Complejidad y ciencias sociales

Este escrito ofrece una síntesis interpretativa y crítica de las ideas principales del artículo de dos académicos que abordan asuntos novedosos de las ciencias contemporáneas, principalmente de las ciencias llamadas de la vida (física, química, biología. ecología…); pero que, por extensión, afectan el núcleo temático del hacer científico, en cuanto a teoría y método, en el campo de las ciencias humanas y sociales, (Rodríguez, L y Aguirre, J. (2011). “Teorías de la Complejidad y Ciencias Sociales. Nuevas Estrategias Epistemológicas y Metodológicas”, www.revistas.ucm.es/index.php/…/36562).

Estos autores, apoyados en una visión diacrónica estudian la complejidad, en tanto que objeto de deliberación y reflexión, desde su origen a mediados del siglo XX; sin olvidar las implicaciones de índole filosófica y política que ello implica. Porque supone una crítica de fondo del actual sistema-mundo o modelo de civilización occidental donde domina la “razón instrumental”, la maximización de la ganancia o el utilitarismo y la persona humana y la naturaleza sería un elemento inerme e inconexo; propugna, en cambio una nueva “convivencialidad” tanto de los seres humanos entre sí, como de estos con la naturaleza. Lo que supone también otro cambio: la emergencia y legitimidad de la razón dialógica, el sentimiento o el reconocimiento de la afectividad y las interconexiones de la organización compleja y/o totalidad dialéctica, con procesos sistémicos, integrados, hologramáticos.

Destacan Rodríguez y Aguirre (ob cit) que la complejidad presenta al menos desde esa perspectiva dos vías para su elucidación, a saber, (a) el pensamiento del sociólogo y filósofo francés Edgar Morín (París, 1921), con sus tesis del pensamiento complejo con sus nociones que aluden a la realidad físico-natural y social-cultural como objetos relacionales, o totalidad organizada y organizaciones abiertas en interacción complementaria-concurrente, y (b), las ciencias de la complejidad (la cibernética, la biología, la termodinámica, la epistemología, antropología, la investigación social de segundo orden, entre otros); como fuere, ambos aspectos implican desafíos importantes en lo atinente a la sustentación filosófica y la metodología y técnicas de la investigación en el campo de las ciencias sociales.

En breve, el pensamiento complejo y las ciencias de la complejidad se nutren de un espectro amplio de disciplinas de nuevo tipo, como también un cúmulo de “filosofemas” ignorados por el canon tradicional de la “cogitancia” o el pensar, dudar y sus conjeturas acerca de nudos críticos que implican nuevos posicionamientos frente a lo real dado físico, social y cultural; parafraseando a los citados autores, estos señalan que en ese artículo se proponen reflexionar sobre el nivel epistemológico del concepto de complejidad y el marco de diversas ciencias, como la sistémica, la cibernética, la biología, la termodinámica, la epistemología, la antropología y la investigación social de segundo orden, entre otras, (ob cit).

En lo atinente al plano epistemológico, el pensamiento complejo y las ciencias de la complejidad discurren sobre la base de una racionalidad post-clásica e incorpora temas ignorados o vedados por el pensamiento científico de la modernidad, la ratio technica, que diría Mayz-Vallenilla (www.ucla.edu.ve/sepata5.pdf), tales temas vendrían a ser: el desorden, el caos, la no-linealidad, el no-equilibrio, la indicilidad, la incertidumbre, la contradicción, la auto-organización; asimismo, la complejidad incorpora los nuevos aportes de la investigación en áreas como la informática, ya que el software, por ejemplo, que permite la simulación de resultados y el modelaje; todo lo cual permite “ver” en entornos de la informática el comportamiento y la función biyectiva de “ida y vuelta” de procesos de producción, distribución y consumo de bienes y servicios, por ejemplo, para extender los límites o restringirlos.

