Hugo Chávez y el Nuevo Socialismo del siglo XXI

El Presidente de la República Bolivariana de Venezuela impulsa la batalla contra el modelo imperialista, asumiendo la bandera del Nuevo Socialismo del siglo XXI. La liberación del pueblo de cualquier forma colonial de vida es uno de sus objetivos. Democratizar el proceso productivo y elevar las condiciones tanto económicas como sociales de la mayoría, también son elementos fundamentales de esta propuesta.

Para comprender con mayor exactitud de qué trata este modo de lucha contra el neoliberalismo, es necesario recordar las bases del socialismo, tal como aquel proceso alternativo frente al sistema capitalista que surgió en el siglo XIX. Salvador Giner, en su texto Historia del pensamiento social, editado en el año 1975, define al socialismo como “la teoría, doctrina o práctica social que propugna (o ejercita) la posesión pública de los medios de producción y su administración también pública en pro del interés de la sociedad en general, y no a favor de clases o grupos particulares”.

En pocas palabras, es la socialización de los sistemas políticos y económicos a partir de la producción y el control del Estado del sector económico. A comienzos del siglo XIX, con el socialismo se pretendía el establecimiento de una sociedad sin clases, además de propulsar reformas sociales frente al capitalismo. Se debe tomar en cuenta que el socialismo consta de muchas definiciones, características y elementos, dependiendo del momento y lugar históricos donde se encuentre enmarcado.

Para Karl Marx, el socialismo se fundó con el fin de crear un sistema de producción y una organización social que permitan la superación, por parte del hombre, de la enajenación de su producto y de todo lo que le rodea. Tal como afirmó Paul Tillich, para Marx el socialismo era “un movimiento de resistencia contra la destrucción del amor en la realidad social”. Es una especie de reconciliación, de reencuentro del hombre con su exterior, incluyendo al resto de la sociedad, a través de la organización, de la asociación en los sistemas de producción. Lo que para nosotros hoy sería la organización comunitaria y el trabajo en cooperativas.

Por su parte, Juan Martorano, en su texto Construyendo el socialismo bolivariano, explica que “el socialismo viene del latín Societas, es decir, sociedad, y cuando un proyecto político se dedica a darle poder al pueblo, cuando se dedica de manera denodada a la educación no solo desde el punto de vista formal, sino desde el punto de vista político - ideológico, cuando se le da atención de salud, cuando se le capacita para que la gente tenga trabajo, pero además de eso se pretende hacer una revolución cultural, no sólo para que los medios de producción se democraticen, sino para evitar la perversa reproducción del sistema, en fin, cuando un proyecto político está volcado hacia la sociedad, hacia el humanismo y hacia el servicio del prójimo, como lo fue y es el mandato de Cristo, primer revolucionario de la historia de la humanidad, estamos ante una corriente socialista”.

Más allá del fracaso del socialismo en los siglos XIX y XX, lo que hace factible esta nueva etapa es que para garantizar que haya equidad social en nuestros pueblos, el Estado debe tener cierto nivel de intervención. De esta manera, se resguardarán los caminos de la igualdad de derechos y el apoyo solidario a los más necesitados. En este punto es que Hugo Chávez no sólo ha propuesto, sino ha actuado en base a la adaptación de las bases socialistas a la realidad histórica, política y económica de Venezuela.

Como es costumbre, los sectores de oposición no tardaron en emitir sus opiniones adversas desde la primera vez que el presidente Chávez habló de “nuevo socialismo”. Prácticamente, entraron en pánico, creyendo que la propiedad privada corría peligro en manos del “loco de Miraflores”. Sin embargo, el Jefe del Estado venezolano garantiza a través de esta propuesta, el bienestar de la mayoría. De allí que la empresa más grande de fabricación de papel en el país, Venepal, fue rescatada de la bancarrota y el cierre para ser devuelta a sus trabajadores.

La conversión de la Compañía Anónima Venezolana de Papel (Venepal) a Industria Venezolana Endógena del Papel S.A. (Invepal), es decir, su nacionalización, se llama modelo de cogestión laboral. Lo que significa que la empresa pasa a ser manejada conjuntamente por el Estado y los obreros. Este fue el primer paso a la concreción de ese “nuevo socialismo” que se está impulsando en Venezuela. Para esto, el Gobierno Nacional aportó un capital de 6,8 millones de dólares y la presidencia de Invepal pasó a manos de Edgar Peña, quien fuera trabajador de la empresa y elegido democráticamente por los mismos obreros.

Con esto se apoya al desarrollo del modelo endógeno, otra de las banderas de la Revolución Bolivariana, y se pone en práctica lo que para muchos resulta un mito, la repartición equitativa de bienes y factores de poder. El presidente Chávez dijo al respecto que “debemos seguir rescatando empresas abandonadas para impulsar la propiedad social”. Por lo que, tiempo después, se aplicó la misma estrategia a la antigua Constructora Nacional de Válvulas, ahora denominada Industria Venezolana Endógena de Válvulas (Inveval), la cual se llevó a cabo a través del Ministerio de Economía Popular, quien mantiene la posesión del 51 por ciento de las acciones de la empresa. En este caso, el Estado aportó 2 mil 950 millones 318 mil 558 bolívares para la puesta en marcha de esta compañía. Lo mismo sucede con Industria Venezolana Endógena Textil S.A. (Invetex), en el rubro de textiles.

