He hecho muchas cosas muy raras

Esta respuesta la expresó el maestro comunista español Julio Anguita, en una entrevista a la que fue “sometido” por parte de la prensa conservadora hispánica, cuando estos le preguntaron sobre el porque devolvió la dieta municipal cuando era alcalde y la pensión vitalicia que le correspondía por su labor legislativa. Entre otras cosas, este camarada manifestaba sobre la responsabilidad de ser cuentadante del patrimonio del pueblo y manifestó que  “el dinero público me merece mucho respeto” y que el como servidor elegido de manera popular, su “ejemplo es el que imponía su autoridad”. Anguita, que en le reino de su majestades borbónicas, es la referencia de un político no solo honesto, sino eficiente en su mandato hacia la gente que lo eligió.

Pero, en nuestro país las cosas raras que hacen nuestros políticos, los que nos gobiernan y los que aspiran gobernar, es diametralmente opuesto a lo que señaló Anguita. El estamento político venezolano está tan desprestigiado en estos momentos, que la única verdad que expresan las lumbreras políticas de izquierda, de derecha y ambidiestras, es lo que se dicen los unos de los otros ¡Que patética realidad a la que nos enfrentamos las venezolanas y los venezolanos! Solo basta ver la situación actual y futura, cuando nuestra dirigencia se la ha carcomido el flagelo de la corrupción e inoperancia (en este caso, sinónimos) y la alternativa para muchos que ven la “vía electoral democrática”, es el retorno de la derecha revanchista y apátrida!

Lo que actualmente vivimos ya no es una crisis, es una forma maliciosa, indigna y degradante de vida. La vergüenza desapareció por estas calles y las otras. Lo que antes nos resultaba extraño, ya es lo consuetudinario porque nuestra lógica para las sorpresas ha sido superada, por una inimaginable realidad. La decadencia se apropió de todos los espacios y nos estamos acomodando alrededor de ella. Ahora, el futuro es tan inmediato que lo vivimos al momento, porque no cambia nada de lo que hacemos o lo que vamos hacer, porque no hay alternativa para hacer. La prioridad para la gran mayoría es que y como comer, de verdad, sin subterfugio, sin eufemismo, ese es el nombre de lo que está pasando. En cambio para otros privilegiados su principal causa-efecto es vigilar a los que tienen hambre, para seguir controlándolos con más carestía, sea como forma de “apoyar” a los que gobiernan o ir contra el gobierno. En esto coinciden las dos aceras politicas. Esto lo hacen los bandos políticos que desgarran a toletes nuestra patria con la anuencia participativa de la maligna camarilla de la iglesia católica y los que producen y comercializan el bastimento. Todos están de acuerdo que este control del pueblo se logra cuando lo asustas y lo desmoralizas.

La gente está famélica no solo físicamente, su moral, sus ganas, han enflaquecido en igual proporción. Hay una desnutrición del cuerpo y de sus anhelos. Y lo peor, esos macilentos anhelos aun están exhalando suspiros por algo que una vez y con mucho orgullo y arrestos, asumieron como reivindicación: el Proceso Revolucionario Bolivariano Socialista. Pero este proceso se revirtió  y  hoy día se esta comportando de otra manera y con otros resultados. Por eso, ¡Ya basta de achacarle a los bajos precios del petróleo esta situación! El gobierno debe asumir con denuedo, con responsabilidad de que la maldita corrupción se ha comido todos estos recursos de la dieta petrolera y que esta es la causa principal y casi única, de lo que padecemos los venezolanos. No hacerlo, no combatirlo, no sancionarlo, es ser cómplice de lo que padecemos, todos los que moramos en esta Bolivariana Tierra. Aun creo que hay un botón para resetear y reiniciar lo que se desvío

Y en definitiva y al igual que Anguita, todos hemos hecho cosas inusuales. En mi caso lo inusual es mi forma de vida, pero nada me ha preparado para lo que percibo, veo y vivo en mi entorno. Y espero, que nunca me disponga para esto, porque el día que eso pase, el día que me acostumbre, el día que yo vea normal que esta perversa realidad que me circunda debería ser lo habitual para mis hijos, para mi nieta, para mi familia, para la gente que quiero, ese día estaré muerto, ese día seré un zombie de verdad y no de película. Mientras tanto, mi cabeza da para pensar muchas cosas y que estamos jodidos y que eso no es normal es una de ellas. Y por eso, todos los días hago algo para que no sea de esa manera, aunque el extraño ahora, parezca yo.

 

cajucont@gmail.com

 



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Carlos Contreras


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