La complejidad, en ese sentido, permite extender los límites de los criterios de la cienticidad, o de aquello que se considera científico y aquello que no es; y rompe el mecanismo reduccionista para entender la estructura fundamental de los procesos naturales y socio-culturales sin determinismos, de allí que la complejidad supone un quiebre o una ruptura epistemológica. La complejidad postula una ciencia que pasa de un lenguaje propio de las ciencias física-naturales, con lenguaje formal y matemático, propia del cartesianismo; ello ha permitido el desarrollo del lenguaje de la computación y las ciencias de la vida (física, química, biología, termodinámica); sin embargo, ese cuadro no necesariamente es exclusivo para desarrollar una mirada científica.

Las teoría de la complejidad, que es un campo de estudio que ha emergido desde mediados del siglo XX, como parte de la filosofía  post-empirista, que destrona a Popper y Kuhn, acota que la ciencia de nuevo tipo presenta un campo de límites borrosos, ya que el comportamiento de los flujos de la vida describe sistemas no-lineales, sino adaptativos; de donde se tiene que los agentes naturales y socio-culturales presentan cierto desorden y un volumen de movilidad cuyo campo presenta límites borrosos, como demostrara Weaver. Así se tiene que la Science Complexity  acuña el término “complejidad”, que destaca las variables intervinientes y la auto-organización, como expresa la epistemología genética, donde la inteligencia crece paralela a la maduración.

Una categoría que emerge de ese cuadro de las nuevas ciencias es la de “Complejidad organizada”, que es una estructura con elementos articulados, donde puede observarse que es posible superar principios opuestos o tendencias a la dispersión y la disolución; así se tiene que, de acuerdo a la complejidad de Edgar Morín, con su perspectiva de no-separabilidad, permite: (a) pasar de una noción de objeto esencial-sustancial a una noción de objeto relacional (totalidad organizada) y (b) la noción de “Organización abierta”, hace visible que la organización como tal tiene interacción o relación complementaria y concurrente, lo cual (c) permite distinguir los grados de la complejidad organizada, ya que observa una articulación concurrente.

Desde una perspectiva inmediata y concreta, los autores antes citados acotan que son ejemplos de problemas complejos y no separados: el hambre en el mundo como fenómeno social, la pobreza, la desigualdad, la degradación ambiental, cuya comprensión, simulación y modelación con fines de superarlos solo es posible bajo una visión del pensamiento complejo; la ciencia de los sistemas complejos, que viene del mundo anglosajón usa, como ya se ha dicho modelos matemáticos, la simulación de comportamientos y herramientas metodológicas concretas que permiten abordar el estudio de los más diversos sistemas complejos, de tipo ambientales, sociales, organizacionales y económicos; imita en su metodología a las redes neuronales adaptativas y sistemas multi-agente, por eso las ciencias de la complejidad asumen una nueva noción epistemológica y metodológica.

El posicionamiento ontológico o visión de la realidad de las teorías de la complejidad viene a ser que la organización de la naturaleza  o de la realidad socio-histórica y cultural, cuyo actor principal es el ser humano, no es fragmentaria sino producto de acciones y retroacciones en un proceso inmerso en variables intervinientes de diverso tipo; de donde se tiene que las ciencias de la complejidad desechan el método clásico de la objetividad y variables controladas, con procedimientos estocásticos; en cambio, la complejidad asume la subjetividad, la reflexividad y el requisito de la  no separabilidad, cuyo corolario vendía a ser la interdifinidad o resolución anti-reduccionista. Ya que “El mero criterio cuantitativo no es suficiente para precisar el grado de complejidad de un sistema”, por el contrario un único autor referencial, que se diría informante clave, puede validar un determinado caso de conocimiento.

