Provación, provocadores, provocados

Parece que la inusitada embestida del feneciente presidente Alvaro Uribe en
contra del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y el comandante
Hugo Chávez, a propósito de “refrito mediático” de los supuestos campamentos
guerrilleros en territorio nacional, esta vez no tomó por sorpresa a
venezolanos ni colombianos; no solo por provenir de un cuestionado y derrotado
personaje que ha dado suficientes muestras de cinismo y carencia absoluta de
escrúpulos morales y políticos, sino por su descarada pretensión de darle a su
provocadora denuncia una dimensión regional, con la que pareciera pretender
enrarecer el ambiente político del cercano gobierno de Juan Manuel Santos y, de
“retruque”, hacer su “desinteresado” aporte a la debilitada oposición apátrida
venezolana, ansiosa de un sainete que le ayude a derrotar, por cualquier medio,
a la revolución bolivariana y su líder, el comandante Hugo Chávez Frías.

La política es, como práctica de los servidores del Capital y el imperialismo,
un “gran tinglado” que en donde cada uno de los actores hacen sus
manifestaciones de fuerza y razón, pero en donde la palabra, el gesto, e
incluso, el silencio, juega un papel importante, en la medida en que puede
fijar, insinuar, simular o encubrir, las verdaderas intenciones de los
contendores, por lo que, no es fácil, adivinar las intenciones del contrario y,
muchos menos, los propósitos reales de su conducta; comportamiento que en el
caso colombiano es aún más difícil de desentrañar, porque la oligarquía
santanderiana ha acumulado, en casi dos siglos, una formidable experiencia en
el “arte de la simulación y la traición”, aprendidas desde los tiempos en que el
general Francisco de Paula Santander urdía todo tipo de maquinaciones y
traiciones con el fin de destruir el proyecto bolivariano de Colombia, La
Grande.

La diplomacia del palacio de Nariño, desde el mismo inicio del gobierno de
Alvaro Uribe tuvo claro que, dado que su política fundamental estaba
representada por su estrategia de “Seguridad Democrática”, serían inevitables
las tensiones, desencuentros, conflictos y tensiones permanentes con su vecino
bolivariano, porque tal proyecto político representaba una propuesta de país
antagónica e irreconciliable con el modelo de República oligárquico-burguesa
tutelada, que impera en Colombia desde hace más de 100 años y, por lo que su
inevitable proceso tendría en efecto psico-político inevitable sobre las amplias
masas de pobres de la ciudad y el campo y de profesionales, académicos y
pequeños y medianos propietarios que son golpeados directa o indirectamente por
la política de guerra y extermino que, desde el asesinato de Gaitán, ha
impulsado la oligarquía, con el sostenido apoyo de los gobiernos imperialistas
de los Estados Unidos.

Estas profesionales de la provocación, con amplia asesoría de los expertos de
las agencias de espionaje de los Estados Unidos, han utilizado tales artimañas
con el propósito de generar un escenario de apoyo nacional a favor de su
gobierno oligárquico burgués en su conflicto interno social y armado o, en
algunos casos, como instrumento de la desestabilización y de guerra sicológica
que el gobierno de los Estados Unidos les dicta, como parte de su estrategia de
desestabilización contra el gobierno bolivariano del comandante Chávez y los
procesos soberanistas y de Justicia Social que se vienen consolidando en Nuestra
América y, hay que reconocerlo, tales acciones provocadoras han sido, de tal
forma urdidas y ejecutadas, que han logrado generar cierto nivel de confusión e
inquietud en las filas del movimiento popular y revolucionario venezolano y de
América Latina y el Caribe y otras partes del planeta, que ha obligado a lanzar
contraofensivas políticas y comunicacionales para neutralizar el efecto de la
provocación y poner a la defensiva a los provocadores y a sus asesores yanquis.

Para desdicha de tales maestros de la provocación y sus pupilos neogranadinos,
los “provocados” hemos asimilados la lección a partir de nuestras propias
experiencias y las que la historia de las luchas antiimperialistas de Nuestra
América nos aportan, por lo que hoy tenemos mayor capacidad para comprender,
entender y responder a todas y cada una de las maniobras dirigidas a producir
una reacción inadecuada de nuestro gobierno y nuestro pueblo, transformando
tales maniobras en derrotas para sus promotores e importantes enseñanzas
políticas para la vanguardia de nuestra revolución.

El problema fundamental que se deriva de esta lucha contra la provocación de la
oligarquía colombiana, es que, siendo desenmascarada las maniobras y derrotados
sus propósitos, ello enfurece, aún más, a la “bestia imperialista” la cual,
desesperada por su fracaso e impotencia ante la consolidación de la revolución
bolivariana, optará, como en el caso de la República Islámica de Irán, por
lanzarse directa y descaradamente en contra de la República Bolivariana de
Venezuela, por lo que la respuesta, antes limitada a nuestra Nación y a nuestros
aliados regionales, debe pasar a un amplio y plural movimiento de masas mundial,
dirigidos a neutralizar las posibilidades de alianza del enemigo imperialista
en Nuestra América y en el resto del planeta y, cortar el vuelo homicida de su
águila emplumada, con millones de voces, manos y pies que defienden el Derecho
de nuestro pueblo y de todos los pueblos, a la Paz. Para ello, también debemos
prepararnos desde ahora.

yoelpmarcano@yahoo.com


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Yoel Pérez Marcano


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