Las máscaras del poder: la ideología (III)


“Los anarquistas no quieren ver precisamente la revolución en su nacimiento y en su desarrollo” Lenin “El Estado y la Revolución”. Los períodos de transición, son para los anarquistas períodos inútiles y evitables, para que los cambios se produzcan en el menor tiempo posible. “Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista, media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda” (Marx). Después de muerto Marx (1883), Federico Engels, defenderá la necesidad del Estado democrático burgués, en el período de transición del capitalismo al socialismo. Cierta es la afirmación de que el marxismo-leninismo fue una invención del manualismo soviético. Al investigar con rigor, encontramos que hay más relaciones entre las ideas de Engels y de Lenin, que entre las de Marx y Lenin. El cientificismo del positivismo causó impacto en Engels. Que Lenin recomiende conocer a fondo a Hegel para poder entender a Marx, es asunto que nos crea incertidumbre. En descargo de Vladimir, debemos saber, que la mayor parte de la obra de Marx, se publicó después de la muerte de Lenin. Una monumental obra como La Ideología Alemana, (Marx-Engels), se público por primera vez en 1932 y Lenin había muerto en el 24.

Es demostrable la afirmación, que después de muerto Marx, Engels, tomó la ruta de aproximación a la socialdemocracia. A su lado estuvieron Bernstein y Kaustky. Dos conocidísimas figuras de la socialdemocracia. Bernstein fue fundamental en la fundación del Partido Socialdemócrata de Alemania. Fue el mismo pérfido personaje, que Rosa Luxemburgo enfrentó y denunció con mucha firmeza. Fueron los socialdemócratas, los asesinos de La Rosa Roja. Pagó con su vida, su lealtad a los principios revolucionarios. Profundas investigaciones nos conducirán al descubrimiento de los nexos tanto ayer como hoy, de las ideas socialdemócratas, con las del capitalismo. Por mejor decirlo en tono más claro: la socialdemocracia es el mismo capitalismo con otra careta. Debemos preguntarnos: ¿podemos pensar en un Estado burgués, como expresión de la soberanía popular? ¿El Estado burgués no es acaso enemigo del Poder Popular?

Lenin toma la idea de la dictadura del proletariado de Marx, “Los reformistas y los socialdemócratas-dice Lenin- tienen una veneración supersticiosa del Estado”. En verdad, es la clase trabajadora, “los dueños de nada”, los primeros en ser llamado al implosionamiento del Estado capitalista. Tremenda tarea histórica les encomendó Marx. Hoy, al proletariado debemos incorporarle toda la clase trabajadora explotada. Para éste propósito, la clase trabajadora tiene primero que tomar el poder. Cuidado con el equívoco de tomar el poder y no destruir el viejo Estado en todas sus cimientes. Los errores del capitalismo de Estado burocrático y corrupto de la Unión Soviética, debe servirnos de poderosa alerta. La transición es pues, la conquista de todo el poder por parte del pueblo. Ir a la raíz, es cambiarlo todo, es poner la especie humana en el centro de los acontecimientos. Ir a la raíz, es ir al fondo de la condición humana. Aquí en la cultura, es donde una revolución triunfa o es derrotada. Es “el hombre y la mujer nueva” como eje y columna vertebral de la nueva sociedad. “inventamos o erramos”. El Poder Popular, es una construcción del pueblo y para el pueblo, que no saldrá de ninguna institución del Estado liberal burgués. El pueblo no debe pedirlo ni mendingarlo, el poder, tiene el pueblo que conquistarlo. Es el pueblo construyendo su propio gobierno. Esto requiere de unidad, organización y claridad teórica con práctica correcta. Este tránsito es complejo. La burguesía una vez en el poder, fue liquidando todo el viejo régimen medieval, y creando un nuevo Estado capitalista. Fue primeramente revolucionaria, pero prontamente reaccionaria. Pretender construir el socialismo dentro del marco del sistema capitalista, es no conocer el metabolismo del capital.

Sabido es, que no siempre ha habido Estado en la historia de la humanidad. El Estado es la confesión de la existencia de contradicciones e intereses opuestos en el seno de una sociedad. El Estado no representa a toda la sociedad, sino a una minoría. Desde ese Estado, esa minoría controla toda la sociedad. Lo público y lo privado, son antagónicos, pero con el Estado burgués, los capitalistas logran controlar lo público y lo privado. El Estado es una creación humana, que la ideología hace aparecer como el producto del consenso social. La ideología, engaña, oculta, tergiversa, defiende y reproduce todas las formas de dominación de esa minoría.

