La autopista ideológica

Una autopista es una flamante vía bien pavimentada, que pretende ser racional y que presenta la excelencia de permitir, cuando conviene, pasarse de izquierda a derecha, y de derecha a izquierda, con relativa invulnerabilidad. En el embrollado campo ideológico, pareciera también existir una, porque la gente se pasa, con asiduidad, de un canal a otro.

Cuando en los años 60 del siglo pasado, por ejemplo, se hablaba de nombres y conceptos peculiares, por bocas puestas en caras que, además de peculiares, resultaban también amarradas; verbigracia: camarada Lenin, camarada Stalin, camarada Malenkov, camarada Trotski, camarada Voroshílov, camarada Jruschov; y, entre nosotros, camarada Teodoro, camarada Pompeyo (entre los que más destacaran con rostros de rasgos soviéticos), o de conceptos incluso tan peculiares como plusvalía, tenía uno que azorarse todo consultando textos y más textos complejos y enrevesados, para poder, más o menos, entender lo que se pretendía dilucidar.

De entrada confieso detentar aún una brutalidad grande (tampoco abusiva como la de Rosales, pero grande al fin) que se me ha venido atenuando -no como he deseado- bien con algunos estudios superficiales, bien con el paso del tiempo -que también algo enseña- y hoy, con el ocio creador obligado en el que me encuentro. Dentro de una concepción hegeliana, diría, que soy porque simplemente he venido siendo…

Pero cuando abriera el primer capítulo de un libro de Samuelson sobre Economía Política, y de entrada se preguntaba él -para que yo pudiera entender la bendita ciencia- qué vamos a producir, si tanques de guerra, o mantequilla, yo decía, ¡pero por Dios! ¿qué carajo tiene que ver una vaina con la otra? Muchas veces pensaba -en silencio, claro, para no exhibir tanto mi excelsa estolidez- ¿será que la mantequilla es para untársela al cañón de 105 milímetros del tanque? ¿Y para qué… cooño? volvía a preguntarme desesperado ya y mesándome el pubis a través del bolsillo.

Pero bueno, menos mal que leyendo un texto de Engels, introduciendo con él una reflexión crítica de Marx sobre la economía política, decía esto que para mí resultó un muy oportuno consuelo: “En todos los campos de la ciencia los alemanes han demostrado hace tiempo que valen tanto, y en muchos de ellos más, que las otras naciones civilizadas. No había más que una ciencia que no contase entre sus talentos ningún nombre alemán: la Economía Política. La razón se alcanza fácilmente. La Economía Política es el análisis teórico de la moderna sociedad burguesa, y presupone, por tanto, relaciones burguesas desarrolladas…”.

¡Uffff! Y sentí de inmediato un alivio morrocotudo. ¡Y esas eran las primeras líneas del prefacio de Engels! Un poco más adelante, Einstein, quien al parecer era socialista, y algo de autoridad tenía en el campo científico, terciaría en el asunto, y diría, en 1949, que “el descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil porque la observación de fenómenos económicos es afectada, a menudo, por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado”.

Pero no sé qué pudiera opinar CEDICE de esto, que tiene como mentor espiritual a Friedrich A. von Hayek.

Mi cerebro, por supuesto, quedó de chamuscado como presumo es el de Rosales hoy; y buscaba distraerme para bajarle un tanto la temperatura. Generalmente lo hacía con muchachonas muy liberales, eso sí, que tenían la enorme ventaja de que, hablándoles de esas cosas tan peculiares cuando el previo amoroso “estaba en pleno desarrollo”, terminaban vociferando que yo era un genio; lo cual, como deben suponer, me excitaba demasiado.

Pero poco a poco, y en un lapso de casi 40 años o más, quizás, he venido entendiendo alguito sobre demanda y su elasticidad, oferta, precio, valor, mercancía, monetarismo, etc. Pero no tanto sí eso de que en el régimen capitalista mi trabajo es mío y que mis ingresos deben aumentar mientras más produzco, y reducirse en el caso contrario, para tratar de convencerme de que dicho régimen capitalista es del otro mundo. ¡Ummm! Eso siempre me ha sonado chimbón. Y eso, justamente, trató de aclarármelo Marx en ese libro que presentara Engels, y publicado como por estos días, pero de 1859, en el periódico "Das Volk". (Y no vayan a pensar que lo leí en alemán, como llegara a preguntármelo una de aquellas deslumbradas muchachonas liberales).

