades esenciales a su pueblo ni necesitó de mentiras piadosas para que aceptaran el reconocimiento tácito de sus realidades ni siquiera en los momentos más difíciles como fueron los períodos especiales. Su intervención más importante la hacía todos los 26 de julio, día que recuerda el Asalto al Cuartel Moncada como creador de la luz que hizo brillar la lucha revolucionaria para derrocar la dictadura bonapartista de Fulgencio Batista.

Fueron miles de miles las intervenciones de Fidel en los campos de la política, de la economía y de la ideología como las tres formas principales de la lucha de clases. Todo el planeta sabe que Fidel es marxista o, mejor dicho, comunista. Es difícil saber las veces que Fidel ha citado a Marx, a Engels y a Lenin. No sé cuántas veces ha citado a Stalin. Lo cierto, aunque no tengo forma de asegurarlo, creo que el camarada Fidel o no lo ha nombrado nunca o ha nombrado muy poco al camarada León Trotsky. Tampoco conozco ni tengo una sola razón para saber del por qué en los discursos del camarada Fidel se verifica la ausencia de Trotsky. No sé, igualmente, si el comandante en jefe ha leído o estudiado las obras de Trotsky, aunque es difícil pensar que no lo haya hecho por el elevadísimo nivel de conocimientos sobre marxismo, sobre el socialismo, sobre la historia de las revoluciones e incluso de historia universal que posee.

Bueno, para no andar con tantos rodeos: sería por demás interesante conocer la opinión del camarada Fidel sobre el pensamiento y la obra del camarada León Trotsky, quien ha sido muy reivindicado por el camarada Chávez. Por supuesto, el comandante en jefe de la Revolución Cubana no está obligado a estar complaciendo peticiones individuales pero este mundo de la gran batalla de las ideas –como él mismo lo ha identificado- necesita de sus enseñanzas, de sus conocimientos y de sus consejos. ¡Larga vida para el camarada Fidel!



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Freddy Yépez


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