El socialismo ni es machista ni es feminista: es humanista

Ni Marx ni Engels pero tampoco Lenin y Trotsky llegaron a imaginarse en sus tiempos –que de paso ya no volverán- la cantidad de conceptos sobre socialismo que brotarían desde final del siglo XX y comienzo del XXI. “El Manifiesto Comunista”, nacido del vientre del capitalismo teniendo como partero al camarada Marx y ayudante de quirófano al camarada Engels –como cirujanos del proletariado-, se ha quedado como niño de pecho ante tantas definiciones que actualmente se le imprimen a la categoría histórica o sociológica socialismo. El ser social conforma la conciencia social, lo dijo Marx y jamás estará equivocado. Eso es un principio de universalidad.

Podemos decir que, fundamentalmente, a partir de la declaratoria del camarada Chávez promoviendo su tesis de “socialismo del siglo XXI” es que se ha incrementado –creyéndose tener razones o elementos científicos- la invención de todo género de socialismo para contraponerlos al capitalismo. Obligó a políticos e ideólogos de casi todas las tendencias del pensamiento social a estudiar, analizar, discutir y hasta reflexionar sobre socialismo.  Amén de que cada quien, según su nacionalidad, le imprime la misma a su concepto de socialismo también ha brotado uno que dice ser “socialismo feminista”, tal vez, oponiéndolo como algo bueno a lo malo del “socialismo machista”. Seguramente, el movimiento gay –que es numeroso en este mundo- estará esperando el momento oportuno para lanzar su tesis de “socialismo gayano”, para no hacer uso del término “homosexual”. O, tal vez, las lesbianas igualmente estén a la caza de su momento preciso para lanzar o proponer el “socialismo lesbiano”. En fin, ya el socialismo se vincula –por pocos o por muchos- exclusivamente con el sexo. Quieran Dios, la virgen, el señor Jesucristo, el Papa Francisco I y, especialmente, el proletariado no les dé chance para que de las cárceles brote un “socialismo praneano” y someta a la sociedad a toda clase delitos sociales a través –fundamentalmente- de la telefonía y armamento encaletado peleándose por pequeños espacios geográficos.

Sin duda alguna, el camarada Fourier tuvo razón al decir que la emancipación de la mujer era la medida de la emancipación de la humanidad. ¡Hasta allí! Sin embargo, nada dijo sobre un régimen de emancipación feminista en particular. Por supuesto, un régimen gobernado sólo por mujeres no sería –por lo desigual- ni menos ni más que uno gobernado sólo por hombres. Si la mujer es víctima todavía de doble explotación (la del capitalismo y la del hombre) lo que haría un régimen feminista sería, a lo mucho, liberarse de la explotación de la economía doméstica para que sea el hombre quien pase a desempeñar esa forma de esclavitud social sin tener la facultad natural de germinar en su vientre un retoño humano. Ni la mujer como tal ni el hombre como tal tienen facultad para hacer una revolución. Esta es y será siempre un problema de clase social y nunca jamás de sexo. Buscarle sucedáneo a la revolución proletaria –para construir el socialismo- es como hacer el papel de la danta tratando de avanzar pero recibiendo golpes que le hacen retroceder o como el avestruz, bajar la cabeza para no darse cuenta de las realidades que le rodean.

Sobre feminismo se han dado, igualmente, varias definiciones, tales como: conjunto heterogéneo de ideologías y de movimientos políticos culturales y económicos que tienen como objetivo la igualdad de derechos entre hombres y mujeres; es un movimiento de lucha no contra el hombre sino contra el patriarcado que ha sido dominado por el hombre; es una doctrina social favorable a la mujer exigiendo igualdad de derechos con el hombre. En todo caso representa las reivindicaciones de la mujer frente a regímenes que se los han negado pero de la misma manera contra el poder del hombre que también se los ha negado. De allí, lo más seguro, dedujo Fourier su idea sobre la emancipación de la mujer.

Con el debido y triple respeto y profunda admiración quintuplicada por la mujer y, especialmente, por todas las que participaron en el taller ¡Formación Política Latinoamericana “J.C. Mariátegui”!, me permito, a manera de reflexión, decir algunas cosas que pueden o no ser interesantes para las mujeres. Sin duda de ninguna especie, si entendemos por feminismo la lucha de la mujer por la igualdad de derechos con el hombre, no será posible concebir el socialismo sin feminismo como tampoco sin el hombre que tenga convicción sobre esa igualdad de derechos. Mejor dicho: sin el activismo político y hasta dirigente de la mujer en la lucha de clases no es posible concebir una línea política correcta que implemente tácticas acertadas para la conquista del socialismo como estrategia.

Cierto fue, cosas de un pasado demasiado lejano, como lo dijo Engels, que el “…  derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción. Esta baja condición de la mujer, que se manifiesta sobre todo entre los griegos de los tiempos heroicos, y más aún en los de los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada, disimulada y, en ciertos sitios, hasta revestida de formas más suaves, pero no, ni mucho menos, abolida…”. Sin embargo, en este tiempo nada justifica plantearse volver al matriarcado o al patriarcado al estilo de la antigüedad. Lo que vale es la lucha por el socialismo porque sólo éste régimen sienta las bases definitivas para que la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer se haga una realidad total, armónica y solidaria, en el comunismo. En éste ningún hombre tendrá bajo su poder -al estilo capitalista ni al estilo del machismo- ni a la mujer ni a sus hijos y, mucho menos, esclavos tampoco la mujer que ya no volverá hablar jamás del matriarcado. La igualdad de derechos borra eso para siempre. La cultura y el arte comunistas elevarán, tanto a la mujer como al hombre, a la cúspide de la felicidad material y espiritual para no bajar jamás de ese hermoso pedestal social.



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Freddy Yépez


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