Convertir en realidad el sueño del socialismo del siglo XXI

Tres núcleos de ideas conforman estas frases. Primero, que los sueños, a pesar de su carácter ideal, no son pura utopía, sino que pueden materializarse. Segundo, que para el logro de lo primero es indispensable que se posea la capacidad de soñar, la imaginación creadora de algo ideal que algún día se hará indefectiblemente una realidad. Tercero, que la vía que conduce a la realidad, es la persistencia o lealtad al sueño, la convicción de que ese sueño es verdadero y amable y, además, de que sólo la acción, los esfuerzos y sacrificios perseverante de hombres, pueblos y generaciones, ya sea por años y por centurias, harán posible su engendro, su desarrollo y su plasmación en carnes de la realidad.

Y a tono con las consideraciones anteriores, vale la pena que reflexionemos de qué modo se producen los cambios en las concepciones política y en los sistemas sociales a partir del ejemplo cubano, ahora que se cumplen 45 años de la declaración del carácter socialistas de la Revolución Cubana. En la actualidad, grandes multitudes sueñan y están convencidas de que un mundo mejor es posible y Chávez, Presidente de Venezuela, ha lanzado la idea de construir creativamente el socialismo del siglo XXI. Este es el gran reto no sólo de los sectores reconocidos como de izquierda, sino también de todos los sectores populares, explotados, progresistas, e incluso de los integrantes de capas favorecidas, que pueden coincidir y amalgamarse, en un proceso de concientización, en torno a la necesidad del cambio social y del desarrollo ineluctable de las ideas del socialismo para salvar a la humanidad de las consecuencias aniquiladoras del actual sistema capitalista mundial.

Las ideas sobre el sueño alcanzable han estado vigentes en la historia y la vida del pueblo cubano, tanto en el pasado como en el presente. Desde que el pueblo cubano cobró conciencia de su nacionalidad surgió el primer gran sueño de la patria redimida y libre. El sueño de independencia se convirtió entonces en el gran ideal del pueblo cubano, mezcla de indios, españoles y negros esclavos. ¿Cómo soñar con aquel ideal en aquellos tiempos en medio del poderío del conquistador español con sus enormes fuerzas y doctrinas sobre la dominación y la pertenencia inevitable de Cuba a España? ¿Cómo concebir la independencia en medio de las ideas del autonomismo, primero, y del anexionismo a Estados Unidos, después? No era fácil ese sueño, pero lo mejor del pueblo cubano, entre la población de ricos, pobres, libres y esclavos, tuvo la extraordinaria capacidad de soñar con esa independencia a pesar de las condiciones adversas que le imponía el colonialismo español. Ése fue el punto de partida para iniciar la gran epopeya por la conquista del sueño de la independencia de Cuba. ¡Que sin par ejemplo de perseverancia legaron los próceres! Esa persistencia y obstinación detrás del sueño estuvieron presentes en las primeras conspiraciones frustradas, en la guerra iniciada en 1868 y proseguida durante diez años, en la nueva intentona de la guerra chiquita y en la definitiva guerra necesaria de 1895 que guiara José Martí.

Pero alcanzada la independencia de España, los Estados Unidos impuso una nueva dependencia a su poderío. La lucha por la independencia del pueblo cubano, por la conjunción de la contingencia de la política entre las naciones poderosas y rapaces y la capitulación entreguista de sietemesinos nacionales, dio a luz un sueño incompleto que no concordaba plenamente con el enarbolado en las ideas de Céspedes, Maceo, Gómez y Martí, y seguido estoicamente tanto por las tropas heroicas que integraban el ejército mambí como por la gran masa del pueblo.

