Dolores físicos y espirituales

Esto del Chicungunya no es vaina normal: Articulaciones entumidas. Dolor. Fiebres de más de 39 grados, cefalea, ojos inyectados de sangre, desfallecimiento…

Si no fuera por los CDI que la revolución ha construido en las comunidades populares quién sabe qué hubiera sido de nosotros, aunque también nos duele que el sistema público tradicional de salud en Venezuela sea tan precario, con escasez impresionante de medicinas, además de que hay un grave problema de eso que en los libros de Higiene o Social, Moral y Cívica de los años 80 llamaban de salubridad y saneamiento ambiental.

Para completar donde los chinos ya no hay equipos para fumigar en las casas, de aquellos de las bombitas, no hay jabón y en la ciudad de Barquisimeto desde este lunes no tenemos agua. “Estos gobiernos nos van a venir matando, el nacional y el regional… estamos muy mal”, nos decía una vecina que andaba también prendida en fiebre estos días.

Hemos estado enfermos de tan terrible mal todos estos días y hemos tenido comprometido el desplazamiento o la movilidad, ya desde el jueves pasado, (13-11-14) cuando, por cierto, se conformaron los jurados en la UPEL-IPB para actuar en los Concursos de Oposición; todo ello nos ha hecho padecer dolores físicos y espirituales indecibles. Aunque nadie nos crea…

Pero ha sido así, quién sabe si Dios mismo nos quería decir con ello que nos inhibiéramos, para no infligirnos más suplicios o herir a otros, aunque decir eso es poco científico. Lo sabemos. Los resultados nos han traído alegrías y tristezas. Unos colegas ingresaron legítimamente a la universidad y otros infelizmente reprobaron.

Cada cual debemos asumir nuestra responsabilidad, sin transferir a otros en control del foco de la acción, somos adultos y de este domicilio, pero eso es harto complicado, los más culpan es al otro y hasta sacarnos vulgarmente todas las generaciones. No hay respeto, esos más creen que todo obedeció a componendas. En fin eso ha sido causas de dolores espirituales. Sinceramente.

En breve, hemos padecido dolores: Físicos, porque la enfermedad nos ha hecho sentir el aguijón terrible que este virus raro comporta, de artritis epidémica paralizante y esas fiebres infernales y atormentadoras, que hacen sentir a uno al borde de la muerte; hoy lunes que escribo estas notas, apenas he podido asistir a mis clases habituales.

Aunque entiendo que los alumnos de Sociología de la Educación del 1er Semestre debían asistir al Auditorio Magdalena Seijas de López al Curso de Iniciación Universitaria. Un diseño de política interna en la UPEL_IPB que muy pocos entienden cuál es su finalidad.

Espirituales. Porque cuando uno evalúa el producto escrito de cada uno de quienes hacen las oposiciones pero no todos alcanzan a desarrollar un texto creativo, sintético y con amplios dominios de los contenidos del programa sinóptico en cuestión, ni mucho menos.

Equivocan el enfoque teórico-metodológico y en la sustentación argumentativa muestran falencias, aunque no se pide un alto nivel de erudición. Podemos decir en general que nuestra academia necesita en ciertas instancias eso que Jorge Luís Borges da en llamar: Del rigor de la ciencia, (Obras Completas. El Hacedor. Del rigor en la ciencia. P. 847).

Luego, alguien pierde la compostura y nos preguntamos: ¿podrá alguien así cumplir con lo dispuesto en los artículos 104 de la Constitución Bolivariana de Venezuela? Que a la letra reza que: “La educación estará a cargo de personas de reconocida moralidad y de comprobada idoneidad académica”… cegado por el dolor y la rabia, nos han increpado: Profe, me debe esa, ¿estará consciente que eso es una amenaza? ¿Hay que pasar a todos para evitar problemas? ¿Un resultado adverso es siempre una derrota? Preguntémosle al poeta Rafael Cadenas…

En fin, en pasillos y cafetín de la UPTAEB un Prof., Darío Gómez, que creíamos una amigo, hostiga una colega y me manda a decir que estoy sentenciado y no sé cuántos insultos más… No creo que ese sea el perfil de un flamante docente contratado de esa universidad revolucionaria como esa UPT. Pero qué hacemos, ¿nos callamos?

Pero, en fin, creemos que ciertos eventos tristemente producen lo que Boaventura de Sosa Santos denomina: “El desencuentro de la Universidad consigo misma”, (en: La Universidad en el siglo XXI. Para una reforma democrática y emancipadora de la Universidad. Centro Internacional Miranda. Caracas. 2004); pero debería ser lo contrario.

Los eventos aludidos conducentes a proveer nuevo personal docente y de investigación en diversos departamentos, planes y programas de la universidad debería ser una gran fiesta académica; fuera de esa especie de mar de pasiones e intereses personales y político-partidistas, que impiden que la toma de decisiones se haga solo en consideración a los méritos de cada cual. Pero eso es imposible, ¿quién fue que dijo que en el mundo de lo humano no hay orden racional posible, Kant?

Hay quienes pretenden, de uno y otro sector político, chavistas y opositores, imponer que los ganadores y que los resultados no obedezcan al conocimiento demostrado sino a la filiación ideológica; creándose así una distorsión.

Igualmente, convendría reflexionar y tener presente que el que pierde no es que uno lo lance al ostracismo sino que debe reelaborar su estrategia, la lucha sigue, como se dice; una faena errática cualquiera la ha tenido. Aunque no se dedique a los toros o al picheo en el beisbol. Ya vendrán nuevas oportunidades y la universidad tendrá que enrumbarse hacia un mejor destino, como dijo Chávez el 4 de febrero de 1992, ¿no fue así?

El citado epistemólogo latinoamericano Boaventura de Sousa Santos acota al respecto que tal situación política y personal condicionante y precaria debe cambiar en la universidad; así dice textualmente:

“Las reformas deben partir del supuesto de que en el siglo XXI sólo habrá universidad cuando haya formación de grado y de postgrado, investigación y extensión. Sin cualquiera de estas habrá enseñanza superior pero no habrá universidad. Esto significa que en muchos países la aplastante mayoría de las universidades privadas y parte de las universidades públicas no son universidades porque les falta la investigación o el postgrado. La reforma debe entonces distinguir más claramente entre universidad y educación superior”…, (ob cit., p. 84).

¿La última parte de la cita no hace recordar la expansión de la matrícula universitaria en Venezuela y los nuevos dispositivos docentes pero donde la investigación y la extensión universitaria no se ven por ninguna parte? ¿Cuál será la disposición del personal de nuevo ingreso a la universidad para la investigación y la extensión? ¿Tienen ya experiencia en investigación y publicaciones? ¿O son solo activistas políticos?


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Luís Saavedra

Docente, Trabajador popular.

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