Una Selección de Estilos Socialistas II

Manifestaban el otro día en la televisión que los PC (Partido Comunista) y los PS (Partido Socialistas) son una organización respetable, por haber combatido a las dictaduras, por haber sobrevivido a tantas penurias y por tener 80 años o más. Para mí los partidos comunistas latinos y los socialistas, al cual pertenezco, han fracasado rotundamente por una o mil razones. Siempre han sido segundos en la escena política de los países, demostrando que tienen 200 años de atraso en la interpretación ideológica de Marx, Engels, Lenin, Troski Excepto Cuba jamás han podido sostener un sistema político activo en Latinoamérica; se han conformado con existir y nada más. Sería de evaluar cuales son los logros como partido a nivel nacional y su integración real, eficiente en el continente, especialmente en Sudamérica, cuales son sus cuadros partidistas y en que número; cuales son los nuevos elementos con álcense nacional que tienen aceptación popular para una participación activa en el sistema político. O si solo han hecho del partido un negocio para vivir arrimándose al gobierno de izquierda que esta en el poder. Por eso lo difícil del encause del sistema político de izquierda en los pueblos, nunca renovamos los cuadros, nos olvidamos de trabajar con el pueblo, nos conformamos con ser comunistas de oficina, después de cada escaramuza, y nada mas, por eso los problemas ideológicos del pueblo hoy. En el resto de partidos políticos es muy difícil establecer a ciencia cierta, excepto muy contadas excepciones, sin son de izquierda o de derecha; los dos son chicha y limonada, toman un sorbo a la vez. Creados para una elección muchas veces y hacer de la política, un negocio, usando al pueblo como medio.

Nunca antes Sudamérica, ha tenido tantos gobiernos, que planifican su socialismo. Socialistas empeñados apenas tres: Venezuela, Bolivia y Ecuador; los otros, perdóneseme, Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, gobiernos de izquierda, pero firman acuerdos con la mano derecha. De todas maneras es el principio para consolidar un nuevo socialismo y acaso del fin del capitalismo en el hemisferio. ¿En que tiempo?, eso no lo se, ojala y sea en poco tiempo. Con la paulatina desaparición del capitalismo, el colapso del planeamiento tecnocrático debería ser una realidad. Al decir planeamiento tecnocrático, no me refiero únicamente al planeamiento nacional centralizado que, hasta hace poco caracterizo a Rusia, China, y es parte del sistema venezolano, sino a los intentos nuevos, formales y más abiertos de orientación sistemática de cambio, de la mano con los avances tecnológicos, hasta lograr el autentico socialismo. El poder en el pueblo.

El problema no estriba, simplemente, en que planeamos poco, sino también en que planeamos mal. Parte de las dificultades, `proceden de las propias premisas implícitas en nuestra planificación. La planificación tecnocrática; para producir desarrollo refleja los valores de una era que se desvanece rápidamente. Tanto en sus variantes capitalistas como en la comunista que ya no existe, (salvo en las oficinas de los partidos comunistas que nunca impulsaron el valor para el pueblo). El desarrollo era un sistema encaminado a elevar al máximo el bienestar económico y material. Por esto, para el tecnócrata, ya sea de Washington, Caracas, Pekín o Moscú; el avance económico, es el fin principal y el pueblo el principal instrumento. El hecho de que en una de dichas variantes, el progreso sea de beneficio privado y, en la otra, al menos teóricamente, en beneficio público, no altera los caracteres comunes de ambos. La planificación tenocrática es econocéntrica.

La planificación tecnocrática refleja la orientación del capitalismo en el tiempo. Luchando por liberarse de la sofocante orientación del pasado. El socialismo centra su atención en el presente. Esto significa en la práctica, que su orientación mira a un futuro inmediato. La idea de un plan quinquenal, puesta en práctica por los soviéticos en los años 20, fue considerada por el mundo como algo insensato. Incluso en la actualidad y salvo en las organizaciones más avanzadas de ambos lados del telón ideológico, los proyectos a dos o cinco años son considerados planes a largo plazo. Los organismos económicos y las corporaciones multinacionales del imperio, hacen planes para 20 e incluso 50 años. Sin embargo en la mayoría de nuestros países latinoamericanos seguimos orientados hacia el próximo lunes. La planificación tecnocrática es de corto alcance, y esta es la preocupación mayor de las tres R. Sin embargo saludo y aplaudo la iniciativa presidencial del camarada Chávez, por rectificar la revolución a largo plazo, no solo para la reelección presidencial, ya que si usted Sr. Presidente vuelve a ser el de antes, como sus actitudes, discursos, de estos últimos días, 2008-01-14, no habrá problema para la continuidad en su cargo.

