Del comisario político a los espacios de la pequeñez

En la década de los 90 del siglo pasado, Hollywood proyecta otra de sus series cinematográficas, dedicada a reforzar los valores de la industria cultural norteamericana en su visión de la historia de la Guerra Fría, de muy mala calidad y con una puesta en escena de poco impacto. Se trata del viejo relato de oficiales comunistas tratando de desertar del “régimen de la barbarie” que fue titulado en inglés The Hunt for Red October, o mejor conocida en español como La Casa del Octubre Rojo, toda una trama de conspiración, de lucha por llegar al“ american dream” que, prontamente se vuelve en la tediosa confrontación de submarinos nucleares y estrategias evasivas de soldados que combaten sus debilidades ideológicas. Esta película sirve para ilustrar el papel asignado por occidente a una figura predominante del ejército ruso: военный комиссар (Comisario Político)1.

El papel del comisario político aparece reseñado como el del celador de los lineamientos de Alto Mando Militar, y garante de las órdenes superiores que pudieran generar dudas en los oficiales de bajo nivel (inclusive a sus superiores), aunque el Comisario Político aparece ligado a la estructura militar, suponía las relaciones estrechas entre el Politburó y el resto de la institución castrense; es evidente que, endosar la existencia de esta figura sólo a la época soviética es una tergiversación, por cuanto, en otros momentos históricos figuras similares fueron insertadas en componentes militares para garantizar la “claridad” político – ideológica dominante. Todo esto nos lleva al debate sobre el papel de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos y su supuesta estructura “apolítica” mientras garantizan el establishment del sistema capitalista internacional e imponen por vía de la guerra el modelo de democracia liberal. Aunque existe todo un revuelo en la actualidad, en nuestro país, sobre el papel de las fuerzas armadas venezolanas, no referiré el caso en esos términos, lo haré en términos educativos, dada una tendencia curiosa que no sólo se instala en la burocracia educativa sino en varios sectores de la burocracia en general.

Una de las perversiones más comentadas de la etapa soviética fue la sustitución progresiva de los colectivo de trabajadores o campesinos, por la de burócratas que no sólo controlaban el poder económico sino que emprendieron un proceso de cerco de las decisiones políticas que se hicieron cada vez más verticales y desprendidas de las realidades del pueblo soviético. Algunos pro Stalinistas, consideran propaganda occidental los cuestionamientos al sistema de privilegios que se enquistó en el partido y sus efectos devastadores en las purgas en las estructuras de poder, donde no sólo entraron los adversarios del “comunismo” pregonado por Stalin, sino también los adversarios personales de Stalin. Pero, siempre se suele “hacer” un lado del cuento, en el “paraíso” de la libertada occidental. McCarthy se hizo célebre al perseguir, especialmente en las Artes, todo lo que oliera a comunismo; el Marcantismo fue evidencia de la seriedad con que se tomaban el papel de control del cine y cómo la primera enmienda terminó siendo más cuento que legislación sincera ante las reiteradas censuras, en un país donde hoy se persigue a un ciudadano por el simple hecho de leer el Corán o viajar a un país como Cuba.

Toda esta práctica afinada con organismos de inteligencia que, no sólo infiltraron a lo militar, sino la vida cotidiana completa, tanto en el caso de Stalin como el de McCarthy, hacen preguntarse por otro debate sobre la relación del individuo y la del Estado, en los últimos años, los trabajos de Foucault han adquirido una importancia elevada para interpelar el sector educativo, textos como “vigilar y castigar” se han vuelto claves sobre el poder de castigar, lo interesante de este trabajo es cómo Foucault hace genealogía de algunas instituciones como la Cárcel y su papel de “normalizar”, en una clara relación entre “disciplina”, “sanción” y “examen”, prácticas que sobreviven en la escuela moderna como expresión del poder. Estos dos momentos, uno más profundo como el del texto Foucaultiano, y otro más anecdótico, como la muerte del Comisario Político, en una película de Hollywood, se enlazan en unas circunstancias curiosas, a la que se ha dado por llamar “claridad política”, expresión de un tiempo donde los burócratas abundan y como mixtura confunden el discurso de la transformación estructural del Estado con la práctica de reproducción del poder. En la teoría radical de la educación hay dos autores claves: Giroux y McLaren, ambos insisten en resituar el papel del docente en el sistema educativo, la sustitución del “administrador” de cátedras por el del intelectual, aunque es obvio que las consideraciones de la “intelectualidad” en estos autores va más allá del reduccionismo e implica un desafío militante en la formación de una subjetividad crítica.

En el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Marx, acuña una frase memorable: “La historia se repite 2 veces, la primera como tragedia, la segunda como farsa”, sobre esa referencia de los Comisarios Políticos y su fracaso en las razias contra los “apóstatas” o “revisionistas”, asistimos al parto de una Hidra que hace metástasis en el sistema educativo, donde se confunde el papel del Politburó y la formación de una subjetividad revolucionaria desde lo escolar. No se puede resolver el problema del poder sin una lucha directa contra la teoría. El problema de los comisarios políticos es que, no siempre su misión fue la de detectar las fallas estructurales del sistema, sino las de servir como expresión del panóptico, en un intento de sostener el control sobre los individuos y la recreación de las lógicas del sistema. Todo estas “técnicas” van unidas desde la disciplina, y se expresan de forma más abierta en la burocracia, donde el conjunto de reglas llevan al concepto de “violencia sutil” de Arendt, la inspección es la tarea fundamental del burócrata en la teoría burguesa a diferencia de la teoría radical o crítica de la educación, la importancia se le asigna al desarrollo de “tecnologías” para el control, así aparecen los sistemas de videograbación, micrófonos, sistemas electrónicos para el control de acceso entre otros. La terrible combinación entre burocracia educativa e iluminismo “ideológico” permite que la pregunta por la educación se haga, no desde la subjetividad revolucionaria, sino desde la acumulación de expedientes o de procedimientos administrativos, una clara desviación que lleva a plantearse el escenario de la escuela como espacio continuador de la “normalización” carcelaria. Estimado maestro o maestra si recibe usted la inspección de un Comisario Político no se preocupe, simplemente sonría a la cámara. Ha entrado usted, a la radicalización del Estanlinismo o Marcantismo educativo.

(*) Prof.

estudiosterritoriales@yahoo.es

1El Comisario Político más que un técnico o experto en los campos donde se desempeñaba tenía la misión de llevar registro de las conductas de los miembros de su unidad, en mucho caso su existencia no era revelada abiertamente.


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José Fortique (*)


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