Sobre el golpe el República Dominicana

Antídoto para la mala memoria

A partir de esta madrugada de 24 para 25 de septiembre de 2010, faltan sólo tres años para que se cumpla el 50 aniversario del golpe de Estado de 1963 contra el gobierno de Juan Bosch.

Quienes se ufanan de haber sido golpistas, o bien de defender o justificar mediática o académicamente a golpistas militares y civiles; quienes orondos culpan al Presidente, o a los “comunistas”, o a quienes intentaron cambiar las reglas del juego en una sociedad viciada de dolor e injusticias, deberían hoy salir con la misma presteza a explicarle al pueblo dominicano qué han hecho ellos y sus defendidos en estos 50 años; qué han logrado en la promoción de al menos un ápice de justicia social; qué han hecho por la debilitada economía , por la soberanía nacional, por el cuidado del medioambiente, por expandir el sistema escolar y sanitario, por las instituciones, por vacunar a los niños y evitar las epidemias, por iluminar en el pueblo “su conciencia de la triste patria”, como diría Hostos. En fin, qué han hecho que sea en algo superior a lo que se trató de impulsar en esos siete meses que ellos llamaron “desgobierno”. Deberían explicar por qué siguen intentando trastocar  la realidad presentando a un Bosch belicoso e intratable, y dar cuentas de por qué no aceptaron la unidad a que les convocó el gobierno democrático, mientras aceptaban la unidad golpista.

Deberían explicar y demostrar -así como son tan “objetivos” y firmes en desparramar culpabilidades- qué fue lo que ellos y sus defendidos hicieron mejor que la Constitución de 1963, que se apresuraron a derogar; qué hicieron ellos y/o sus defendidos con los puestos gubernamentales que se repartieron desde el mismo 26 de septiembre de 1963; qué hicieron por la dignidad de los jóvenes, trabajadores y luchadores reprimidos en el espectacular “paso positivo y alentador” de su golpe disfrazado de civil y armado contra el pueblo, y cómo actuó  su legión de “ciudadanos independientes” convertidos luego en ministros. Ellos, que en sus análisis y juicios han explicado cómo supuestamente el PRD no fue movilizado por Bosch para defender el orden constitucional, ni que el pueblo tampoco lo hizo como se supone debió hacerlo, tampoco explican entonces por qué el nuevo régimen de facto tuvo que meter a tanta gente presa y dar tanta macana.

Y antes de llevar la Historia a su mínima expresión aduciendo el "autoderrocamiento" del Presidente, deberían aclarar si es verdad o no que aquí se empezó a conspirar contra Bosch y el PRD aún antes de su victoria, por qué pretendieron usar ya en noviembre de 1962 al Consejo de Estado, la JCE y la propaganda trujillista para fabricar un "matadero electoral", uno de los tantos planes sediciosos.

Al cabo de casi cincuenta años, estamos reeditando cada septiembre un debate carente de rigor y de autenticidad. Siempre habrá motivos suficientes para echarle a un Presidente la culpa de un golpe de Estado (que no tuvo la “firmeza” suficiente o que por el contrario fue muy “autoritario”) como siempre habrá motivo para explicar cómo el negro se ha merecido ser esclavizado, cómo las mujeres se han ganado ser violentadas, cómo los niños y niñas se han buscado ser víctimas de la pedofilia. Siempre los verdugos podrán poner a las víctimas en el banquillo de los acusados… Sí, siempre que lo hagan sin que los que creen y necesitan de la democracia se formen la conciencia plena de qué se disputa cada septiembre.

No nos equivoquemos. Un golpe es la imposición por la fuerza bruta de unos intereses ilegítimos, no el juego de niños pendencieros que nos quieren pintar. Un golpe siempre lo da una minoría que quiere imponer su voluntad, y con tal de hacerlo no respeta siquiera los formalismos políticos que ella misma antes exigió. Que un golpe como el de 1963 en República Dominicana es una cosa de traidores, como se ejemplifica en el caso  del ministro Viñas Román, que escasas horas antes del golpe juraba su lealtad eterna a la Constitución. Y no caigamos en explicaciones simplistas: si el Presidente Bosch y las fuerzas democráticas estaban derrocadas el 26 de septiembre no se debe a cuestiones de carácter o el "rating" con que se miden a las estrellas de TV, sino a no disponer (ni ellos en su momento ni otros hasta el presente) de los medios estatales y militares necesarios para prevalecer. Esa es una dura lección histórica que América Latina siguió padeciendo por décadas.

