Socialismo con caracter de urgencia

A la puesta en marcha de una especie de imperialismo corporativo liderado por Estados Unidos, el cual ha impuesto -prácticamente sin mayores oposiciones- un régimen de soberanía supranacional que, por supuesto, sólo busca favorecer sus intereses en particular, los pueblos del mundo le han opuesto una resistencia expresada en la implementación de iniciativas integracionistas, como las desarrolladas en nuestra América, como ALBA, UNASUR, CELAC, entre otras, que han servido para contrarrestar el inagotable y voraz afán neocolonial gringo de las recientes décadas. Esto ha obligado a Washington a echar mano, cuando no a la amenaza y la agresión directa, a procedimientos algo más sutiles para asegurar así su hegemonía, tales como los tratados de libre comercio con los cuales ha intentado restituir su propuesta anexionista del ALCA. A dichas iniciativas se agrega la propuesta de un nuevo socialismo, extraído éste de la peculiaridad histórica de nuestros pueblos y que -como lo refiere Atilio Borón en su obra “América Latina en la geopolítica del imperialismo”-  surge “como alternativa ante un sistema cuyos daños son irreparables dentro de sus propios parámetros y cuyas contradicciones son insolubles”.
 
Pese a los buenos augurios respecto a las condiciones que resultan favorables para la instauración de este socialismo del siglo XXI, lo cierto es que el mismo tiene ante sí un enorme desafío histórico, puesto que de él dependerá si la humanidad podrá evitar la catástrofe a que nos conduce de modo inexorable el sistema capitalista, lo que impondría -forzosamente- la necesidad de revisar bajo qué parámetros podría elevarse este nuevo socialismo como alternativa, parámetros que han de diferenciarse radicalmente de aquellos que caracterizan al capitalismo en general. En consecuencia, tal socialismo no tendría que ser una versión amable del capitalismo sino más bien ser su definitivo sepulturero. Sin embargo, todavía pueblos y gobiernos persisten -de una manera tenazmente absurda- en mantener con vida un modelo civilizatorio que, gracias a su actividad extractiva y consumista exagerada, terminará por condenar a la extinción entera la vida en nuestro planeta.
 
Tal como lo expone Atilio Borón en su libro, “el capitalismo actual conforma un mundo crecientemente violento, militarizado, excluyente, polarizado, inestable, cruel y predatorio: en suma, la barbarie en toda su expresión. No hace falta demasiada imaginación para comprobar en él los rasgos definitorios de un sistema que se encamina, demencial e irresponsablemente, hacia su propia destrucción. La gran pregunta, que sólo la historia resolverá, es si la única alternativa posible, el socialismo, reúne las condiciones objetivas y subjetivas requeridas para, como decía Marx, acabar con la prehistoria de la humanidad y comenzar a escribir la historia de la emancipación humana. Por supuesto, para esta crucial interrogante no hay respuesta posible desde la teoría. La respuesta la dará la praxis histórica de los pueblos en su lucha por la autodeterminación”.  Una cuestión que está sobre el tapete y exige del campo revolucionario, con sentido de urgencia y suficiente conciencia histórica, toda la disposición para hacerlo realidad, sin que ello suponga la adopción perniciosa de nuevos dogmas que terminarían por abortar su posibilidad cierta.-   
 


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Homar Garcés


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