Nazis y La Cuarta República

Al término de la segunda guerra mundial, las grandes potencias vencedoras se repartieron el mundo. En este contexto nace la Organización de Naciones Unidas (ONU), que surge para asegurar los intereses de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, como mecanismo que “legitime” el saqueo. Por si esto fuera poco, incrementaron la depredación del plantea con el famoso acuerdo de Bretton Woods, donde nacieron las mayores estafadoras profesionales del mundo: Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

En medio de todo este escenario donde se empezaba a dividir el mundo en dos grandes bloques, comenzaba también una serie de procesos jurisdiccionales emprendidos, por iniciativa de las naciones aliadas vencedoras, al final de la Segunda Guerra Mundial. Un sentimiento generalizado de rabia y sed de justicia, recorría el planeta. La intención, era adjuntar responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen fascista y criminal dirigido por Adolf Hitler; en los diferentes crímenes y abusos cometidos en nombre del nacionalsocialismo y el III Reich alemán, a partir del septiembre de 1939.

Con el propósito de obtener asesoría, en técnicas conocidas como la tortura y las desapariciones forzosas, los servicios de inteligencia estadounidenses y sus aliados, pactaron y planificaron el éxodo de muchos de los criminales de guerra al servicio del nacionalsocialismo alemán. De distintas partes de Europa, emigraron cientos de criminales de guerra y cómplices del nazismo hacia América Latina, en busca de un refugio para evitar los “Juicios de Núremberg” dirigidos por el “Tribunal Militar Internacional”.

El centro Simon Wiesenthal, ubicado en los Ángeles, está dedicado a documentar las víctimas del holocausto y lleva registros de los criminales de guerra Nazis y sus respectivas actividades. Con el transcurrir del tiempo, se ha convertido, también, en un centro de estudios y denuncias contra acciones antisemitas en el mundo. La legitimidad moral de este “centro de estudio” y demás organizaciones sionistas adjuntas, dejan mucho que desear, podrían ser materia extensa de otro artículo.

A mediados del año 2009, El Simon Wiesenthal publicó una lista con los 10 criminales de guerra nazis más buscados. En el décimo puesto de esta lista, aparece el nombre de Harry Mannil, un millonario nacido en Estonia que hizo una fortuna cuando vivía en Caracas y fue miembro de la alta sociedad venezolana. Harry Mannil falleció el 11 de enero del 2010, en Costa Rica, donde residía tras salir de manera muy extraña y repentina de Venezuela, durante el paro petrolero y la huelga de la oligarquía en contra del pueblo venezolano en el 2002. Estaba acusado de arrestar a judíos y comunistas que después fueron ejecutados, mientras era oficial en la policía política de Estonia, durante la ocupación nazi. Mannil, quedo libre en su país por falta de pruebas en su contra, a pesar de las numerosas imputaciones.

Harry Mannil, acusado de cometer crimines de lesa humanidad en la segunda guerra mundial, llegó a Caracas un Febrero de 1946. Se presume, que casi sin un centavo, empezó a trabajar en los almacenes de BECO, fundado unos años antes por los Blohms, familia de ascendencia alemana.

Tan solo 4 años después, Harry Mannil ya fundaba su propia compañía de automóviles llamada ACO, CA. Esto con el respaldo financiero de Alcoa Aluminum Corp. (accionista mayoritario), la familia Mendoza (Grupo Polar), la familia Tamayo (Venezuela distribuidora de licores más grande y otros) y otros inversionistas venezolanos prominentes.

Mannil, fue conocido como un gran coleccionista de arte, siendo propietario de de la colección privada más grande de Venezuela. Su colección fue considerada como una de las 200 colecciones privadas, más importantes de la revista, ART News, en 1997. El 22 de julio de 2010, después de la muerte de Harry Mannil, las autoridades costarricenses allanaron su casa en Heredia y se apoderaron de 108 piezas de arte pre-colombino. Los funcionarios declararon que las piezas habían sido obtenidas a través de una compra ilegal y que se había roto una ley contra la trata de artefactos arqueológicos.

Perteneciente a la alta burguesía venezolana, el perseguido criminal de guerra nazi, Harry Mannil, recibía premios y elogios de los gobiernos punto fijistas de la cuarta república. En la década de los 70 y 80, Mannil recibe por parte de los gobiernos de entonces: La Orden Francisco de Miranda y la Orden de la Estrella de Carabobo. También fue director del Ateneo de Caracas.

