Kamarradas: se ha suicidado el Führrer

Casi once años después de la famosa y triste “Noche de los cuchillos largos” llega el final del Führer. Millones de víctimas le habían costado al mundo la irracionalidad y el odio racista de una legión de alemanes y alemanas que se creyeron los amos del universo y con el derecho de gobernar a todos los pueblos, sexos y razas “inferiores” en nombre de la Divina Providencia. Años antes el eminente psicoanalista Reich había denunciado la tendencia del nazismo como un peligro bochornoso para la humanidad. Nadie o casi nadie le hicieron caso a su alerta, por lo cual renunció a su militancia en el partido comunista.

La operación “Valkyrie”, 20 de julio de 1944, había fracasado, el Führer se había salvado y los conspiradores pasados por las armas. Edwin Rommel (el llamado zorro del desierto) se suicida y lo mismo hace Von Kluge. Claus von Stauffenberg (jefe del atentado contra Hitler) es fusilado. La represión nazista se incrementó a niveles antes no imaginados. Ya no eran sólo los judíos y los comunistas los perseguidos sino también alemanes y alemanas que antes se les consideraba pertenecientes a la raza pura y fieles al supremo jerarca del nazismo y “salvador” de Alemania. El mundo capitalista altamente desarrollado y el campo socialista del Este se habían unido en una alianza para combatir y derrotar al nazismo. Ya nadie creía en la “paz alemana” prometida por el Führer a Europa. Hitler había entrado en desgracia. Sus brillantes estrategas militares ya no creían en las ideas locas del mandamás. Los magnates de la economía alemana que no querían ser arrasados por la avalancha revolucionaria que se avecinaba miraron desesperados hacia la conformación de otro gobierno que los salvara de la megalomanía y el egocentrismo de un disparatado mental. El nazismo entró en confusión permanente. Con las tropelías incontrolables y el evidente fracaso del nazismo y del mismo Führer, el capitalismo avanzado se convenció, a último momento, que se había clavado en su propio pecho un pedazo de la daga bien afilada con que había pretendido hacer sangrar, hasta la muerte, a la URSS y a las naciones imperialistas que se interponían en su intención de dominio casi absoluto del mundo sin necesidad de reparto en tratados o acuerdos internacionales.

A Hitler ya no le quedaban armas secretas para mantener sólido su poder ni en el mundo ni en la propia Alemania. Era demasiado vulnerable como cualquier imperio que pretenda en erigirse en amo absoluto del planeta. Su zoologismo, como concepción del mundo, no era más que una incoherencia de sus malvadas ideas sobre raza y sangre puestas al servicio de lo más granado del capitalismo financiero alemán. Su antisemitismo, aun cuando había costado millones miles de miles de muertes a los judíos, era la gran idiotez del nacionalsocialismo del Führer y sus más allegados ideólogos del nazismo. Ya la mentira, mil veces repetida, había dejado de ser la gran verdad del nazismo. La única verdad que seguía en manos del nazismo era su deseo ilimitado de poder, de salvajismo y de rapiña. El nazismo no había demostrado más que el ser un fruto químico puro destilado por la cultura capitalista imperialista. Es todo. Y eso, al mundo restante, le costó millones y millones de personas asesinadas, muertas en combate o en prisión, destrucciones invalorables de infraestructuras, millones de lisiados y frustraciones pero, sin duda, también abrió la posibilidad de un escenario para el triunfo de la revolución socialista a nivel mundial. Sin embargo, esto pasaba, necesariamente, no sólo por la derrota del nazismo en Alemania sino, igualmente, por la derrota de la burocracia que predominaba en la URSS en nombre de un socialismo que cuatro décadas y media, luego de la muerte del Führer y su régimen, demostró no era como lo expuesto por los grandes teóricos del marxismo. Lamentablemente, el proletariado –por lo menos de los países imperialistas- se convirtió en más pobre con la derrota del nazismo, porque con ella también se le marchó la ilusión del triunfo mundial del socialismo aunque, no puede negarse, adquirió experiencia y riqueza de conocimientos de la lucha que se libró contra un monstruo tan salvaje como lo fue y sigue siendo el fascismo o nazismo donde quiera que haya existido o exista.

La guerra imperialista llevada a cabo por el Führer, huyendo de la división de poderes, estaba condenada a la derrota; la lucha por el “espacio vital”, como una máscara de expansionismo imperialista, para Alemania estaba destinada al fracaso, porque implica demasiadas y extremas tropelías, excesivos actos de pillaje y de anexiones; Estados Unidos, que avizoraba convertirse en la gran potencia imperialista más importante y poderosa del mundo, no podía permitir que Alemania subyugase a Europa y menos en nombre de un nacionalsocialismo; la Unión Soviética, en cambio, tenía por misión esencial incentivar una cadena de revoluciones proletarias como la única forma de acabar con las guerras imperialistas, la lucha por los mercados, por las fuentes de materias primas y por el cese de la dominación del mundo por unas pocas potencias capitalistas.

