“Tengamos presente que nuestro pueblo no es el Europeo ni el Americano del Norte” (V)

Estimado lector, dese cuenta como el venezolano Simón Bolívar, adelantado a su tiempo, legó a la humanidad documentos sobre su pensamiento visionario acerca de la integración latinoamericana, los abusos del imperio norteamericano, la responsabilidad de los funcionarios públicos, la trascendencia de la educación como derecho social; asuntos que hoy se mantienen vigentes. En cuanto a la conservación del ambiente, Bolívar también fue un adelantado, pues el 19 de diciembre de 1825, hace 192 años, desde Chuquisaca, Bolivia, Simón Bolívar emite un decreto encaminado a solucionar integralmente los problemas relacionados con los recursos naturales, el cual no solo estaba dirigido al buen uso y aprovechamiento de las aguas, vegetación, cuidado de los suelos, la quema y la tala indiscriminada de los bosques, la reforestación de un millón de árboles y hace entrega al Estado de la propiedad de todo recurso mineral y demás objetos se encuentre en el subsuelo de la patria. Bien, pero ahora demos continuación al Discurso de Angostura que Simón Bolívar dirige al Congreso Nacional Constituyente instalado en la capital de la III República de Venezuela; Ciudad de Angostura, el 15 de febrero de 1819.

"¡Representantes del Pueblo! Vosotros estáis llamados para consagrar, o suprimir cuanto os parezca digno de ser conservado, reformado, o desechado en nuestro pacto social. A vosotros pertenece el corregir la obra de nuestros primeros legisladores, yo querría decir, que a vosotros toca cubrir una parte de la belleza que contiene nuestro Código político, porque no todos los corazones están formados para amar a todas las beldades, ni todos los ojos son capaces de soportar la luz celestial de la perfección… Séame permitido llamar la atención del Congreso sobre una materia que puede ser de una importancia vital. Tengamos presente que nuestro pueblo no es el europeo ni el americano del norte, que más bien es un compuesto de África y de América, que una emanación de Europa, pues que hasta España misma deja de ser Europa por su sangre africana, por sus instituciones y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado, el europeo se ha mezclado con el americano y con el africano, y éste se ha mezclado con el indio y con el europeo. Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferentes en origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis; esta desemejanza trae un reato de la mayor trascendencia.

Los ciudadanos de Venezuela gozan todos por la Constitución, intérprete de la naturaleza, de una perfecta igualdad política. Cuando esta igualdad no hubiese sido un dogma en Atenas, en Francia y en América, deberíamos nosotros consagrarlo para corregir la diferencia que aparentemente existe. Mi opinión es, legisladores, que el principio fundamental de nuestro sistema, depende inmediata y exclusivamente de la igualdad establecida y practicada en Venezuela. Que los hombres nacen todos con derechos iguales a los bienes de la sociedad, está sancionado por la pluralidad de los sabios; como también lo está que no todos los hombres nacen igualmente aptos a la obtención de todos los rangos; pues todos deben practicar la virtud y no todos la practican; todos deben ser valerosos, y todos no lo son; todos deben poseer talentos, y todos no lo poseen. De aquí viene la distinción efectiva que se observa entre los individuos de la sociedad más liberalmente establecida. Si el principio de la igualdad política es generalmente reconocido, no lo es menos el de la desigualdad física y moral. La naturaleza hace a los hombres desiguales, en genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen esta diferencia porque colocan al individuo en la sociedad para que la educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad ficticia, propiamente llamada política y social. Es una inspiración eminentemente benéfica, la reunión de todas las clases en un estado, en que la diversidad se multiplicaba en razón de la propagación de la especie. Por este solo paso se ha arrancado de raíz la cruel discordia. ¡Cuántos celos, rivalidades y odios se han evitado!"



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José M. Ameliach N.


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