El Arado y el Mar

Se equivocan los que claman por una invasión: Chávez lo puso, Chávez lo quita

Vivimos una espantosa crisis, sólo negada por los voceros del madurismo, más expertos en enmarañar que en gobernar. Ahora bien, tres propuestas de solución a la crisis son conocidas. Veamos.

La que aparece hoy con más fuerza es la que clama por una invasión gringa­, capitalista. La derecha de oposición se declara cobarde, necesita que venga un extraño a arreglarle los problemas de su propia casa. Alegan directamente, desde guardó para abajo, que ellos solos no pueden, esperan que la invasión les entregue el gobierno. ¡Ilusos! Si no tienen fuerza y coraje para tomar el gobierno, menos la tendrán para gobernar. De esa manera, el nuevo presidente no será realmente un presidente sino un muñeco de ventrílocuo, el embajador gringo será el verdadero gobernante.

A esta canallada de guaidó y secuaces, el madurismo sólo atina a oponer las tesis de diosdado, que podemos resumir en reprimir las protestas de las masas hambrientas y sedientas con los llamados colectivos, al margen de los militares, crear su propia guardia personal, su pequeño ejército. Esta tendencia profundizará la represión, se verán acciones represivas llevadas por el desespero. En el madurismo asoma otra corriente, la dialogante, que choca con una gran muralla: su propia esencia, su carácter pícaro, malandroso, se opone a pactos de caballeros.

Mientras, el madurismo sigue al ritmo de la decadencia de la producción petrolera, al compás de la destrucción del país, perdiendo apoyo, inventando artificios para ocultar la realidad. El madurismo temprano se apartó de Chávez y se entregó en manos de la burguesía, aún están frescos los argumentos de los teóricos del madurismo que defendían las alianzas con el capitalismo, con la burguesía, con la excusa de elevar las fuerzas productivas. El resultado del proyecto madurista: alianza con los capitalistas nacionales, además de abrir las puertas a las trasnacionales mineras y petroleras, un rotundo fracaso. Si añadimos a esta torcedura del pensamiento chavista el desmantelamiento de PDVSA, la persecución a los chavistas, encontraremos el origen de este desastre y la certeza de que el madurismo es lo opuesto al Chavismo, es una traición a Chávez.

El madurismo debe salir del gobierno, pero no por la acción de la cobarde burguesía nacional y la pusilanimidad de su expresión política, esta derecha opositora, guaidó y sus secuaces. El madurismo es ante todo un reto para el Chavismo, un asunto de honor; el madurismo debe salir para abrir paso al retorno del Chavismo chavista, el del Plan de la Patria, el original, y no estos mamotretos que inventan para confundir a quienes ellos dicen respetar, a los que llaman pueblo.

Si esta crisis se resuelve hacia la franquicia de los gringos, el país será una colonia, volveremos a los tiempos antes de la independencia, lo que tanto temieron Bolívar y Martí, la colonización gringa se repetirá. Si esta crisis se resuelve con un diálogo, que será preludio de un nuevo pacto de punto fijo, volveremos a la cuarta república, un sistema de gobierno socialdemócrata ya agotado, ya superado el 4 de febrero. El país seguirá penando de crisis en crisis.

La solución correcta de la crisis es volver a Chávez, ese es el camino hacia la felicidad de este pueblo, a que tome cuenta de su destino, se haga dueño de sí mismo. Es difícil, depende de la claridad y la entrega de la vanguardia chavista, de su capacidad de recomponerse.



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Toby Valderrama Antonio Aponte

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