Los carniceros de la Segunda Guerra Mundial comprendieron que sus días estaban contados. El Führer ya no era un “salvador” sino un peligro para la vida de Alemania y sus habitantes como también para el mundo entero. El “salvador” cada día que se acercaba el final de la guerra se sentía más solo y más incapacitado para encontrar fórmulas que lo volvieran tan fuerte como se hizo al comienzo de su régimen triunfante años atrás. Todo estaba perdido para el Führer y su camarilla de carniceros. Al no quedarle salida comenzó el período de la desesperación para los altos dirigentes del nazismo empezando por Hitler.

En abril de 1945 las campanas repicaban en contravía a las campañas del nazismo que iban siendo derrotadas simultáneamente en todos los frentes de la guerra. Normandía había sido insignificante ante lo que la Unión Soviética había hecho en la guerra para derrotar el nazismo alemán. Los soviéticos eran los triunfadores en cada espacio donde tronaban las armas de la justicia contra las armas del nazismo hitleriano.

El día 7 de abril de 1945, el nazismo estando a las puertas de su derrota total, el Führer ordena a Himmler que pase por las armas a todos los presos políticos en los campos de concentración y en las cárceles, sin excluir a Wilhelm Canaris, antiguo jefe de la ABWEHR. Hitler, testarudo sin duda, ni siquiera llegó a pensar en capitular. Más bien prohibió a todos sus altos mandos cualquier rendimiento ante sus enemigos; a que fuese fusilado en el acto quien hiciera propuesta de rendición, de huida del frente de guerra o de negociación de paz con los aliados. Hermann Fegelein, cuñado de Eva Braun y muy cercado a Himmler, fue sometido a salvajes torturas y ejecutado producto de un ataque de histeria del Führer y de Goebbels al enterarse que Himmler quería firmar la paz con Eisenhower y Bernardotte.

Kamarradas: se suicida el verdugo, el Führer.

El Führer desiste de la propuesta de huir de Berlín aun cuando el Ejército Rojo, al mando del mariscal Zhúkov, ya tenía el control de Berlín y estaba a una distancia aproximada de 300 metros del búnker del nazismo alemán. Era el 30 de abril de 1945.

Hitler almorzó con sus secretarias en medio de un ambiente de silencio. Todas las miradas, aunque centradas en el Führer, estaban perdidas en el especio y en el tiempo. Luego ordenó que mataran a su perra preferida llamada Blondie. Después habló con su ayudante Otto Günsche, para que su cuerpo y el de Eva Braun fuesen cremados, quizá, previendo que no les fuese acontecer lo sucedido a su pana y colega de tropelías Mussolini y su amante, quienes colgados desnudos y boca abajo en una gasolinera de Milán, fueron expuestos a la intemperie siendo golpeados, esputados y despreciados por las muchedumbres que los atacaban estando muertos.

El mismo Otto –su ayudante- dijo luego que el Führer “… se retiró a eso de las 16 horas junto a Eva Braun a su despacho privado contiguo a la sala de mapas y Otto Günshe se paró frente al despacho esperando el momento de entrar, le acompañaba Lingue. Se sintió un disparo ahogado y Günshe esperó unos 15 minutos de acuerdo a instrucciones, posteriormente Lingue ingresó a la habitación de dos ambientes. Hitler estaba recostado a un extremo del sofá con un tiro en la sien de la cual aún manaba sangre, su boca tenía una grotesca mueca… Mientras Eva Braun estaba recostada al otro extremo con los ojos abiertos y una mueca de dolor en su rostro, una pistola estaba en la mesa a su disposición, pero no alcanzó a usarla pues el cianuro había sido rápido…”

Los cuerpos del Führer y Eva Braun fueron sacados envueltos en una alfombra hasta el patio trasero de la Cancillería mientras caían muy cerca los obuses disparados por los soviéticos. Martin Bormann, Goebbels y otros hicieron un apresurado y acongojado saludo militar al jefe suicidado. Los obuses soviéticos obligaron a los presentes a retirarse apresurados y nerviosos al búnker donde también se suicidaron.

Unos doscientos (200) litros de gasolina fueron echados sobre los cuerpos del Führer y Eva Braun y le prendieron fuego para que no quedase ni una partícula de ceniza que pudiera ser recogida por los aliados. Dicen, no sé si ello sea verdad, que los rusos recuperaron parte de los cuerpos del Führer y de Eva Braun y los mantuvieron en secreto hasta 1970 cuando fueron exhumados. Posteriormente, cosa contraria al humanismo socialista de ser cierto, dicen que a Hitler se le extrajo el cráneo y que nadie –hoy día- sabe dónde está, pero que el hueso parietal de su caja craneana permanece en un museo en alguna parte de lo que antes fue la Unión Soviética. Lo restante de los cuerpos recuperados fue incinerado para no dejar evidencia que posteriormente pudiera ser venerada por neonazi.

Sería interesante leer el libro escrito por su secretaria personal, Traudl Junge, Hasta la última hora: la secretaria de Hitler cuenta su vida ( Bis zur letzten Stunde: Hitlers Sekretärin erzählt ihr Lebendos ), no para hacer ninguna alabanza ni recordar al Führer como gris y cruel personaje de la historia, sino para que las nuevas generaciones aprendan desde muy temprano aborrecer esas ideologías que se fundamentan sobre raza y sangre pura para justificar sus crímenes de lesa humanidad.



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Freddy Yépez


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