Soy nieto, hijo y sobrino de exiliados y perseguidos políticos. Quien conoce y estudia el golpismo en América Latina sabe bien qué se pretende lograr con todo este concierto de teorías: como no es presentable defender ante la sociedad los intereses de los golpistas, entonces hay que cuestionar la imagen del golpeado, y hacer que que su figura, al final, sea tan indefendible que no quede otra que pensar “todos son iguales” o que “ninguno sirve”. El gran perdedor en esa operación vuelve a ser el pueblo y especialmente los jóvenes, porque ninguna sociedad avanza al futuro sin una brújula y sin ejemplos a seguir. En eso las opiniones de "expertos" e "imparciales" cumplen un rol legitimador insustituible.

Por eso hay que preservar para los ciudadanos el derecho a pensar, que es el derecho a soñar. Aquel proceso ejemplar no pasó ni en Suiza ni en Finlandia, sino aquí, en República Dominicana. Este pueblo aparentemente incapaz de algo mejor se movilizó y votó a conciencia, con manos limpias. Aquí hubo un gobierno que no se dejó amedrentar y cumplió su palabra, cuya herencia es esa: “el tiempo cura todo”, menos las ganas de volver a intentarlo, de creer que vale la pena.

Aquel 1963, aquella Constitución, aquel Gobierno, aquellos actores sociales iniciaban algo nuevo, prometedor. Después de un fracaso tras otro en la búsqueda de la plenitud social a manos de caudillos e invasores, Bosch interpretó su misión histórica señalando en el Centenario de la Restauración que se trataba de culminar la obra de los próceres, de darle a la soberanía y a la libertad su sentido profundo y verdadero, y que tocaba al  pueblo ser el protagonista de su propia historia. Poder y justicia para el pueblo. Era un proyecto que se basaba en la superación del personalismo como motor de la historia nacional. Es por tanto un aldabonazo en la conciencia, y su ejemplo quedó escrito en las paredes de los pueblos del país, aún en los años noventa: “Ni mató ni robó. Ahora Bosch”, podía leerse en los muros de entonces.

Definitivamente 50 años es tiempo más que suficiente para sacar cuentas claras. Ahora que vienen otra vez aquellos piratas a seguir enrostrando las evidencias de su fechoría histórica (la historia siempre la cuenta el que triunfa), a confundirnos “con los hechos”, prefiero invitar a dialogar y a formarnos con criticidad. Propongo que el Estado y el sector educativo-cultural del país imprima y distribuya miles ejemplares de "Crisis de la democracia..." de Juan Bosch y otros textos fundamentales de próceres dominicanos que ayuden a los jóvenes a ilustrarse cabalmente. Y convido a escuchar lo que sobre esto han expresado personas de la talla de Pedro Mir, Ernesto Cardenal,  Osvaldo Guayasamín, Pedro Henríquez Ureña, Silvio Rodríguez, Francisco Alberto Caamaño, Angela Hernández, Arlette Fernández, Rafael Tomás Fernández Domínguez, Julio Cortázar, Lelio Basso, Fidel…

En fin, en medio de tanto ruido ofuscado e inconsecuente, yo recomiendo como antídoto la voz diáfana y honesta del poeta, de un Pablo Neruda, para que no se me enferme la memoria:

“Corre por los caminos la noticia,
Santo Domingo sale del infierno,
por fin elige un presidente puro:
es Juan Bosch que regresa del destierro.

Pero no les conviene un hombre honrado
a los gorilas ni a los usureros.
Decretaron un golpe en Nueva York:
lo echan abajo con cualquier pretexto,
lo destierran con su Constitución,
instalan a cualquier sepulturero
en el trono del mando y del castigo.
Y los verdugos vuelven a sus puestos”.

<matias.bosch@gmail.com



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Matías Bosch

Miembro de un partido que no existe. Defensor de los derechos y la dignidad plena. Amante de la naturaleza, y de todo lo bueno y hermoso.

 boschlibertario@gmail.com      @boschlibertario

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