Ya disfruta el pueblo de Venezuela de los derechos que legitima (X)

 

El hombre que enseñó a los venezolanos tener una voluntad férrea para afrontar cualquier dificultad, y que en medio de un desastre en el cual momentáneamente no se le viera salida triunfante, no perdiéramos la fe de la victoria, esas cosas fueron las que con su ejemplo al pueblo venezolano le lego el más grande hombre laico del mundo entero. Además, por el carácter festivo del venezolano se ha observado en más de una ocasión que la mayoría de nuestros hermanos, en los momentos más escabrosos y apremiantes de la vida cotidiana, salen con un chiste, con una tomadera de pelo, ello por el espíritu alegre y esperanzador que reina en el alma del venezolano; y todo ello lo ha preparado para ser invencible en la adversidad. Pues si, en el maravilloso Discurso de Angostura, Simón Bolívar ante los diputados constituyentes, el 15 de febrero de 1819, todavía en guerra y luchando contra los conquistadores españoles, le infunde a estos representantes del pueblo un portentoso ánimo de triunfo y victoria, si, ese era nuestro gran paisano, siempre jubiloso ante las dificultades encontradas en su camino. Aquí expondremos otros párrafos de aquella poesía, que en prosa, sale de la mente prodigiosa del más grande hombre del mundo. Veamos

"Solo puede servir de correctivo a esta debilidad, el vigor bien cimentado y más bien proporcionado a la resistencia que necesariamente se le oponen al Poder Ejecutivo, al gobierno Legislativo, al judiciario y al Pueblo de una República. Si no se ponen al alcance del Ejecutivo todos los medios que una justa atribución le señala, cae inevitablemente en la nulidad o en su propio abuso, quiero decir, en la muerte del Gobierno, cuyos herederos son la anarquía, la usurpación y la tiranía. Se quiere contener la autoridad Ejecutiva con restricciones y trabas, nada es más justo; pero que se advierta que los lazos que se pretenden conservar se fortifican, sí, más no se estrechan. Que se fortifique, pues, todo el sistema de Gobierno y que el equilibrio se establezca de modo que no se pierda, y de modo que no sea su propia delicadeza una causa de decadencia. Por lo mismo que ninguna forma de Gobierno es tan débil como la democrática, su estructura debe ser de la mayor solidez; y sus instituciones consultarse para la estabilidad. Si no es así, contemos con que se establece un ensayo de Gobierno y no un sistema permanente; contemos con una sociedad díscola, tumultuaria y anárquica, y no con un establecimiento social donde tenga su imperio la felicidad, la paz y la Justicia.

No seamos presuntuosos, legisladores, seamos moderados en nuestras pretensiones. No es probable conseguir lo que no ha logrado el género humano: lo que no han alcanzado las más grandes y sabias naciones. La libertad indefinida, la democracia absoluta, son los escollos donde han ido a estrellarse todas las esperanzas republicanas. Echad una mirada sobre las repúblicas antiguas, sobre las repúblicas modernas, sobre las repúblicas nacientes, casi todas han pretendido establecerse absolutamente democráticas, y a casi todas se les ha frustrado sus justas aspiraciones. Son laudables ciertamente hombres que anhelan por instituciones legítimas y por una perfección social; pero ¿Quién ha dicho a los hombres que ya poseen toda la sabiduría, que ya practican toda la virtud, que exigen imperiosamente la liga del Poder con la justicia? Ángeles, no hombres, pueden únicamente existir libres, tranquilos y dichosos, ejerciendo toda la potestad soberana. Ya disfruta el Pueblo de Venezuela de los derechos que legitima y que fácilmente puede gozar, moderemos ahora el ímpetu de las inmoderadas pretensiones que quizás le suscitaría la forma de un Gobierno incompetente para él, abandonemos las formas federales que no nos convienen, abandonemos el triunvirato del Poder Ejecutivo, y concentrándolo en un Presidente, confiémosle la autoridad suficiente para que logre mantenerse luchando contra los inconvenientes anexos a nuestra reciente situación, al estado de guerra que sufrimos, y a la especie de los enemigos externos y domésticos contra quienes tendremos largo tiempo que combatir.

Que el Poder legislativo se desprenda de las atribuciones que corresponden al Ejecutivo, y adquiera no obstante nueva consistencia, nueva influencia en el equilibrio de las autoridades. Que los tribunales sean reforzados por la estabilidad y la independencia de los jueces, por el establecimiento de jurados, de códigos civiles y criminales que no sean dictados por la antigüedad, ni por Reyes conquistadores, sino por la voz de la naturaleza, por el grito de la Justicia, y por el genio de la sabiduría. Mi deseo es que todas las partes del Gobierno y administración adquieran el grado de vigor que únicamente puede mantener el equilibrio, no solo entre los miembros que componen el Gobierno, sino entre las diferentes fracciones de que se compone nuestra sociedad. Nada importaría que los resortes de un sistema político se relazasen por su debilidad, si esta re-laxación no arrastrase consigo la disolución del cuerpo social, y la ruina de los asociados. Los gritos del género humano en los campos de batalla, o en los campos tumultuarios, claman al cielo contra los inconsiderados y ciegos Legisladores que han pensado que se puede hacer impunemente ensayos de quiméricas instituciones.

José M. Ameliach N. Enero de 2019

 

 

 

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José M. Ameliach N.


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