La presencia del nacionalsocialismo en Venezuela, no es nada nuevo, ya para 1936, existía en nuestro país la llamada “Landsgruppe Venezolanier der NSDAP” (GRUPO VENEZOLANO DEL PARTIDO NACIONALSOCIALISTA OBRERO ALEMÁN) con grupos divididos en Valencia, Barquisimeto, Maracaibo, Puerto Cabello, San Cristóbal y Caracas.

Parece que el Colegio Alemán de Caracas (hoy Humboldt) dirigido por Alexander Necker y el Club Alemán ubicado en El Paraíso, Caracas, cuyo presidente era Heinz Blohm, en la década de los 40 (década en la que arribó Harry Mannil a Venezuela y fue recibido por la familia con este mismo apellido) eran el centro de coordinación de toda la actividad nacionalsocialista en Venezuela, pero con muy bajo perfil, aun así toda la iconografía del III Reich (retratos del Führer, la svástica, etc.) era visible en sus instalaciones.

Todos hemos podido ver, recientemente, como entre las marchas de los movimientos burgueses estudiantiles, aparecen, entre los puños de OTPOR (Movimiento europeo financiado por el imperialismo estadounidense) cruces gamadas, y demás alusiones al movimiento nazi.

Algunos recuerdan también, los programas de principios de los noventa de “A Puerta Cerrada” con Marietta Santana. Recuerdan una mañana en la que invitaron a unos autodenominados nazistas venezolanos. Dos personas de piel trigueña con la esvástica tatuada en la frente junto a un clarísimo hijo de europeos. Al de cabello negro le preguntaron: "¿Cual es tu nombre?” y el respondió: "Leopoldo" Volvieron a preguntar: "¿Leopoldo que?" y el respondió: "Leopoldo López". Cualquier parecido con el ex-alcalde de Chacao y actualmente coordinador nacional de la organización Voluntad Popular, no es pura coincidencia.

La inmoralidad de los gobiernos del pacto de punto fijo, alcanza dimensiones inimaginables en la historia venezolana por su descarado saqueo y los crímenes que cometieron en contra del pueblo venezolano. A este largo prontuario de crímenes, tendría también que sumarse, la visible complicidad entre funcionarios de los gobiernos de la Cuarta República y los movimientos nazis desplegados en Venezuela.

Extrañamente, un personaje como Harry Mannil, multimillonario y destacado coleccionista de arte, perseguido por crímenes de guerra, parece haber sido invisibilizado por la prensa venezolana. No parece ser merecedor (Más por la intriga que representa su presencia durante mucho tiempo en Venezuela y su vinculación con los gobiernos anteriores) de un reportaje periodístico, una investigación más profunda que ayude a disipar el manto gris que cubre su nombre. Porque en todo caso, vale la pena que la prensa se pregunte por lo menos:

¿Cómo es posible que alguien que aparece en la lista de los 10 criminales de guerra nazis mas buscados, sea premiado por el gobierno de entonces, con la Orden de la Estrella de Carabobo y la Orden de Francisco de Miranda? Sin nombrar su participación en la dirección del Ateneo de Caracas.

Según el Centro Simon Wiesenthal, ha pedido al gobierno venezolano en el 2001, ayudar a localizar a 18 presuntos colaboradores de los nazis acusados de crímenes de guerra, entre los que se encontraba Harry Mannil. El entonces canciller venezolano, Luís Alfonso Dávila, actualmente contrario a las ideas de la Revolución Bolivariana, declaró lo siguiente a The Associated Press: “No quiero ni pensar que este tipo de personas buscaron refugio en Venezuela”. “Nos sentimos orgullosos de ser un país que acogió con los brazos abiertos a quienes huyeron de la barbarie de las guerras europeas.”

Mucha sombra rodea el nombre de Harry Mannil, y demás acusados de colaborar con el Nazismo, vinculados con los Gobiernos de la Cuarta República.

Maxwell McCombs, sintetiza las funciones de la comunicación social y del discurso periodístico en tres aspectos: vigilancia (de los peligros y amenazas al mundo), consenso (organización y producción de respuestas de la sociedad a los problemas identificados con la vigilancia), y transmisión de la herencia social (de una a otra generación).


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Adal Hernández


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