Por eso cobró más fuerza que nunca la necesidad de persistir en la necesidad del sueño. Con el comienzo del siglo XX se inició la continuación de una nueva lucha por lograr una patria más libre y justa. Esas aspiraciones, a pesar de derrotas y caídas, siempre se renovaron a lo largo de todo el período de la república mediatizada. Fueron las batallas de los obreros, de los campesinos, de los estudiantes y de los intelectuales; fueron las batallas de la gran masa del pueblo cubano las que condujeron en un momento crucial al gesto de rebeldía mayor que constituyó el Asalto al Cuartel Moncada, liderado por Fidel. Hasta entonces el sueño había representado solamente un país libre donde imperara la justicia, pero en la conciencia del pueblo cubano quizás no estaban suficientemente claros todos los contornos de ese sueño. La imagen cobró nitidez y alcanzó ribetes reales cuando Fidel en su alegato “La historia me absolverá”, definió la situación económica y político-social del país y proyectó la imagen de la patria que se aspiraba alcanzar. Fue aquí donde por primera vez el sueño del pueblo cubano apareció descrito con luz esperanzadora.

Y a pesar de la derrota y condiciones adversas, el pueblo cubano persistió en su histórica lucha, ahora con más convicción y bajo la guía esclarecida de Fidel. Ahora el sueño estaría indisolublemente ligado a la victoria de la Revolución. Y jalones de esa historia fueron el Desembarco del Gramma, las luchas en la Sierra Maestra y en las ciudades, las pequeñas y grandes victorias a costa de esfuerzos y sacrificios heroicos. Nunca se podrá olvidar que para hacer realidad la victoria del Primero de Enero, el pueblo debió pagar el alto precio de 20 mil muertos. Fue en aquellos días la fiesta de la victoria por el alcance al fin de un viejo sueño que se atesoraba en la conciencia desde el siglo XIX .

La revolución triunfante llevó a la práctica el ejercicio de la libertad y la justicia para las grandes masas del pueblo. Por primera vez en la historia de Cuba se convertía en realidad un sueño que rebasaba las dimensiones originales de lo soñado. Y fue así como al calor del quehacer revolucionario, surgió un nuevo sueño nunca antes entrevisto por las masas: la construcción del socialismo. Su proclamación se hizo precisamente el 16 de abril de 1961, un día antes de la invasión mercenaria por Playa Girón, organizada, financiada, pertrechada y dirigida por Estados Unidos.

Así se inició la construcción del socialismo en Cuba hace 45 años, convencidos de que con ello, al decir de Martí, se insertaba el mundo en el tronco y raíces de la república.

¿Qué significaba para el pueblo cubano ir en la consecución del socialismo, es decir, el sueño mayor que jamás concibiera desde el punto de vista social? Claro que significaba el perfeccionamiento del sueño original de una patria independiente, libre y justa. Significaba empeñarse con tesón y sacrificio en la obra de construir una nueva sociedad. Su inteligencia y sus propias manos tendrían que ir dando forma cada día a la imagen más acabada de esa sociedad, pero pagando también su cuota de sudor y sangre como en tiempo pasado. No se trataba simplemente de recorrer un camino libremente escogido. Se trataba de enfrentar cuantos escollos y agresiones de todos tipos interpusiera el enemigo, y ese enemigo ha sido el mismo desde el siglo XIX: Estados Unidos y sus lacayos internos y externos.

Y hoy, teniendo a la vista el acontecer de la política internacional, se impone sacar conclusiones de por qué Cuba prosigue imperturbable y con optimismo la magna tarea de construir el socialismo, aún en las peores coyunturas históricas que han surgido o puedan surgir. Ahora para convertir el socialismo en realidad, no basta la capacidad de soñar ni de contemplar. Para desarrollarlo y perfeccionarlo en las nuevas condiciones históricas, hay que mantener la perseverancia, la fe y la fidelidad en ese hermoso sueño, de las que dieran pruebas extraordinarias sus principales fundadores: Marx, Engels y Lenin. Ahora como ayer es una necesidad el amor puesto en la obra que se construye, la lucha incansable por lograr convertir todos los sueños en realidades, la defensa de las conquistas y de los sueños contra las pretensiones de los enemigos de cualquier ralea.

Cada ser humano, parte esencial de los pueblos del mundo, está llamado a una lucha continua por su felicidad en un mundo mejor que le libre del miedo y la pobreza, y, como parte de ese propósito, convertir en realidad el socialismo del siglo XXI. Conservemos nuestra capacidad de soñar y la perseverancia y la fidelidad absoluta a ese sueño, y se logrará más temprano que tarde.


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Wilkie Delgado Correa


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