Reformistas como Kaustky (El Renegado), Bernstein y los sucesivos socialdemócratas, quieren conquistar el poder sin destruir el Estado. Proponen la vía electoral y con la mayoría en el parlamento, desde allí, transformar al gobierno. Falsas ilusiones para enmascarar su verdadera propósito, que no es otro que el de darle fuerza al capitalismo. Lenin admitió que la dictadura del proletariado no tenía necesariamente que ser la dictadura de un partido, sino lo que más se asemejara a la Comuna de París. ¿Cómo pretender que con la lógica y los instrumentos de los dominadores históricos, se puedan hacer los cambios estructurales, que hagan añicos al viejo orden de dominación? La burguesía no se hace el harakiri. El socialismo no puede ser simplemente la ampliación de las libertades democráticas, o las conquistas de logros materiales. Una revolución cuando en verdad lo es, es la manifestación activa de la violencia de los explotados. Esta activación diaria de la democracia popular, es decir, la participación consciente y organizada de los pueblos, que día a día se van apoderando de las funciones del Estado y demoliéndolo, es el camino expedito para llegar al socialismo.

El papel de la ideología capitalista es reforzar el reformismo. La ideología en su papel de control, llega a promover cambios permitidos, reformas que no afecten severamente las bases del sistema dominante. Crea partidos políticos reformistas, aprueban leyes que amainen las tensiones sociales, sostiene que los defectos y errores del sistema son humanos o gerenciales, y por lo tanto de lo que se trata, es de cambiar a Pedro por Juan, hasta propalan la falaz idea, que las crisis del capital, se resuelven con un cambio administrativo. Vociferan que el sistema capitalista es mejorable y humanizable. Que se requiere el esfuerzo y la concordia de todos. Que la lucha de clases es una locura. Que los acuerdos entre esclavos y amos, es lo más sensato. Que la nación somos todos. Hablan de presuntas igualdades y de oportunidades ciudadanas, en un modelo que por su naturaleza es opresivo, explotador, desigual y excluyente. Que el trabajo de todos es la garantía de la paz social. Que el respeto a la propiedad privada es la base de la concordia. Que la propiedad privada es inalienable, pero no así el trabajo. Que el trabajo dignifica la condición humana. Que el Estado es un mediador social. Que el trabajo es la fuente de toda riqueza, pero sin riqueza para los que la producen. ¿Cuántos pobres se necesitan para hacer a un nuevo rico? Los ideólogos del Estado burgués, hasta llegan a justificar el darwinianismo social como inevitable. En fin, luchan para salvaguardar al capital. De todas estas mentiras, se encarga la ideología como sistema.

La ideología no descansa, permanentemente está haciendo su trabajo de ocultar las máculas y reproducir al sistema, manteniendo alienado y enajenado a la fuerza de trabajo. Producir y consumir son los dos primeros verbos que nos enseñan desde niños. En el capitalismo, nada escapa a la sospecha de ser ideología. Separada la teoría de la praxis (cartesianismo), el dominador puede hacer más eficiente su dominación. La ideología encubre las raíces destructivas del modelo, haciéndolas aparecer naturales y normales sus crueldades, de este modo, reproduce permanentemente los mecanismos de “falsa conciencia” y dominación del sistema. La ideología conculca la realidad, no deja ver el fondo del drama, muestra solo la fachada del teatro. Tener suficientemente claro la etiología y los mecanismos operantes de la ideología no es sencillo. En verdad, la oposición a la ideología, sólo es posible desde la lucha de clases. Destruir las bases de la ideología capitalista, es vital para construir el socialismo. Ludovico Silva, nos recomienda que para poder entender a plenitud la categoría ideología, hay que construir UNA TEORIA DE LA IDEOLOGIA, para detectar y sacar a flote, todos los nexos ocultos del sistema capitalista. La ideología efectivamente es una superestructura, que abarca el todo social.

