A "Varguitas" le dieron el Nóbel

Cuando leí La Casa Verde, muy joven todavía, quedé cautivado por la prosa de Mario Vargas Llosa. Gusto que se mantuvo con el paso del tiempo con la lectura de sus otras novelas y cuentos y cuanto artículo o ensayo suyo pasara por mis manos. Recuerdo una oportunidad, en que esperando algo, encontré uno de esos trabajos en hojas de periódicos sueltas que habían colocado en el suelo por razones de limpieza. Me lo leí completico. Por lo general se producía un radical y absoluto desacuerdo al tratarse de cuestiones políticas, geopolíticas o sociales que son los temas de la mayoría de sus artículos.

El escritor peruano o español, es el nuevo galardonado de habla hispana con el Premio Nobel de Literatura. El cual como es costumbre, recibió de manos del Rey Carlos Gustavo de Suecia. De hecho desde hace algún tiempo circula por Internet un discurso de su autoría relativo al importante momento, donde habla brillantemente de literatura por supuesto, de la vida y de su vida y no podían faltar sus ya clásicos y obsesivos ataques a Cuba socialista y Venezuela Bolivariana.

Vargas Llosa fue de las primeras figuras descollantes del Boom literario de los años sesenta en América Latina, nuestro segundo descubrimiento ante el mundo. En aquel momento, como bien lo dice en su discurso, era marxista, era de izquierda. Hay una célebre anécdota de que él en ocasión de una actividad en un gran auditorio, bajó hasta la primera fila donde se encontraba Carlos Fuentes a quien clavó un solo carajazo sin mediar palabra. Se rumoraba que la trompada se debió a chismecitos a los cuales era afecto el escritor mexicano. Lo cierto es que el incidente coincide con el tiempo en que el todavía peruano abandonó los derroteros de la izquierda latinoamericana, para abrazar en cuerpo y alma lo más reaccionario y derechista del espectro político.

Presumible que otro tanto hizo Carlos Fuentes tiempo después. No se entendería de otra forma el que haya escrito el prólogo a la llamada “multimedia” que se mandó a hacer Gustavo Cisneros y que bautizaron con el rimbombante nombre de “el empresario global”.

Algo parecido pasó con Jorge Luis Borges pero al revés. Para mi juvenil espíritu era incomprensible que un escritor como Borges, autor de tan sabias y voladas ficciones, vanguardia del movimiento literario que por aquellos años sorprendía al mundo con una literatura que florecía cargada de fuerza y de vida. Pudiera ser un reaccionario, simpatizante declarado como lo era, de las terribles dictaduras que por aquellos años sufría el pueblo argentino.

Pero con el autor del Alehp y Ficciones se produjo uno de los muchos milagros realizados por esa mágica expresión de las luchas populares como lo son la Madres de Plaza Mayo. El escritor les concedió una entrevista en aquellos tiempos duros del terror, reunión de la que salió llorando y declarando que creía ser tan solo ciego de la vista, pero que en este día había comprendido que su ceguera era del alma. De allí en adelante no se contó con un socialista, ni tan siquiera simpatizante, más si con la solidaridad decidida de un hombre de sus luces con la justa causa de la lucha contra el militarismo fascista y asesino.

Cuando se preparaba la edición de los tres tomos de los Cuentos completos de Julio Cortázar, la editorial que los publicó (Colección Punto de Lectura) para prologarlos recurrió a un texto sobre el Gran Cronopio que escribiera Mario Vargas Llosa en 1992. A pesar de los veinte años de edad que los diferenciaba, fueron grandes amigos compartiendo el trabajo y la bohemia de las calles de Paris y Grecia donde se conocieron.

A buen seguro para este prologo contaban con la aprobación de su compañera Aurora Bernárdez y de quienes conservan sus derechos. Hermoso texto, cargado lógicamente de toda la erudición del amigo y colega peruano, permanente admirador y eternamente agradecido. Lleno de respeto salvo cuando de abordar la cuestión política se trate. Desde la primera página de ese prologo, en el segundo párrafo ya se alegra Vargas de que Aurora, de quien Cortázar había estado separado, lo acompañara en sus últimos meses y de que gracias a ella “tuvo un entierro sobrio, sin las previsibles payasadas de los cuervos revolucionarios, que tanto se habían aprovechado de él en los últimos años”

Digo irrespeto porque al fin y al cabo esos “payasos” fueron los que soberanamente en los últimos tiempos de su vida asumió como sus amigos Cortázar. Cuenta que dejó de verlo por varios años y que cuando lo encontró era otro Cortázar, se había separado de Aurelia, ya había estado repartiendo sus poemas entre las barricadas del mayo francés y ya cerraba filas con Cuba socialista y Nicaragua Sandinista. Participaba en cuanta vaina se presentase, fumaba marihuana y compraba pornografía. Lo encontró muy cambiado, aunque le reconoce la misma prestancia y el mismo ímpetu, el mismo espíritu.