Reflejando la organización burocrática del sistema, la planificación tecnocratita se fundo en la jerarquía. El mundo está dividido en directores y obreros, en planificadores y planificados. Este sistema se vuelve obsoleto cuando el ritmo aumenta, donde un número cada vez mayor de organizaciones sociales toman decisiones, no programadas y tomadas en base a las necesidades urgentes. Esto obliga a actuar inmediatamente, borrando la distinción con las clases dirigentes. Las jerarquías se tambalean, porque los planificadores están demasiado lejos e ignoran las necesidades locales, reales y colectivas del pueblo, y son lentos en responder al cambio. Cunde el recelo de que los controles de arriba hacia abajo no sirven para nada, y los dirigidos reclaman el derecho a participar en la toma de decisiones. Pero los dirigentes políticos y planificadores resisten. Pues, a semejanza del sistema burocrático del que es su uña, la planificación tecnocrática, es esencialmente antidemocrática.

Las fuerzas sociales que nos empujan hacia el socialismo del siglo XXI; no pueden ser canalizadas por estos métodos de estilos socialistas fallidos. Durante algún tiempo seguirán funcionando en las sociedades y comunidades atrasadas o que avanzan lentamente. Pero su indebida aplicación en la industria gubernamental o privada, en las universidades y el comercio, solo servirá para aumentar la inestabilidad y para producir más fuertes vaivenes y sacudidas. Además al amontonarse los indicios de fracaso se desencadenan peligrosas corrientes políticas, culturales y psicológicas.

Están corrientes son una rebelión contra la inteligencia. La ciencia dio al hombre un dominio del medio, sacudiendo las religiones que predican la pasividad y el misticismo. De pronto, las astrología hace furor; el zen, la yoga, las sesiones de espiritismo, la hechicería, se convierten en pasatiempos populares. Se establecen puntos para la búsqueda de experiencias dionisiacas, de comunicaciones no verbales. Nos dicen que sentir es más importante que pensar como si ambas fueran contradictorias, coincidiendo con los místicos católicos. Esta regresión a actitudes precientificas, es acompañada de una tremenda hola de nostalgia en la sociedad. El negocio de la nostalgia se convierte así, en una floreciente industria. Los cultos psiquiátricos y psicológicos al negocio del estrés y de la represión, es elevada a la categoría de virtud cardinal del ahora, por la contra revolución

Todo esto tiene su analogía en la política, con la coalición de derecha y la nueva izquierda y entre algunos revolucionarios, adquiere un matiz francamente anarquista. Los tecnocratas consideran innecesarios los planes y proyectos no diseñados por ellos. Glorifican la ausencia de todo plan; irritados por el carácter mezquino y econocéntrico de la planificación tecnocrática, condenan los análisis de sistemas, las cuentas de costos que beneficien al pueblo. La planificación tecnocrática es inhumana, porque prescinde de valores culturales, sociales y psicológicos al perseguir un máximo beneficio económico. Además es corta de vista, antidemocrática e inepta al tiempo y las circunstancias sociopolíticas.

Nada es más peligroso para el socialismo, sean cuales sean los estilos socialistas, serio problema de interpretación social al interior del gobierno y al interior del país, que las fuerzas brutas capitalistas que andan libres por ahí. Tanto si queremos evitar la desestabilización muchas veces llamada especulación o acaparamiento, que si bien existen, no son solo esas las culpables del estancamiento revolucionario, no es así. Al controlar la población, no podemos permitir que decisiones de importancia social se tomen en alcaldías o gobernaciones con diferentes estilos socialistas, a tontas y a locas y sin un proyecto nacional preconcebido. Despreocuparse de los capitalistas camuflados en el gobierno, es lo mismo que cometer un suicidio colectivo.

rcpuma061@yahoo.com





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Raúl Crespo


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