Además, hoy cuento con un poderoso pertrecho (y que me perdone si lo llamo así) para desvelar el 82% de promedio de errores en que incurren los rosalescos “economistas” venezolanos en sus pronósticos: el jovial Tobías Nóbrega, quien, para mi solaz, habla con una gran propiedad, y además, con una ironía que resulta virginal…

Luego, lo del encono, tanto del anarquismo, del comunismo, y del mismísimo neoliberalismo con su globalización, contra el pobre Estado, aun entendiendo que dicha institución pudiera haber devenido del concepto de la guerra, terreno donde hasta el “infalible” Fukuyama -con su fin de la Historia- ha tenido que echar para atrás pidiendo su reforzamiento, “dado que los Estados débiles o fracasados –según ha dicho en Argentina- causan buena parte de los problemas más graves a los que se enfrenta el mundo: la pobreza, el sida, las drogas, o el terrorismo"… ¡Vaya qué molleja de avalancha de rectificación!

Bien, pero creo que me he extendido mucho para hablar de lo que pretendo, que no es más que de una nueva cavilación de Emeterio que, él ha denominado: “Todos con Rosales”. (Ah, se me había olvidado por cierto él como otro de los camaradas que posee rostro con rasgo muy soviético, y de nombre sonoro, confesando también que, sonoros nombres como esos, los he venido viendo como más sexis desde el punto de vista electoral. Manuel no… Manuel connota una como tonta vibración… Pero bueno, es asunto de extraños gustos políticos y electorales).

Pues bien, dice don Emeterio: el capitalismo ha demostrado con creces su inmensa capacidad para producir bienes y servicios en forma masiva, condición sine qua non para enfrentar la pobreza.

-¿Venezuela ha sido capitalista? -pregunto yo de entrada.

A la globalización se le señala una masa demasiado grande de deficiencias…

¿Resulta Rosales un globalizador de oficio, o no? Porque al menos separatista es…

Y continúa don Emeterio: la Venezuela de hoy requiere un capitalismo con dos vías. Una primera sería la poderosa noción de "un país de propietarios", con tanta potencia electoral inmediata, como la tarjeta “Mi negra”, y por cada chopo cinco millones… Las consignas de capitalismo popular, y democratización de la propiedad, pudieran significarte tranquilamente, para mediados de noviembre –esto dirigiéndose a Rosales, don Emeterio- cinco puntos netos en las encuestas.

Lo anterior lo que sí demuestra, es que existen métodos “capitalistas”, demasiado “ingeniosos”, para abultar las encuestas con fines inconfesables...

Y que, para implementar esta nueva visión milagrosa contra la pobreza, hay disponibles tres ejemplares dentro del vasto espectro del talento económico venezolano, no con una sensibilidad pendeja como la de Chávez, sino con una rara hiperestesia social, a saber: Marcel Granier, un tal Oscar García Mendoza, y otro tal Rafael Alfonso, tres especimenes que han negado, de manera por demás fehaciente, que en el supuesto régimen capitalista venezolano, que ha privado hasta ahora, su trabajo ha sido suyo y que sus ingresos debieron aumentar mientras más producían… Y que, además desde el punto de vista marxista, al menos los primeros serían proletarios (¿de “cuello Blanco”?) si entendemos por estos a los que conforman la clase social que no tiene otro medio de subsistencia que su salario que gana a cambio de emplear su fuerza de trabajo en beneficio del patrón, porque burgués vendría a ser el último que, pertenece a la clase social, que es dueña de los medios de producción.

Y que no habría que olvidar por tanto, que la Maizina Americana, gran producto nacional, lleva el “águila” en su caja con orgullo sin igual… Latoso canto que se escuchaba en la radio, cuando Rafael no era más que un espermatozoide que traveseaba en los vasos seminíferos de su padre, y Marcel, todavía, sin contraer su feliz matrimonio morganático… Y de Oscar, bueno, sólo sé que es presidente de un banco.

La segunda vía sería un mercado de pequeñas empresas “sin responsabilidad moral” supeditadas rígidamente a las determinaciones del libre juego de oferta y demanda, a la mano invisible del mercado, en lugar de empresas trasnacionales con obvias posibilidades de imponerle condiciones, no sólo al propio mercado, sino a la sociedad en su conjunto. ¿Emeterio anti imperialista?

A propósito de lo anterior, Einstein decía del socialismo: “está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines por sí mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y —si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos— son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad”.

Por eso es que sospecho que el Socialismo del Siglo XXI será de evolución lenta y madura. Eso será su garantía de permanencia a través de una lucha persistente de todo el proletariado venezolano, en principio. El 3 de diciembre será otra fecha muy importante dentro de su proceso de avance.

Bueno, voy a parar esto, y al mismo tiempo pedir la intervención urgente de Nóbrega, para que ponga orden aquí, ya que a estas alturas de mi vida no cuento, como en los años 60, con las muchachonas liberales que pudieran enfriarme mi recalentado cerebro, y que pudieran, además, subirme la autoestima vociferándome que soy un genio.


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Raúl Betancourt López


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