El Estado y las relaciones sociales de producción capitalistas intactas

El sistema capitalista regido por ley de los desarrollos económicos y sociales desiguales e inversamente proporcionales, con sus premisas fundamentales que explican el antagonismo existente entre relaciones de producción y equilibrio social, es un sistema que ha puesto en peligro la supervivencia de la especie humana y espiritual sobre nuestro planeta.

En el marco de las nuevas leyes de funcionamiento de la economía socialista, y para revertir el estado de agresión a la naturaleza y al ser humano, debemos garantizar la correspondencia entre relaciones sociales de producción y las fuerzas productivas del trabajo humano. La producción económica socialista requiere de la eliminación del paradigma de la economía de competencia de mercado, el manejo contra-natura de oferta-demanda y la trampa de “la libre determinación privada de qué producir”.

Trabajamos para establecer un valor óptimo referencial en base al valor mínimo probable de producción directa socialista, que en el nuevo paradigma de decisión productiva tenga a bien el "criterio social planificado que define las demandas" en los sectores tradicionales como son: educación, salud, alimentación, vivienda, vestido, ciencia, tecnología y cultura.1 El retorno financiero del capital privado invertido como criterio de decisión ¿qué producir? y ¿a quién vender?, debe quedar en la prehistoria de la ciencia económica y social.

En el esquema de planificación estratégica democrática y participativa, donde toma plena vigencia el modelo productivo-comunal de conciencia social, no tendrá ningún sentido la iniciativa individual del empresario, quien ve únicamente su máxima rentabilidad. Es el reordenamiento del Estado y sustitución de la legalidad económica capitalista actual por otra legalidad que estamos construyendo, en base a un sistema de valoración productivo-material y valoración espiritual diferente, cuando se dará solución a los grandes problemas de escases y necesidades que aquejan a la gran masa de población, conjuntamente con un sistema monetario y financiero bajo los términos de otras equivalencias financieras-monetarias. El sistema económico productivo, comercial y financiero de iliquidez, en concordancia con las leyes básicas y generales del sistema capitalista, y el mercado sustentado por la propiedad privada de los medios de producción, siempre hegemonizarán las decisiones políticas en materia de producción. En contraste, el modelo productivo socialista debe ser autónomo e independiente del capital privado para llevar a cabo la gran tarea de estabilidad de precios internos, asumiendo un nuevo patrón de equivalencias financieras-monetarias regionales que impidan la pérdida del poder adquisitivo de la moneda, y para conseguir esto, el poder popular organizado como protagonista- beneficiario principal, tiene que radicalizar el proceso revolucionario ejerciendo su influencia en todos los poderes del Estado.

En lógica del razonamiento económico financiero capitalista es imposible concebir el proceso productivo fuera del terreno de la ganancia y en el ámbito del trabajo-dinero-precio. Es decir, lógica donde la inversión de capital prevista produce ganancias o pérdidas en términos monetarios, resultado como se define, al actualizar mediante una tasa (de rentabilidad exigida) todos los flujos de caja esperados de un proyecto.

Requerimos los cambios estructurales que alteren las relaciones de propiedad y producción de bienes y servicios sustituyendo las relaciones de producción, distribución e intercambio capitalistas, por la única alternativa, el socialismo, “sistema basado en la producción para satisfacer las necesidades materiales de la mayoría y no el beneficio monetario de unos pocos; remplazando el dominio de una minoría de parásitos ricos por el dominio de la mayoría que produce toda la riqueza de la sociedad, en la propiedad, control y gestión de las fuerzas productivas por la clase trabajadora”.

Los Estados Nacionales asociados a las Multinacionales del Capital Privado en función de privilegios y ganancias de los inversionistas, jamás podrán reinventar una nueva relación material-económica-espiritual que de cuenta de los factores productivos y matriz de producción actual de avanzada tecnología. Esto es tarea de las ciencias del socialismo revolucionario.
Es el caso que en Decreto Ley No. 9.052 del 15 junio 2012, se regula las formas asociativas entre el Estado, las empresas comunitarias y la empresa privada, a través de Alianzas Estratégicas, Empresas Conjuntas y los Conglomerados. El Estado participa de la propiedad accionaria, como mínimo con el 40% del capital total. Si en este modelo se plantea una nueva cultura del trabajo distanciada del modelo rentístico, mercantíl, capitalista, ¿cómo entonces se determinará en esas asociaciones con empresas privadas, el tema del retorno del capital, de la rentabilidad exigida?, mientras que Fedecámaras, Consecomercio, Cavidea, Conindustria, se están abriendo a esta iniciativa y posibilidades de emprendimiento privado con el apoyo del Estado, porque para ellos al trabajador se le retribuye con el salario, en un mercado “libre”, y por consecuencia no hay explotación económica del trabajador, sino intercambio igualitario de valores expresados en precio.

De otro lado, en la tarea de asegurar la satisfacción de las necesidades sociales de las grandes mayorías, restringirse sólo al ámbito local, es incongruente. Es necesario superar las barreras nacionales y así lo determina, la concepción de empresa Grannacional de los países del Alba en donde se ensaya la integración productiva configurando una zona de comercio justo.

En la globalización neoliberal, sólo se contempla lo concerniente a los niveles de producción que requieren diferentes combinaciones de trabajo y capital, o lo relativo a dónde el recorte del gasto social e inversión pública es necesario y sostener crecimiento económico para el capitalista a consciencia del deterioro de las condiciones de vida de la población, negándole, por ejemplo, el derecho universal que tiene cada uno de nuestros ciudadanos, sin exclusión a recibir salud y educación gratuita.

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Iván Carbajal T.


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