El mundo es un pañuelo

El pasado fin de semana estuvimos de viaje. Me gusta contemplar el paisaje; por estos días los árboles están floridos.

Mi Ilka, es decir, mi choferesa, que es testaruda y desobediente, es la única testigo de que me recreo pero cada vez que diviso un bache o una curva peligrosa o una gandola que viene esmachetá, cierro mis ojos.

Y, no la despido porque ella es un primor de pimpollo, además de inteligente (cuando no conduce) y por otra parte, no quiero quedarme sin lo puesto-que no es lo peor sino que las paparazzi ni se fijarían en mí-al natural y eso podría ocasionarme una gran “deprimición”.

Cuando en tales circunstancias me viene a la cabeza alguna idea, se la relato para que al volver, ella esté pendiente de recordármela inclusive aderezada porque a decir verdad, es como una computadora de alta resolución a la que ni puedo meterle un embustico porque lo revira.

Y, el mundo es un pañuelo en el que cabemos todos; ni que pensar encontrarme con un compañero de la infancia, en un lugar donde menos podría esperar.

_¡Yo te conozco robalo!

_¡Gulp! (en verdad no dijo robalo sino el pésimo apodo que tuve antes de 1960).

A partir de entonces-primera mitad de los sesenta-yo tuve otro apodo que hasta el sol de hoy me suena excelente cada vez que me topo con viejos camaradas, y me agrada oírlo porque se trata de un apodo de esos que uno quisiera tener como nombre de pila.

_¿Te acuerdas de Fukuoka?

_¡Vaya que sí me acuerdo cada vez que paso por donde se hundió “El Guaiquerí”.  Yo lamenté muchísimo que por desidia de los gobiernos  adecopeyanos, se perdiera ese barco donde por primera vez entré de polizón.

Se trató  de un viejo barreminas francés que Perez Jimenez había comprado a Francia para convertirlo en buque oceanográfico y, efectivamente, fue dotado para el estudio científico del mar venezolano.

Algunos malalenguas dijeron a la caída del dictador, en 1958, que Perez Jimenez lo usaba para ir a la Orchila a pasear y a darle “matarile” a más de una mis pero la verdad es que ya ese barco estaba en funciones científicas, las que por cierto continuaron menguadamente durante el gobierno de Betancourt y sucesivos hasta que lo dejaron morir, viejo barco soberbio, de gran porte y gallardo desplazamiento.

Ya en la II Guerra Mundial ese barco fue usado para cazar minas sembradas en el mar, obviamente, tenía que ser un barco de madera, no de metal, para evitar que esas bichas explotaran.

Por otra parte, por las mismas razones, fue convertido en buque oceanográfico venezolano y allí  estaba el Dr. Ciro Fukuoka, un científico japonés.

Recuerdo que había oceanógrafos físicos, oceanógrafos químicos, biólogos marinos y toda suerte de investigadores pero faltaban obreros marinos de los buenos, por lo que un grupo de jóvenes concursamos para ser admitidos como “lavafrascos”.

Y, fuimos llevados al sanatorio donde se hospitalizaban a los tuberculosos, para ser sometidos a pruebas de capacidad pulmonar y posteriormente, a charlas educativas, finalmente, a un examen personal con el Dr. Fukuoka.

Uno por uno estuvimos ante el científico, él en un pequeño escritorio y uno sentado delante de él respondiendo sus preguntas.

Era propiamente una entrevista personal-en mi caso-entre un científico y yo cuasi analfabeta; sólo recuerdo la última pregunta que me hizo:

_¿Cuánto es doce por doce?- me preguntó el muérgano, y yo no supe , de todos modos dije una cifra loca y me retiré de ahí.

Me jodió  ese carajo-pensé-y creo que todavía después de más de medio siglo sigo sin saber cuanto es 12 x12.

Lo cierto es que cuando publicaron la lista de los pocos seleccionados ahí estaba yo y pienso que fue mi entonces extraordinaria capacidad pulmonar lo que privó a mi favor.

Pero antes de un mes yo renuncié  a los 1200 bolívares (débiles) que era un realero entonces, para emprender nuevas aventuras.

Hoy  abrigo la convicción de que se deben retomar muchos proyectos de desarrollo y entre ellos, el del estudio del mar territorial porque una hectárea de agua de mar es tan productiva como una hectárea de tierra.

No permitamos que la OTAN disponga del mar suramericano. La UNASUR debe tomar iniciativas conjuntas para estudiar por cuenta propia lo que nos compete.

Hay que voltear nuestros ojos hacia el mar, también.

oceanoatlanticoguillermo@gmail.com 


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Guillermo Guzman


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