Individuos y organizaciones actúan generalmente en entornos complejos, por ello es de particular importancia manejar información de que eso es así  y no actúan en contextos fragmentarios, además de que solo se maneja información objetiva sino que las emociones son importantes para la obtención de resultados adecuados. En la gestión del talento humano es importante trabajar los desacuerdos, expectativas, necesidades y satisfacción, todos ellos aspectos subjetivos, para el diseño de modelos de acción con aspectos destacados de estrategias exitosas. Junto con la  capacidad para adaptarse a realidades marcados por la incertidumbre, pues mientras muchas empresas prefieren decir me retiro, otras por el contrario deciden planificarse mediante el conocimiento que permita desarrollar responsabilidad y liderazgo transformador, con procesos adaptativos cuya herramienta fundamental lo ofrece la teoría de la complejidad, que conlleva a generar equipos eficientes, como sugiera Salgado, (ElimpulsoDigital.com/ Barquisimeto, 14 de octubre de 2014, y www.cphuman-consulting.com)

Según Rodríguez y Aguirre (ob cit) la gobernanza medio ambiental supone hacer un esfuerzo por abordar semejante proceso desde la perspectiva abierta, que aborda las ramificaciones de un área concreta en el marco de un sistema-mundo, de tal suerte que la regulación de la ocupación y uso del espacio con fines de desplegar actividades económicas y de urbanismo no está aislado  de la práctica bajo una visión fragmentaria que obvia las interrelaciones, de donde deviene los daños y desregulaciones a lo interno de la organización societal y civilizatorio; aunque cada cual tenga sus particularidades, todos los elementos sin embargo están interrelacionados.

Una situación problemática como la gobernanza medio ambiental, se ubica en el campo de límites borrosos propio de los sistemas complejos en sentido amplio, no lineales y adaptativos; en ese aspecto la Sociología de la Acción de las Organizaciones  (SAO); como escuela sociológica francesa de las organizaciones, aborda esos tópicos recurriendo a las teorías de la complejidad. Y realiza  simulaciones de eventos y procesos para luego realizar modelaciones en un sistema de acción  concreto, lo cual debe describir el comportamiento de las variables intervinientes con imponderables eventuales, pues se minimizan o maximizan determinados aspectos de un sistema multi-variable, con algoritmos representados en una especie de cuadro de mando central.

Finalmente, se tiene entonces que la complejidad y las ciencias de la complejidad tienen un doble vínculo, ya que (a) representa un campo de estudio en sí mismo, esto es el estudio de las ciencias de la complejidad y lo complejo como objeto de estudio y (b) las derivaciones e implicaciones de índole filosófico que ello implica, por la carga de ruptura que supone asumir otras perspectivas que a lo interno son dos concepciones que se ubican en las antípodas, a saber, (i) el pensamiento complejo y (ii) las ciencias de la complejidad.
Cada cual, pensamiento complejo y ciencias de la complejidad, argumentan Rodríguez y Aguirre, exigen la pertinencia y legitimidad de un determinado modo de entender la complejidad, de lo cual se puede decir que esa división podría ser expresión del debate epistemológico y metodológico a lo interno de las comunidades científicas; donde sus integrantes expresan sus percepciones acerca del hacer teórico y metodológico, como recursos deliberativos que funcionan como “cajas de herramientas” para abordar diversas dimensiones de lo real, por eso se distingue que  (a) las ciencias de la complejidad tienen una mirada estrictamente científica, con criterio de demarcación, propios de la concepción heredada del positivismo lógico del siglo XX, que es el andamiaje de todo el desarrollo científico-técnico de la modernidad actual.

A su vez, estas nuevas ciencias de la complejidad discurren sobre nuevos tipos de problemas y objetos de estudio, entendidos como sistemas complejos que amplían los criterios de cienticidad, aspecto este que determina o influye para que emerjan nuevas perspectivas epistemológicas y metodológicas, de allí que (b) se establece una nueva concepción epistémica alternativa al tradicional modo d entender la ciencia y el conocimiento, dicen los autores referenciados.

Se entiende entonces que lo que  tales académicos ya nombrados denominan estrategia metodológica, constituye una reconfiguración novedosa que se ubica, por así decir, fuera de los cánones del método científico estándar sino que incluye la reflexión, la crítica y la autocrítica, es decir, permite la inclusión del sujeto como portador de conocimiento desde la perspectiva personal de concebir la realidad, donde actúa también la razón afectiva, donde juega la subjetividad e integración  cuerpo-mente, la naturaleza y la cultura. 



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Luis B. Saavedra M.

Docente, Trabajador popular.

 luissaavedra2004@yahoo.es

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