El mito de la Oferta y la Demanda

Comercio, mercadeo, fijación de precios, escasez, abundancia y afines, han sido categorías económicas derivadas de la contraposición de la oferta a la demanda. Así las han manejado los estudiosos y prácticos no marxistas y marxistas.

En realidad, la oferta y la demanda representa una falsa “ley”, entre otras, que responde a la incipiencia y el empirismo que siguen vigentes en la literatura económica, tanto de la Economía vulgar, o burguesa y proburguesa, como en la marxista que se ha visto obligada a seguir manejándola en sus críticas a fin de facilitar su comunicación con los tratadistas y prácticos de aquella. Téngase muy presente que la Economía Marxista, o su crítica a la Economía Política Clásica, sigue su lucha contra los intereses burgueses, razón por la cual, siguen rezagados muchos mitos y falsas concepciones económicas manejadas por la Economía vulgar. Cuando hablamos, pues, de oferta y demanda tratamos el desbalance entre producción y necesidades.

Así, por ejemplo, cuando decimos que hay abundancia de alguna mercancía, si esta es perecedera, ese excedente responde a que esa mercancía fue acaparada mediante conservación[2] artificial y alargamiento de su vida útil. La verdadera razón de esa “sobreoferta” es la insolvencia potencial propia de una sociedad donde, para el comerciante, sus inventarios representan dinero empaquetado en   valores de uso, independientemente de que haya demandantes potenciales con múltiples necesidades insatisfechas. Ese jamás ha sido “su problema”. En los demás casos, de bienes no perecederos, no existen excedentes, sólo reservas necesarias para necesidades a futuro. Pensar en défict de producción es un caso muy raro porque donde haya necesidadesinsatisfechas y solventeshabrá siempre productores dispuestos a satisfacerlas impulsados por el lucro. 

Efectivamente, mientras la producción de cualquier mercancía no se ponga en venta, no se ofrezca al consumidor, su producción no adquiere la cualidad de oferta, así como ocurre con los consumidores que sólo se convierten en demandantes cuando se hallan en las bodegas y expendios correspondientes,  con suficiente poder de compra, y expresen su deseo por tal o cual mercancía.

La práctica del almacenamiento preventivo, tanto de materias primas como de productos terminados, destinados a mantener un flujo constante de las mercancías es la forma convencional y técnica de una preoferta. La oferta como tal sólo ocurre cuando dicha preoferta se pone en venta. De manera, pues, que oferta y demanda son realidades sólo cuando se enfrentan un comprador y un vendedor, y tal enfrentamiento, en determinada cantidad y a determinado precio, consuma una transacción que hace desaparecer cualquier posible exceso o faltante de la oferta o de la demanda, hace que dicha transacción simplemente traduzca el acoplamiento de la producción de la población a las necesidades de esta.

Los llamados desbalances entre oferta y demanda responden a la falta de planificación de la producción a partir de determinada población. Por ejemplo, es posible y factible que haya empresas que produzcan para casi todos los bolsillos, empresas que planifiquen y logren mantener un mercado potencial con un mínimo de desajustes.

Por supuesto, ante la variedad y multiplicidad de productores y comerciantes que “ofrece” el libre mercado capitalista, hablar de planificación es una impostura, y tanto más lo es cuando las empresas con poder económico suficiente para operar planificadamente también gocen de libertad para autorregular sus inventarios con independencia del volumen potencial de consumidores, máxime cuando una suboferta se le traduzca en mayores precios de venta, o pueda aplicarse deliberadamente con fines políticos frente a un Estado o gobernantes no afectos a semejantes arbitrariedades económicas por parte de quienes, además de poseer medios de producción bajo propiedad privada, también aspiran darles un uso no menos privado.


[1] Tema ventilado en Primera Separata de mi libro de texto PRAXIS de EL CAPITAL. En esta PRAXIS se prevé posibles aportes de sus lectores que pasan a ser fuentes de dichas separatas.

[2] Los adelantos técnicos de refrigeración acabaron con la perecibilidad natural de los bienes del campesinado o trabajadores de la agricultura.



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Manuel C. Martínez


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