(¿La socialización del capitalismo?)

Conozcamos la Clase Proletaria

“ “La miseria, llevada inclusive al punto en que engendra el hambre y las epidemias, tiende a aumentar la población en lugar de detenerla.”  Después de haber demostrado esta proposición por medio de la estadística, Laing agrega: “Si la gente se encontrase en una situación desahogada, el mundo quedaría muy pronto despoblado” ”. Carlos Marx, El Capital, Libro I, Cap. XXV. 

Las inferencias sociológicas de esas citas, perfectamente compartidas por Marx, han tardado siglos para ser pesadas con su justa aplicabilidad capitalista. La percepción que logró Carlos Marx sobre la mecánica capitalista fue tan vasta que desbordó su aplicabilidad dentro de una misma generación de industriales, y la dinámica burguesa acelerada con la acumulación de capital retarda la asimilación de sus aportes teóricos tanto a favor de los obreros como de los mismos explotadores.

Efectivamente, por una parte, 160 años después, hoy los estratos sociales proletarios peor remunerados están cobrando una importancia capitalista que nos comprueba lo que ya hemos señalado anteriormente: Que la llamada clase media tiende a su extinción o al pauperismo, mientras, por otra parte, los menos favorecidos por el sistema burgués son ahora tomados en cuenta como relevos numerarios de aquella mano de obra que está resultando irrentable en términos capitalistas.

Cuando decimos proletarios usamos un genérico envolvente de varios tipos de trabajadores, unos más productivos que otros, muchos en estado de ocio permanente, desempleados temporales, subempleados, ex trabajadores caídos en la miseria, delincuentes menores. Así como la burguesía exhibe un menú de capitalistas con desiguales condiciones económicas, así los proletarios también lo tienen en grados de pobresía.

La cuenta burguesa parece sencilla: La inversión en capital variable o los salarios de muchos obreros de baja calificación puede resultar más gananciosa que la de  los elevados desembolsos en pocos trabajadores de alto nivel tecnológico, en razón de que cada día la tecnología permite que trabajen operarios con mínimo  esfuerzo físicomental, mientras que preparar  técnicos de alto nivel ya no tiene cabida en los planes industriales, amén  de que con este trueque de unos trabajadores por otros se estaría incrementando el mercado solvente que tanto exigen  los mismos adelantos técnicos propios de la industria  con levada composición orgánica de capital.

Digamos que al sistema le está resultando indiferente emplear un mayor número obreros más baratos que invertir el mismo o mayor capital en un menor número de estos, además que a mayor volumen de empleo, mayor demanda de mercancías básicas., menor pauperismo, menor mendicidad, menor delincuencia, etc.

Como sábese, la clase media se ha convertido en un trabajador suntuario en sí mismo, despilfarrador o consumista, y con un estándar de vida que cuenta mucho más del costo de varias cestas básicas de un trabajador menos exigentes en calidad, pero que representaría una mayor demanda de bienes fundamentales para la vida laboral, si esos elevados salarios quedaran mejor distribuidos.

Si consideramos que el trabajo es social, las diferencias cualitativas o la productividad de unos trabajadores no pueden justificar semejantes abismos salariales, habida cuenta de que en cualquier equipo ningún trabajador resulta menos importante. Tales diferencias han sido inducidas por los apologistas del burguesismo para crear divisiones laborales dentro de una misma empresa y para que los timoratos reclamos de los peor remunerados no fueran apoyados por los mejor remunerados.

Es un hecho que las protestas proletarias, por mejores salarios, pero para nada  contra el sistema capitalista, han sido propias y  más frecuentes en las clase más favorecidas por el sistema  en el sentido de que, por ejemplo, de perogrullo  están empleados, se han hecho de una o más viviendas “ultradignas”, viajan fuera del país, saben reducir su prole, mientras que los obreros peor remunerados hasta miedo sienten se ser botados ante cualquier asomo de reclamos,  y hasta modernamente  se han venido conformando con  los llamados “salarios mínimos” que  oficialmente les impone el gobierno de turno.

Digamos trabajadores de primera y t. de segunda. Estos obreros “de segunda” han sido pacienzudos y conformistas por naturaleza, tal vez por hallarse muy cerca del barranco de la miseria, mientras que los trabajadores de primera (de la clase media) se han tornado harto infatuados, al punto de no considerarse explotados , sino, a lo sumo, mal pagados, a pesar de alcanzar elitistamente los mejores salarios del mercado.

Los   explotados de la clase media han sido la mejor defensa de la clase burguesa, en contra de todo lo que haya olido a izquierda, a comunismo o a socialismo, y ahora parece que el sistema se cansó de ellos, ya no son rentables. Así les está   pagando el sistema que tanto han defendido en la vieja Europa, en España, en la infatuada Londres, y en la longeva Atenas, en Irlanda, etc. Ahora, luego de siglos, empezaron a comprender que también son víctimas del sistema, y poco les falta para cuadrarse con la izquierda, sin terminar de asimilar que de lo que se trata es de una nueva revolución burguesa que damos en llamar socialización capitalista.

Creer que esta clase media moderna, o trabajadores proburgueses en vías de  pauperización irreversible, pudieran izquierdizarse es caer en un “infantilismo de derecha”, puesto que lo que está en marcha es una suerte de “socialización capitalista”, y es en Francia donde sus integrantes se empezaron a convencer de que la clase media será la que realizará los trabajos “obreriles” que los inmigrantes pobres realizaban, mientras ellos se daban la gran vida con  salarios elevados para sostener su consuetudinario anticomunismo. 


marmac@cantv.net



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Manuel C. Martínez M.


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