Sabemos, que esas dislocadas referencias a Cuba y Venezuela en su discurso de ahora en Suecia no son meros mensajes del patrocinante. Son reflejo de una actitud de vida, claramente asumida, quién sabe producto de qué choque o rollo existencial. Y quién sabe si aquel carajazo del auditorio tenga que ver con las causas. Porque francamente, en mi humilde opinión, esa actitud cuasi obsesiva, tratándose de un brillante escritor hacia elementos de la política, parecen ser síntomas de cierta insania. Se percibe un discurso obsesivo, fundamentalista más que analítico.

Gracias a Dios existió ese proverbial talento y las posibilidades de tanta disciplina, porque de una historia como la del muchacho que después de pasar la infancia rezándole y persignándose ante una foto del padre supuestamente muerto. A los once años su mamá le informa que a partir de ese momento irían a vivir con el santo, que obviamente ni estaba muerto ni era tan santo. Y de allí en adelante el encierro y la escritura; que anteriormente había sido el divertimiento de la familia, pasa a convertirse en una forma de escape clandestina. Si nos ponemos a ver demasiado sano resultó el carajito.

En ese discurso Vargas Llosa se prodiga en loas hacia lo flexible, fluido y poco traumática que fue la supuesta transición del franquismo hacia la “democracia” en España. Claro los millares de muertos ya se habían producido al principio y durante buena parte de las tres décadas posteriores de dictadura. Para finalmente ungir en rey por ”la gracia de dios” al más gris principito que se pudo conseguir. Después fue cosa de imponer uno que otro cambio “gato pardiano”, para darle un barniz democrático al régimen y establecer ni más ni menos un franquismo sin franco. El llamado Partido Popular, hegemón indiscutido de esta etapa, no es más que el franquismo adecuado a las nuevas circunstancias para un estado igual y es hoy por hoy quien dicta las pautas a un cada vez más entregado Partido Socialista Obrero Español.

Se trata de un premio literario, pero por el momento que se vive en el mundo, por la institución que lo otorga y por el mismo galardonado es imperioso verlo desde el punto de vista político. La oposición venezolana está haciendo circular el discurso por Internet con cierta intensidad. Cabría ahora preguntar ¿Cuántos discursos en el recibimiento del Nobel habíamos leído? Si acaso el de García Márquez que fue una verdadera pieza del realismo mágico. Y de eso ya hace mucho tiempo.

Pero donde le pone la guinda al pastel es en la narración de su proceso para convertirse en ciudadano español. Hecho o proceso que en mi humilde entender no quedó para nada claro. Es decir no termina de saberse por qué carajo adquirió esa ciudadanía. Pero lo más cumbre es cómo ese latino, ese disertador de cómo Perú y España son “las dos caras de una misma realidad” Ese latinoamericano, que tan de político sensible se las da, ni siquiera por demagogia hace mención en su “histórico discurso” al infierno que viven sus compatriotas ¿o ex compatriotas? peruanos y latinoamericanos en la crítica situación que se vive en Europa y muy especialmente en la “democratísima” España, país que cuenta con la gloria de ser donde se nos ha acuñado el enaltecedor nombre de “Sudacas”. Algo así como suramericanos de mierda.

Esa realidad, esas injusticias, ese racismo y xenofobia contra nuestros pueblos. Canalla retribución después de la fraterna solidaridad con que cobijó nuestra América a los miles de inmigrantes que vinieron de allá en la posguerra, a reconstruir sus vidas, sus familias, su prosperidad como gente, como hermanos. Parece no interesar para nada a nuestro nobel laureado lo que le interesa es que en Cuba se desarrolla un proceso revolucionario que los enloquece y Venezuela Bolivariana marcha por el mismo camino. No se puede entender más que como locura la empecinada obsesión contra la marcha revolucionaria de los pueblos.

Lastima tanta grandeza literaria, botada por el albañal de las estrecheces humanas. Quién sabe qué de vainas le pudieron haber pasado al pobre muchacho que lo convirtieron en la cara oscura y la cara luminosa de una misma moneda.

Brillante cuando dice que a las nuevas generaciones hay que convencerlas de que “la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que el mundo siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos”

Entonces uno se pregunta ¿Habrá leído este señor lo que él mismo escribió? O ¿Dónde estará a fin de cuentas la mano que escribe las vainas?

mundoiribarren@gmail.com


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