Una generación sin cordón umbilical

A pesar de todo ese pseudo nacionalismo mesiánico por medio del cual dicen que buscan rescatar una memoria nacional que ha sido dejada de lado, la generación nacida en estos años del mesianismo es una generación sin cordón umbilical. Porque más que ofrecerle una historia más amplia y crítica, lo que se ha hecho es desvirtuar la misma a la conveniencia del mesianismo.

De allí, la presencia de esa forma oculta que permanece vuelta de espalda. La cual produce una situación incómoda, ya que la misma es una autorización a interrogar la que se hace solo a partir del dogma impuesto. Con el pasar del tiempo, el efecto ha sido una sensación de desagrado ante el presente deformado que se ha vuelto absurdo y embarazoso.

La negación histórica, la censura y la pretensión a no disentir equivalen a autorizar lo ocurrido en estos últimos años y, por otra parte, a desautorizar todo lo que está más allá de la corta visión mesiánica. Por el contrario, lo que ha ocurrido habrá que contarlo, analizar esa lealtad absurda a ideas anacrónicas y a consideraciones sin sentido, todo esto en pos de la realización de una fe ciega. Es necesario hablar de esos que están anclados a viejos dogmas, creencias y métodos que han dejado a la población desnuda e impotente.

Todo lo han convertido en una criatura grotesca representada por una generación que ya está decrepita. Una nueva generación súbitamente envejecida y degenerada, que es obligada a aceptar los términos y solo los términos del dogma. Lo contrario, será esperar o resistirse a ser aplastados. El mesianismo no da otra alternativa, en eso se basa su política.

En la actualidad, toda persona está dominada por el sentimiento de irritación, por la condición impuesta para que todos alaben las engañifas doctrinarias. Ya que, los gurús del mesianismo consideran que los demás no están situación de proponer condiciones. Por ello, nada cambia todo es lo mismo. El mismo discurso, cuya cartilla aprendida de memoria. Tan obtusos están que no se dan cuenta de su precaria posición y acusados por la población, que en el curso de estos últimos ha padecido del hambre impuesta.

Esta es una generación que no se le ha permitido pensar, al ser inundada y ahogada por sofismas pseudo revolucionarios. Que no tiene tradiciones ni recuerdos que la enlazasen con el mundo desvanecido. Solo existe el presente mesiánico, esa es toda la realidad histórica. Por eso, es una generación que se ha configurado sin cordón umbilical.

Una generación con la conciencia amputada a fuerza de verborrea. Que tiene la necesidad de romper el amarre de los dañeros, y renegar del último lazo que la ata a los vanos conceptos de la hipocresía de quienes detentan el poder. Para éstos la acción en el poder consiste en malversar sin escrúpulos, sacrificar a la población hasta su última consecuencia.

Esta es una generación desnuda y desamparada, con una intensa sensación de soledad y amargura. Manipulada para ser útil al Partido. De lo contrario, vivirá acusada de traición y vende patria. La eliminación de toda forma de disentir se ha convertido en el comienzo de una gran carrera política.

Todo se reduce a darse cuenta que es necesario imponer el poder sobre los demás. De tener a los otros agarrados por la garganta. Hurgar en los recovecos de la necesidad física y mental de la población. Destruir los últimos vestigios de dignidad. Convertir a los ciudadanos en bestias domadas.

Así el mesianismo ha ido creando al bárbaro político de esta nueva era. Para quien todo tiene que ser útil a los fines de dominación. El mesianismo, junto a la generación sin cordón umbilical, ha creado además una generación de cerriles; necesarios para los fines que ahora necesitan. Esta es la contraparte necesaria para dominar a aquella, ésta representa la fuerza irracional.

Todos los actos del mesianismo son una comedia absurda confeccionada como una mera formalidad, pero necesaria. Cuyo tortuoso sentido se puede comprender únicamente como la aceptación de los iniciados y la desaparición de los apostatas. Por eso a los mesiánicos les gustan los sujetos con la cabeza numerada, sujetos convertidos en seres venales y corrompidos. Todos los demás, en su lógica excluyente, buscan destruir la Revolución.

Estos gurús políticos emplean todo procedimiento para conseguir sus fines, de allí esa permanente novela barata para embaucar a quien quiere ser embaucado. Este ha sido un período monótono, sin entonación, con la voz incolora y árida de quienes han aprendido el alfabeto tarde, sin creer lo que están leyendo. Todo en vista de instaurar el régimen del advenimiento.

Sin embargo, la generación sin cordón umbilical sobrevive como si estuviese frente a la cegadora luz de un reflector, sin poder abrir los llorosos ojos y con la voz opaca. Y cuando mira ya sus ojos están sin expresión, indiferentes como si estuviese en una mesa de disección. Esta generación no puede sentirse ni confesarse culpable, de no haber comprendido la compulsión fatal que actúa detrás de la política del mesianismo.

Esta generación no puede ser culpable: de la falsedad de las llamadas contradicciones de la necesidad histórica, ni de las lamentaciones de los mesiánicos que han mostrado todos los argumentos que demostraban la necesidad del sacrificio, ni de haber sido elevados al plano de la mera utilidad y perjuicio. La culpa es del mesianismo gobernante que ha ejecutado sus propias decisiones, y éstas han sido la configuración de la monstruosidad política.



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Obed Delfín


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