“El mundo de la ideología y de la cultura….se presenta como un edificio, como una fachada, que es lo que generalmente los hombres alcanzan a ver: el Estado, los cuerpos jurídicos, la moral, el arte, la política, sin darse cuenta de que todos ese edificio, está sustentado por unos cimientos ocultos, pero poderosos. Estos cimientos constituyen la estructura de la sociedad, “el taller oculto de la producción”, el aparato material productivo de la sociedad…donde el capital realiza sus grandes negocios fraudulentos con el Trabajo, es decir, donde se enfrentan el capitalista y el trabajador” Ludovico Silva (Contracultura). Así, el capital, logra encubrir “las crueles relaciones….entre capitalista y obrero” Ob cit. En la sociedad capitalista, nada escapa a la sospecha de ser ideología. Sólo desde la conciencia de clase, se pueden entender y derrotar a la ideología. Pero la conciencia no es una opción maniquista entre lo malo o lo bueno. La conciencia debe conocer en profundidad los nexos intrínsecos del sistema y destruirlos, para construir la sociedad nueva. Es una acción de develar, destruir lo viejo y construir lo nuevo. “Conocer la realidad para poder transformarla” Marx.

Inicialmente, los pueblos primitivos construyeron sus diversas manifestaciones culturales. El paso de la propiedad comunal a la propiedad privada, trae consigo contradicciones, como las habidas en sociedades divididas en clases. Con la división del trabajo y el posterior aparecimiento del Estado, las igualdades sociales, van desapareciendo. Ahora, había verdades (contradicciones) que ocultar. Por ej: La pobreza cada vez más visible, era hija de la riqueza dominante, pero la pobreza tenía que aparecer como un destino. Hombres mujeres y niños fueron arrastrados a la vil explotación, con cuyo trabajo se construyó la propiedad privada. La propiedad privada es hija de la explotación. Mentiras que la riqueza se construye con el trabajo personal. El pobre nace pobre y muere pobre, pero produce riqueza para otros. Países ricos, fueron empobrecidos. Hoy esta minoría, mil veces denunciada como explotadora, asustada por la miseria que ellos han generado, incapaces de poder solventar los problemas que han creado, piensan en la guerra de todo tipo, incluyendo la bacteriológica para mermar la población pobre del planeta. Son darwinianos. “Los prejuicios de los grandes son las leyes de los pequeños” Helvetius. Esta contracultura puesta al servicio de los propietarios, se fue transformando en ideología, y el chaman, piache o sacerdote, en ideólogo. El poder tiene a su servicio, mercenarios para que le hagan el trabajo ideológico.

Recordemos la labor ideológico-misionera de la iglesia católica española durante la conquista de América. Toda la cultura aborigen era una blasfemia contra el Dios europeo, los misioneros católicos se encargaron de validar el colonialismo con toda su ferocidad. La transculturización causó más de 20 millones de aborígenes asesinados, todo el continente en manos de sus nuevos amos invasores, fue el saldo que siempre debemos tener presente en nuestra lucha política diaria. “el capitalismo vino al mundo chorreando sangre por todos los poros”. (Marx). A nuestros aborígenes, los conquistadores les privaron de sus bienes, de sus culturas y de sus vidas, pero se les ofreció un paraíso en el más allá. De este engaño se encargó la ideología. La consigna española de “Santiago cierra a España”, válida en su larga lucha contra el judaísmo y el islamismo, se transpoló a nuestra América, y fue aplicada a sus originales habitantes.

Definitivamente, Marx cambió la interpretación de lo que debe ser la ideología. Con su método, podía reconstruir el todo de la realidad concreta, es por ello, que en la ideología como categoría, encontramos los numerosos puentes, vasos comunicantes y nexos que existen como herramientas de dominación social. Hablamos de la visión holística y sistémica del capitalismo. Lejos muy lejos queda Destutt de Tracy y Napoleón. La ideología es una poderosa arma de la reacción. Pretender hablar de revolución socialista llevando consigo la ideología como orientadora, es el peor de los desatinos. A la ideología debemos oponerle la lucha de clases. La ideología no aclara, oscurece, oculta y reproduce, lo que le interesa a la clase dominante. (Continúa el próximo sábado).



jesusm-vivas@hotmail.com











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Jesús Vivas

Profesor Universitario con 45 años de servicio docente. PhD en Historia, egresado de la Universidad Complutense de Madrid. Más de 700 Artículos publicados a nivel nacional e internacional, mas de 60 años en la lucha revolucionaria, soy Jesus "Chucho" Vivas

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