Leales siempre

Hace unos años, el Fiscal General presentó ante los medios la confesión de alguien que había sido vicepresidente de finanzas de Pdvsa durante la gestión de Rafael Ramírez. La persona admitía haber cometido irregularidades en la industria, luego de que Ramírez se lo pidiera. Ramírez le dijo que el movimiento supuestamente había sido autorizado por el entonces Presidente Hugo Chávez, y que debía hacerlo por lealtad; que era algo muy importante para resolver el pago de nóminas de la industria petrolera.

Imaginemos la situación a la que se enfrentaba el ciudadano aquel: por un lado, Rafael Ramírez, en aquel momento una de las figuras más importantes y visibles de la revolución bolivariana, le pedía cometer una irregularidad. De no hacerlo, iba a ser considerado DESLEAL. Probablemente iba tener que renunciar, perder un buen sueldo y los privilegios asociados a su altísimo cargo, y tal vez hasta iba a ser execrado del proceso revolucionario, pues Ramírez se encargaría de dar recomendaciónes negativas de él y ya no podría conseguir empleo.

Por el otro lado, si cometía la irregularidad y ésta se descubría, podría terminar preso.

El vicepresidente de finanzas sopesó ambas opciones, y cometió la irregularidad. Años después, cuando Ramírez "cayó en desgracia" (frase favorita de un amigo de Twitter), el vicepresidente de finanzas terminó preso por un buen tiempo, expuesto ante los medios como un corrupto.

El pasado 15 de enero de 2024 se dijeron cosas muy fuertes en la Asamblea Nacional contra los dirigentes del Partido Comunista de Venezuela. El Presidente los llamó "traidores" por haber atacado fuertemente al gobierno durante los momentos más difíciles de la crisis causada por las sanciones y el bloqueo. Los acusó de convertirse en agentes del enemigo. Casi todos los diputados y asistentes al evento se pusieron de pie y gritaron en coro: "¡Leales siempre, traidores nunca!".

De ninguna manera estoy intentando comparar al Presidente con Rafael Ramírez. Sin embargo, sí me preocupa el abuso que se da al término "lealtad", a tal punto de justificar y aplaudir de pie algo tan bochornoso como haberle robado un partido político de casi 100 años de antigüedad a sus militantes, para entregarlo a personas ajenas al mismo. Todo porque los integrantes y voceros de ese partido decidieron atacar verbalmente al gobierno en un momento complicado para el país.

Aclaro que yo no estoy de acuerdo con los ataques y la forma en la que el PCV se manifiesta en contra del Presidente Maduro. No creo que Maduro sea neoliberal, ni que esté haciendo pactos con Estados Unidos contra el pueblo venezolano. Tampoco creo que el PCV se haya convertido en "agente del enemigo". Pienso que los desacuerdos entre el PCV y el PSUV debieron llevarse de otra manera menos conflictiva, en el entendido de que nuestro gran enemigo común es el imperialismo estadounidense y que la situación en Venezuela se debía principalmente a las sanciones ilegales impuestas por aquel país.

Pero tampoco estoy de acuerdo con la forma como ciertos líderes del PSUV se han manifestado y comportado en estos 9 años de sanciones y crisis económica gravísima que hemos vivido. Muchos se han burlado o han atacado a aquellas personas que se han quejado legítimamente por la situación difícil que han pasado. No se dan explicaciones en temas delicados, como los salarios y los bonos. Se ha escogido un modelo comunicacional bochornoso y muy desagradable, que apela más a la línea única, las consignas, la atorrancia y las frases rimbombantes, que a la razón, a ofrecer explicaciones o brindar respuestas. Lo mismo con el modelo económico: Por un lado manifiestan la imposibilidad de subir sueldos, pero por el otro se ven gastos excesivos y onerosos en campañas, conciertos, tarimas gigantes, luces y adornos navideños excesivos. Personas del propio partido que han manifestado su desacuerdo con el modelo económico y han propuesto alternativas han sido apartadas, insultadas y se les han quitado espacios. Quienes han manifestado desacuerdos con leyes y propuestas controversiales hechas por el partido, en muchas ocasiones son considerados traidores y son echados a un lado, como ocurrió con quienes manifestaron objeciones legítimas hacia la ley antibloqueo o la ley de zonas económicas especiales. Algunos diputados y dirigentes del partido no dejan de ser ostentosos, en momentos en los que a muchas personas les costaba comprarse zapatos o ropa. No se toman medidas para aumentar la transparencia y facilitar la lucha contra la corrupción, ello a pesar de que grandes líderes del chavismo y de la oposición han estado involucrados en estos delitos, de los cuales ya no se habla más, ni se menciona a los culpables. La falta de empatía en algunos jefes de instituciones y el maltrato a sus empleados ocurren con frecuencia, y denunciarlos es casi imposible.

Hubiera querido ver algún líder del PSUV decir "no está bien esto" o "esto que hemos hecho está mal y debemos corregirlo", pero el falso entendimiento que se ha dado a la palabra "lealtad" ahora pareciera obligar a los diputados y funcionarios a apoyarse unos a otros cuando cometen errores. Da la impresión de que la lealtad ya no es hacia Hugo Chávez, hacia el pueblo o a los principios, ideas y razones que nos motivaron a ser revolucionarios; parece que la lealtad es al cargo que tenemos y a los privilegios que conlleva, incluyendo el carro, el chofer, los viajes, los viáticos y los bonos especiales. Todo sea por no volver a agarrar Metro más nunca.

¿Qué haríamos cada uno de nosotros si estuviésemos en la posición del vicepresidente de finanzas aquel, y alguien del altísimo gobierno nos pidiera hacer algo ilegal o incorrecto por "lealtad a la revolución"? Ver a la mayoría de los diputados aplaudir el robo de un partido el pasado 15 de enero me convenció de que todos repetirían los pasos de aquel señor. Y no creo que, con ese tipo de ética, podamos salir de donde estamos.



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Luigino Bracci

Estrecho colaborador y antiguo miembro del equipo editor de Aporrea. Bracci es un celoso defensor del Software Libre y de la libertad de expresión.

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