La demagogia
fue impuesta por la fuerza de las circunstancias a la mayoría de nuestros
pueblos. Es una de las tantas herencias coloniales traída por los españoles
y bien aprendida especialmente por los mestizos de este continente,
pero al mismo tiempo el idioma “oficial” del invasor que ha sido
parte de la comunicación entre las clases, y al mismo tiempo una
perniciosa barrera de convivencia con amplios sectores de la colectividad,
que aun hasta hoy día lograron conservar sus propios idiomas y dialectos,
durante tan largos periodos de avasallamientos al tener que lidiar con
enemigos, que por las fuerza impusieron casi todas sus costumbres y
hasta sus propios idiomas.
La historia
nos recalca, que los invasores que vinieron a esta parte del mundo,
en son de buscar riquezas, que las encontraron, eran gente de la peor
especie humana en su respectivo país, ya está por demás demostrado
de la serie de crímenes y abusos que se cometieron, en nombre de “descubrir”
nuevas naciones y llevar la “civilización” con la cruz y la espada.
Fueron incursiones similares a las que hoy día comete el imperio norteamericano,
en sus criminales invasiones a diferentes países, en su afán de saquear
sus riquezas naturales, a nombre de “la democracia y la libertad”.
Los mestizos,
criollos y algunos “originarios” incluidos, al aprender el idioma
oficial, era lógico que también venia aparejado de esa parte de la
astucia, la demagogia, con todos sus sinónimos y había que usarlos,
las clases dominantes, para engañar, explotar y someter y los sometidos,
para tener que sobrevivir.
Es común decir
en nuestros pueblos que el uso de la demagogia y la verborrea,
es parte de la “viveza criolla”.
Ahora cuando
esa “viveza criolla” en el campo político está acompañada
de una bravuconada, que no tiene el más mínimo respaldo, para hacerla
respetar y cumplir en los hechos concretos, en su exigencia o denuncia
o en las amenazas. Eso es una pura provocación y un auto engaño de
que como no tenemos la capacidad, o no sabemos o no queremos hacer algo
en concreto y respecto al contenido de la bravuconada, demostramos que
lo que sabemos hacer mejor es “decir” hablar y hablar.
Esta herencia
colonial es utilizada desde larga data en nuestros pueblos, pero el
desconsuelo es que cuando esta vieja costumbre es usada a niveles políticos,
ya sea dentro del campo de la derecha o de la izquierda, es un virus
maligno que nos viene haciendo demasiado daño, especialmente cuando
somos nosotros quienes la practicamos frecuentemente, como una manera
de salir del atolladeros de nuestras propias incapacidades. Que el imperio,
el capitalismo y sus agentes las burguesías criollas, son y sigan siendo
demagogos aparte de todo lo que son como enemigos jurados de los pueblos,
ese es su problema.
Pero demagogos
viciosos y confesos dentro del campo popular y revolucionario es un
peligro que nos seguirá haciendo mucho daño, por que como ya
lo dijeron los griegos en su oportunidad, y antes de Cristo, “sólo
la verdad, nos hace libres”.
La palabra
es muy importante cuando está acompañada de la fuerza de la realidad
y la verdad acompañada de los intereses históricos y revolucionarios
de las mayorías. Pero mucho más importante que las palabras demagógicas
o no, son los gestos y hechos concretos.
Lo reiteramos
una vez más, al capitalismo y sus sirvientes y su principal gestor,
el imperio norteamericano, no le sale ni un sarpullido, cuando le vociferamos
que queremos acabar con él, sin acompañar en los hechos concretos,
esos sublimes deseos y necesidades.
Es organizando
mucho mejor al pueblo, llevándoles la verdad de la teoría de liberación,
para que junto a ellos en lo cotidiano poner en práctica, las experiencias
del marxismo –leninismo, como el instrumento de acción de las luchas
populares, en la conquista del poder político de las mayorías a la
cabeza de los trabajadores, eso siempre inquietó al enemigo principal.
A nivel de
políticas de gobiernos con amplios mandatos populares, es una imperiosa
necesidad que deben de seguir profundizando sus medidas, de nacionalizar
la banca, expropiar sin indemnizar (indemnizar no es más que una vulgar
compra a precio de mercado, que hace el Estado, a un capitalista, es
premiar la acumulación histórica en base a la explotación, en moneda
dura) revertir tierras ociosas mal habidas en manos de latifundistas,
manejar todas sus empresas extractivas tanto hidrocarburíferas y minerales,
como medidas prioritarias, es enrumbar en los hechos concretos, hacia
un nuevo sistema económico y político de liberación nacional, esto
es avanzar.
Lo demás es
oratoria, demagogia, cosmética económica, evolucionismo, desarrollismo,
que no toca el sistema de explotación y que a la corta o a la larga,
permitirá al imperio y sus agentes criollos, a dar el zarpazo, cuando
este tipo de políticas conciliadoras y reformistas, ya no satisfaga
las aspiraciones e intereses de las mayorías y tengan que salir a reclamar
sus derechos.
Los gobiernos
por contener a los pueblos, recurrirán al fascismo agazapado en las
fuerzas de represión, para que cumplan “el mandato de hacer
respetar la constitución y el orden”, en respuesta al “extremismo
con fines político”, del pueblo que tendrá una vez más que salir
a las calles a reclamar más pan y sus derechos históricos de clase.
Que su Dios ilumine a los gobernantes de turno, y oigan a sus pueblos para evitar nuevos baños de sangre. Los trabajadores y sus aliados naturales, siempre estarán firmes al llamado de la historia, en hechos concretos y de forma militante y no de palabras. De eso estoy completamente seguro.
(*) ex Dirigente de la Central Obrera Boliviana (COB)
josejustinianol@hotmail.com