Tiraníua psicológica

—Camará, lo traje con la mente, pues.

—Y para qué soy bueno.

—No sé para que servirá

Pero le quería preguntar, ¿Usted ha oído hablar de las preferencias adaptativas?

—Qué cosa es esa, por ¡Dios Bendito!

Explíquese, con palabras cristianas.

—Le dijo esto, todo el mundo define sus puntos de vista y sus preferencias por las cosas que la sociedad coloca a su alcance o fuera de su alcance.

Pero con la supuesta posibilidad de poder alcanzarlas.

Usted debe haber oído a muchas personas decir que su destino ya está determinado, verdad.

Sea por Dios o por la naturaleza.

—Algo así he oído.

—Pongamos por ejemplo, hay escuálidos y chavistas. Usted elija su preferencia.

No le dan para donde coger.

O no es así.

—Así mesmo, como decía aquel.

—Y uno termina creyendo que eso es todo lo que hay.

Caja clap o hambre; patria o muerte; revolución o imperio, y pare usted de contar.

Y por ahí lo van arreando en sus preferencias adaptativas.

Hasta que lo pone mansito.

Esta es la que han estado aplicando en estos últimos años.

Y con esta manipulación, porque eso no es otra cosa que mera manipulación, hemos llegado a la satisfacción autodeclarada.

—¿Y qué es eso?

O de qué trata ese otro asunto.

—Camará, que con las preferencias adaptativas a uno lo van llevando poco a poco a la satisfacción autodeclarada.

Y ésta consiste en que nos contentamos, por ejemplo, con el estatus educativo que existe actualmente o con el nivel de salud que hay.

Ya que de tanto repetir la bendita preferencia adaptativa asumimos que eso es lo que nos merecemos.

Por ejemplo, nos merecemos una caja de carbohidrato como si eso fuese comida, y quedamos satisfechos.

Y, además, que ellos se merecen el lomito porque se están partiendo el lomo por salvar la patria.

—Digamos que yo estoy contento porque esto es lo que me toca y es así y no de otro modo.

—Por ahí van los tiros.

Que nosotros no nos merecemos lo que ellos comen, que nos merecemos andar en un Metro hediendo a orina y ellos en buenas camionetas último modelo.

Entonces no hay motivo para quejarnos. Porque esas cosas son así.

Y nos metemos el embuste que estamos viviendo revolucionariamente bien.

Aunque tenemos el estomago pegado al espinazo.

Lo estamos recibiendo todo el tiempo son las preferencias adaptativas. Que nos van adaptando a una determinada situación, sin darnos cuenta.

—Como el perrito, pues.

—Así mismo

Si no nos alimentamos bien y, además, nos dicen que la caja clap es alimento creemos que vamos pa´l cielo. Me está entiendo.

—Claro como el agua.

—Aunque lo que estamos pasando es la roncha parejo.

A mucha gente le parece una maravilla que los precios estén en dólares porque así nos lo han hecho ver, esa es la preferencia adaptativa que nos han impuesto.

Y estamos en una satisfacción autodeclarada.

Como si estuviésemos buchones.

Como usted ya debe estar sospechando las preferencias adaptativas están conectadas con las formas dominantes de poder.

Que son quienes nos imponen esta discriminación social.

—Así me lo estaba pensando.

—Por eso es que estamos en una situación ambigua.

Porque desde hace tiempo atrás nos están diciendo que esas son nuestras preferencias y si las estamos cumpliendo entonces debemos estar satisfechos.

Fíjese que las preferencias adaptativas y la satisfacción autodeclarada tienen efectos reales.

Salga a la calle y mire el comportamiento de la gente. Parecen hasta felices.

Porque nos han impuesto un conjunto de preferencias adaptativas.

Que hemos terminado por creerlas y han definido nuestras posibilidades de vida.

—¿Y cuál es el fin de todo eso?

—Muy sencillo.

Que no protestemos. Que nos quedemos tranquilos.

Porque todo está bien y así es como son las cosas.

Esto es una forma de tiranía psicológica.

Una forma de dominio donde todo parece que sucede de manera natural.

Donde buscamos satisfacer las preferencias que tenemos.

—Así están las cosas.

—Y la pelota pegó contra la pared, decía aquel narrador deportivo.

—Nos vemos más tarde.

Y le dijo: Por ahora, apriete.



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Obed Delfín


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