El Arado y el Mar

La confabulación del silencio y la cacería de las ideas

No es nueva la pretensión de aplastar las ideas, de ignorar la realidad, es un engaño que acompaña a la humanidad desde su propio inicio. Muchas son las formas que se usan para la lucha artera contra las ideas, van desde el asesinato, el exilio, la deformación, hasta el silencio. Se puede correr el riesgo de decir que la historia de la humanidad es la historia de la persecución de las ideas: la hoguera, la tumba, el silencio serían los símbolos de esta cacería.

En Venezuela hoy, cuando se decide la supervivencia del ejemplo, del recuerdo del Socialismo, del pensamiento del Comandante Chávez o su enterramiento definitivo, se presenta, propio del fascismo, con crudeza, la persecución de las ideas. Pensar, decir, es un delito, desligarse del dictamen del poder es condenarse a no existir. El poder social se ejerce a través de unos rotundos medios de comunicación que convocan cacerías de brujas, prestigian nulidades y arrinconan a la razón. Este poder social engloba al gobierno y lo trasciende, se enraíza en la sociedad, manipula, le confiere valores, le dicta conductas.

Este poder se ejerce principalmente por el miedo, el temor a no seguir la corriente, a desprenderse del rebaño, el pánico a ser diferente y víctima inmediata de castigo. Si los medios, los robots de las redes, condenan el cuerpo social condena, no hay cuestionamientos, dudas, el rebaño sigue su camino. No es necesario pensar, los medios, las redes, lo hacen por el individuo.

En la cuarta república, la persecución de las ideas era terrible, la historia habla de asesinatos, persecuciones, cárceles. Ahora con el regreso de la dominación capitalista, con el arribo del madurismo, la situación es peor. Se ha instaurado con unanimidad el aplastamiento de las ideas y, lo que es peor, el miedo colectivo a la razón. Ahora la persecución no es un asunto exclusivo del gobierno, las verdades incómodas son silenciadas por grandes sectores sociales. Son pocos los medios, las páginas, que se resisten al candado, que se desligan del rebaño, que conservan su autonomía como quien conserva un tesoro.

Son pocos los periodistas que se abren del coro, los que se atreven a entrevistar a los excluidos. Son pocos los medios, las páginas, que defienden su condición de difusores del pensamiento, que no se pliegan al dictamen oficial, al poder social.

Un ejemplo destacado es Vladimir Villegas, que tiene la valentía de entrevistar a todos y de hacerlo con criterio periodístico, de correr el riesgo de abrir los micrófonos a los innombrables, romper el linchamiento colectivo a los adversarios, a los cuestionadores de este desastre. Otro ejemplo destacable es Aporrea, que suponemos sometida a toda clase de presiones internas y externas para que rompa su conducta independiente; casa que vence la censura, donde escriben los del gobierno y también los que son perseguidos por el capitalismo, por la oposición tolerada y por el gobierno. Los Socialistas y los que alguna vez dijeron que eran.

Estos periodistas valientes, estas páginas, que se niegan a entregarse son vital muro de contención al envilecimiento moral de la sociedad, a la unanimidad de la mediocridad. Es deber de todos protegerlos, apoyarlos en su lucha por mantener su independencia. La calidad del futuro dependerá en gran medida de su fuerza para abrir las puertas a la expresión de las ideas, del pensamiento. Estos periodistas, estas páginas, son indicadores de la calidad de una sociedad, sabemos que una sociedad sin la batalla de ideas es más bien un rebaño anestesiado condenado a ser víctima y cómplice de los mayores horrores.



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Toby Valderrama Antonio Aponte

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