Socialismo Centralista versus Socialismo del Siglo 21

Mis queridos lectores, me dirijo hoy a ustedes para plantearles un asunto que a mí me parece verdaderamente importante, y tiene que ver con la sensación que experimento, de que para un grupo con cierta influencia y poder, el verdadero socialismo debe ser centralista, es decir, que las decisiones deben ser tomadas desde un comando central, desde arriba. En términos generales, esta concepción se basa en la idea de que el proyecto revolucionario debe tener una línea estratégica coherente y firme, con miras a soportar los ataques de la contrarrevolución, tanto a lo interno como a lo externo. Si nos quedamos hasta aquí en el análisis, la explicación suena plausible, sin embargo, hay algo que no me permite relajarme con esta explicación.

En primer lugar, debo decir que el centralismo me suena en primer lugar a socialismo desde arriba, es decir, la línea viene impuesta por un estamento superior y debe ser acatada. En mi humilde opinión, el centralismo choca con el planteamiento del socialismo desde abajo, el cual a mi modo de ver, debe ser uno de los pilares del socialismo del siglo 21 que predicamos, o al menos yo. Creo que difícilmente, alguien pueda explicarme que la concepción centralista pueda convivir en armonía con la participación en las bases y el socialismo que fluya desde abajo hacia arriba.

Por otra parte, el centralismo ya fue probado y sus resultados no fueron muy buenos por no decir catastróficos, es la experiencia de los países socialistas del Este de Europa, que después de 70 años, en el caso soviético, de conducción centralista, explotaron para caer en las garras del capitalismo salvaje. Quisiera que alguno de los defensores del socialismo centralista, me explicara la razón para seguir un modelo fracasado y no probar con un socialismo ágil, descentralizado, que haga que las decisiones se tomen en las bases. Quienes defienden la tesis del centralismo, creo que tienen un profundo desprecio por las masas, aunque no lo dicen y jamás lo admitirán, ven a las clases pobres como minusválidos, a los cuales hay que proteger incluso de ellos mismos, hasta que tomen conciencia, se conviertan en el Hombre Nuevo y se paren en dos pies. Como me comentó una cubana autoexiliada recientemente, y abro comillas, “dime por qué un solo hombre puede determinar que los cubanos no pueden tener libre acceso a Internet”. La respuesta le dije es simple, por que Internet contamina de valores capitalistas, pornografía y consumismo y ustedes los cubanos son como niños que hay que defenderlos de esas atrocidades, y por supuesto, me eché a reír, aunque estemos claros, la cosa como que es para llorar. A través de este medio, yo he podido ver mujeres desnudas, videos pornos, correos de mal gusto, etc. Pero también, es el medio a través del cual puedo escribir y publicar mis ideas, y que me ha permitido recibir correos de personas que están en Europa y me han leído, que ha permitido que mis artículos sean copiados en varios sitios del extranjero.

Por otro lado, buena parte de la IV República discurrió en un ambiente centralista hasta que se aprobó la ley de descentralización de alcaldías y gobernaciones, de lo cual no hace mucho. Por lo tanto, a mí me parece que quienes se empeñan en ver al socialismo como un proyecto centralista nos están retrotrayendo al pasado. No puedo imaginar por una parte un Estado centralista conviviendo en sana paz con un proyecto de comunas. Mi sensación es que estamos cayendo en una seria contradicción al dar pasos en la Administración Pública hacia un espíritu centralista y fomentar un proyecto comunitario por el otro lado.

Ahora bien, analizando el centralismo desde la esfera económica, puede ser preocupante la creación de un sector de economía social basada fundamentalmente en la expropiación de empresas privadas, en primer lugar, por el costo que suponen estas expropiaciones, hay que estar claros; ese dinero que se dedica a comprar las empresas, es un dinero que se deja de utilizar en otros fines sociales. Para mí, lo que se compra son empresas con fines de lucro, y deben seguir siendo lucrativas en el buen sentido de la palabra, es decir, seguir dando beneficios para solventar sus costos y reinversión, de lo contrario, pasarán a ser una carga para el Estado y a vivir de la renta petrolera. Yo no soy de los que creen que toda empresa pública es ineficiente en esencia, hay casos en el mundo que demuestran lo contrario. Lo que si creo, es que hay que andar con pie de plomo en este sentido. Hay que hacer un análisis beneficio-costo para determinar si es buena idea expropiar empresas privadas o más bien desarrollar mecanismos efectivos para evitar que estas especulen y obtengan ganancias desmedidas. Si es mejor expropiar una empresa privada existente o crearle una nueva empresa estatal competidora, en el segundo caso, obviamente, estaremos incrementado la oferta; en cambio, en el primero estaríamos haciendo un cambio de dueño.

El centralismo tanto en lo político como lo económico conlleva serios riesgos, y no creo que sea una alternativa bien vista por la población en general, tanto a nivel de ricos como de pobres, al menos yo no estoy de acuerdo, y por último, si esa es la vía a tomar, vayamos tachando eso de siglo 21 y dejemos el socialismo pelado. ¿Qué opina usted?

htorresn@gmail.com


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Hernán Torres


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