Entre promesas y esperanzas

Esa ha sido la triste historia de los procesos electorales en Venezuela, donde las elecciones representan la farsa de una democracia que nunca hemos tenido, donde las rémoras que conducen esos partidos son los que eligen los candidatos y el pueblo vota por esos candidatos que termina imponiendo el partido.

En Venezuela los procesos electorales solo han servido para dividir la población, utilizarla e incluso muchos de esos vampiros manipuladores, valiéndose del hambre y la miseria en que vive la mayor parte de nuestra gente, recorren nuestros barrios para organizarles sancochos, les reparten "mercado", les otorgan "limosnas económicas" y desde luego, las promesas bailan al son de la campaña electoral.

Esa campaña electoral, termina en grandes arreglos para la clase política, que se encuentra corrompida hasta los tuétanos –me refiero a los de arriba- , donde la llamada derecha e izquierda se fusionan en pactos que terminan como siempre: repartiéndose la torta.

El pueblo queda burlado, la promesa y esperanza queda para las próximas elecciones, la miseria sigue cabalgando en nuestros cerros y campos, mientras todo eso pasa, el país sigue en manos del capital corporativo en ese nuevo orden mundial que sigue saqueando la república, bajo la mirada complaciente de esa misma clase política apátrida, que poco le importa el futuro de las generaciones que vienen.

Esa ha sido la triste historia de los procesos electorales en Venezuela, donde las elecciones representan la farsa de una democracia que nunca hemos tenido, donde las rémoras que conducen esos partidos son los que eligen los candidatos y el pueblo vota por esos candidatos que termina imponiendo el partido.

En Venezuela, se vota pero no se elige, elige el que tiene el poder, entendiendo el poder - ese que conocemos- el que nos han impuesto, ese poder que obliga a hacer lo que de otra forma no haría.

El verdadero poder popular queda relegado, marginado, aislado, sometido y burlado. Cuando la democracia realmente es poder popular, poder del pueblo y cuándo hemos visto dentro de la mal llamada democracia que conocemos, que ese poder popular se ha hecho presente. Al contrario, lo niegan y entre tanta falacia los vampiros de la política lanzan en sus discursos huecos y vacíos, que somos para América Latina y el mundo un gran ejemplo de lo que debe ser la democracia.

La democracia, si es que queremos definirla, tiene su origen en la palabra griega demokratia, se compone de demos, que significa pueblo y de kratos, que quiere decir poder, que no es otra cosa que poder del pueblo, que lejos estamos de esta definición por culpa de unos cuantos pillos, que se han encargado de confundir el verdadero sentido de lo que debe ser una autentica y real democracia.

A estas alturas de nuestro "desarrollo civilizatorio" hemos perdido la libertad, nuestro libre albedrio, la verdadera esencia de la libertad, que no es otra cosa que una coexistencia en un espacio de convivencialidad, donde el poder descansa en el pueblo y no en los partidos, pues ellos representan un obstáculo para esa libertad, para el desarrollo del pensamiento, el conocimiento y actúan además como controladores sociales en el modelo de dominación que nos han impuesto.

Dentro de toda esta expectativa, se hace necesaria la reflexión, una verdadera discusión de fondo, donde coloquemos la realidad que vivimos frente a un juicio de valoraciones, que nos obligue a repensar el mundo en que vivimos y el país que tenemos, porque hoy más que nunca hay que salir de este escenario que cada día que pasa se agudiza en grandes proporciones, hasta el punto en que la vida de los seres humanos se encuentra en graves peligros de desaparecer.



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Enrique Contreras Ramirez

Militante de Ruptura

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