El Jefe del Estado venezolano afirmó que esta recuperación de empresas no es una vía “para hacernos ricos, es para vivir dignamente. No es para tener ganancias fabulosas, sino para obtener un ingreso digno y justo. Para distribuirlo de manera equitativa, entre todos. Incluso, demostrar un espíritu nuevo, de solidaridad, de cooperación”, lo que confirma los primeros elementos que ya se tienen fundamentados sobre este modelo de desarrollo que se está concretando en el país. En cuanto al sistema de cogestión, consideró que “los mecanismos de control hay que invertirlos. Anteriormente, era una persona controlando a todos, el dueño. Ahora todos deben controlar al individuo. El colectivo es el mejor mecanismo de autocontrol que hay”.

Entonces ¿Qué significa, realmente, el Nuevo Socialismo del siglo XXI en Venezuela? En primer lugar, es alcanzar la democratización económica en el país, controlada por productores inmediatos conjuntamente con el Estado, estableciendo la participación organizativa. En segundo lugar, es, más allá de implementar textualmente un modelo creado hace dos siglos, retomar elementos de reivindicación social a la realidad de nuestro país. En este punto, el presidente Chávez ha sido muy claro: Es una nueva propuesta para garantizar el bienestar común, ya que “los tiempos van produciendo agregados, valores y conocimientos nuevos”. En tercer lugar, es cuestionar el orden internacional para impulsar la concreción de un mundo pluripolar, donde todos los pueblos compitan en igualdad de condiciones. Para esto, se debe trabajar con mucho más ahínco en la integración de los países del Tercer Mundo, como los suelen llamar los líderes del imperialismo, y así acelerar su desarrollo.

Con esto, “estamos comenzando a construir nuestro modelo socialista. Porque no se trata de copiar el que existió en tal época, el que quisieron instalar los bolcheviques en la Rusia Soviética o el que instalaron en la Europa del Este. Simón Rodríguez sigue diciéndonos: No podemos seguir copiando modelos, originales deben ser nuestros modos de vida”, según explicó el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela en el acto de de la firma del Decreto de Expropiación por Causa de Utilidad Pública de la Constructora Nacional de Válvulas, para ser transformada en Industria Venezolana Endógena de Válvulas.

En un ensayo titulado Venezuela: El Socialismo Bolivariano del Siglo XXI, de Roberto López Sánchez, se explica que “el objetivo del socialismo es alcanzar una sociedad que se fundamente en la cooperación solidaria entre personas libres e iguales”; por lo que “debatir sobre el socialismo es debatir sobre las necesidades del pueblo venezolano”. El propio Jefe del Estado venezolano lo explica con mucha claridad. Durante el VI Gabinete Móvil, realizado en Cumaná, estado Sucre, manifestó que “lo que se quiere es romper las estructuras productivas vigentes, por un sistema donde los trabajadores tengan el poder, tomen sus decisiones y no existan jerarcas ni explotados”.

Para concretar este proyecto se necesita trabajar todos juntos, sin ningún tipo de distinción política, con mayor énfasis en aquellos que tienen el poder de tomar decisiones. De esta manera, con el Nuevo Socialismo del siglo XXI se llama, también, a la integración de todos los sectores del pueblo venezolano: civiles, militares, ministros, funcionarios, empresarios y pueblo, para que unidos hagamos realidad la transformación del país.

El presidente Chávez ha insistido en el antagonismo entre socialismo y capitalismo, explicando la necesidad de impulsar con fuerza al primero de ellos para darle solución a la crisis que azota a nuestros pueblos: “Es el camino del socialismo el que pone al ser social en primer lugar. Los valores humanos, valores sociales, no los valores del capital, que son perversos”, ya que el capitalismo “destruye, destroza, domina, explota. Y sobre todo dominan los poderosos, claro, y les toca a los pueblos, a la mayor parte de los seres humanos, aguantar, sufrir la dominación”.

Sin embrago, actualmente nos encontramos en una etapa de debate. Los argumentos no están claros, ya que estamos en plena construcción de este modelo. El horizonte está determinado, a partir de las necesidades de nuestro pueblo. La pregunta que surge es ¿Cómo hacemos realidad el Nuevo Socialismo del siglo XXI? La Corriente Marxista Revolucionaria de Venezuela (CMR) indica que el camino a seguir es el de “la estatización de la banca, los monopolios y los latifundios bajo control de los trabajadores. La construcción de un Estado obrero basado en asambleas revolucionarias de los trabajadores y los sectores populares”. Está en nosotros profundizar en dicho debate, exponer ideas, necesidades, consideraciones y experiencias. Seguir impulsando la organización comunitaria para que la cogestión no sólo sea en la práctica, en la recuperación de empresas, sino también en la teoría, en el pensamiento colectivo, en la fundación de proyectos y procesos a favor del bien común, de la elevación de la calidad de vida de todos los ciudadanos.


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Gipsy Gastello Salazar


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