El fracaso de la revolución

¿Fracaso significa sentirnos derrotados; sentir que nada hemos logrado, que somos unos desacreditados, que nos falló el ensayo que nos propusimos; pensar que debemos hacer diferente las cosas; que somos inferiores por imperfectos; que debemos echar marcha atrás; que jamás lograremos nuestras metas; que Dios nos ha abandonado porque tiene una idea mejor?  ¿En esto consiste el fracaso?  

Bueno, eso es de lo que la contrarrevolución doméstica y mundial nos quiere convencer.

¿Y qué significaría por el contrario el éxito para ellos? ¿Realizar los sueños representados básicamente por la acumulación de una riqueza que luego debemos dilapidar dentro un modo de vida generalmente tolondrón y escabroso que no conduce sino fatalmente al desbarrancadero moral (individual y colectivo)?

La “parrilla” de los medios capitalistas lo confiesa así, por lo que no habría necesidad de probarlo. Esa es la razón por la que el capitalismo entonces se desvive por glorificar el éxito aparente de sus individualidades, para que, los que resulten a la postre un fracaso, no se vean más que como unos descarrilados “inexplicables” de ese “éxito” tan rotundo. Y que, para los que no resultáramos exitosos en tal sentido, nos hundiéramos entonces también con los “exitosos” en el mundo tenebroso de la droga y de las demás anomalías psicosociales, que además, y para colmo, resultan al propio capitalismo un “negocito” colateral del carajo.

Pues, si resulta así tan de simple la cosa, todos entonces somos unos fracasados redomados y más los que así no se creen y fanfarronean a expensas de rodearse de algunos signos exteriores de riqueza, para lo que apelan entonces a los niveles “aceptados” de corrupción.

Por tanto entendamos que el socialismo combate ese escenario diabólico, pero también entendamos que nosotros debemos combatirlo dentro de las posibilidades que se hallan dentro de nosotros mismos, debido a que, dentro de nosotros hay una batalla por el bien que también debe librarse… Eso sí, con éxito y no como se libra dentro de algunos obispos y dentro de algunos “revolucionarios” obispales…

Para algunos el fracaso es pues el fin, el cierre del ser para afrontar las adversidades. Para otros – entre quienes me anoto – el fracaso es algo por lo que debe pasarse para lograr templar el ánimo (que es lo más fructuoso) con miras a los posteriores retos.

Sería una parte ideal, estupenda y heroica para lo que pudiéramos denominar la útil vida de un ser, porque el fracaso contiene valiosa información que en la historia de la lucha y de su experimentación pudiera incluso traernos creaciones no predichas y hasta asombros jamás figurados.

Por tal razón, en las áreas de ejercicio revolucionario donde concienciemos un fracaso que le dé pábulo a la contrarrevolución, atendámoslo con nuestros adecuados aprendizajes y no como reacción a la acritud de propios y extraños. Porque el objetivo de la contrarrevolución es convertir en nostálgicas a nuestras comunidades para que alcancen perderse en el laberinto de un supuesto fracaso de la Revolución. Y ese matiz el PSUV debe llevarlo a los mecanismos de alerta de las comunidades, porque ese es el objetivo vital de la prolija propaganda contrarrevolucionaria.

canano141@yahoo.com.ar



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Raúl Betancourt López


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