¿Fue correcto intentar la unificación del chavismo en el PSUV?

La decisión de comandante Chávez de convocar al conjunto  de las fuerzas sociales y políticas identificadas con la revolución bolivariana, de fundar un Partido de la Revolución Bolivariana bajo su liderazgo, que se unificara alrededor del proyecto de país  expresado en la Constitución de la República y se nutriera de los aportes del socialismo científico y  de las diversas corrientes y experiencias anticapitalistas que la Humanidad ha acumulado en los últimos 200 años de historia, ha sido una de la apuestas más estimulantes de cuantas se hayan producido en el actual proceso revolucionario venezolano para desarrollar una nueva visión de la lucha del pueblo venezolano por alcanzar el objetivo histórico: la sociedad de los Justos: el Socialismo.

Y es que no se trataba de simplemente de confirmar la experiencia del movimiento popular y revolucionario mundial acerca del carácter imprescindible del Partido  como instrumento organizativo, educativo, agitador, movilizador y de combate del pueblo en su lucha contra sus enemigos, sino de responder a una realidad caracterizada por el agotamiento político-organizativo del viejo aparato electoral nombrado Movimiento Quinta República, la dispersión con signos de anarquía  y confrontación fraticida entre las diversas corrientes políticas, apenas unificadas en el reconocimiento del liderazgo del comandante Chávez y, la existencia de una nueva coyuntura de transición hacia el Socialismo, la cual necesitaba de la mayor unidad posible, para vencer la resistencia de la burguesía y el imperialismo a los cambios revolucionarios trazados a partir del proceso de reforma  constitucional frustrada.

La propuesta  del comandante Chávez acabó con la inercia organizativa y política de las formaciones aglutinadas a su alrededor, puso en tensión y confrontación ideológica a tales agrupaciones e inició un profundo deslinde ideológico entre las corrientes revolucionarias que pugnaban por pensar y construir un nuevo Partido de la Revolución y quienes descubrieron sus visiones burocráticos y pequeño-burgueses, aferrándose a sus intereses subalternos y a historias, siglas y liderazgos, sin tomar en cuenta estos que ese heredad, incluyendo los héroes y mártires que reivindican, son realmente patrimonios del pueblo venezolano, porque de su seno es de donde han salido y por ese pueblo es que se sacrificaron.

Los hechos han demostrado que al encontrarse  la revolución bolivariana de las tres raíces bolivarianas, robinsoneana y zamorana, con nuevas corrientes marxistas revolucionarias, anticapitalistas, teo-libertarias e  indigenistas en el seno del proyecto del Partido Socialista Unido de Venezuela, se fortaleció la capacidad propositiva del proyecto revolucionario, se acrecentó la disponibilidad de cuadros en las bases y los organismos del partido, se incrementó la disponibilidad de la gerencia pública revolucionaria y, especialmente, se mejoró el funcionamiento de la estructura del partido que, aún manteniendo importantes signos burocráticos y electoralistas, tiene la cohesión política para seguir respondiendo a los retos del enfrentamiento con la burguesía y el imperialismo y el avance  al Socialismo.

El PSUV que hoy existe, más allá de su denominación, no es ni puede ser considerado como el Partido de la Revolución, por cuanto nació, se organizó  y se viene desarrollando para  responder a una larga transición política, cuya extensión no será definida solo por el pueblo revolucionario venezolano sino, por diversos escenarios y eventos regionales y mundiales que ejercen inevitables influencias en el curso y las velocidades de las revoluciones del siglo XXI en Nuestra América.

Pero una cosa no puede estar en discusión entre los revolucionarios y el pueblo venezolano: el PSUV es  hoy el instrumento imprescindible para sostener y profundizar las luchas para arrebatarle el poder a la burguesía, sus partidos y al imperialismo, avanzar en la demolición del viejo Estado oligárquico-dependiente y promover la construcción del Poder Popular como base fundamental de la construcción sostenida del Estado de la Libertad y la Justicia: El Socialismo.


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Yoel Pérez Marcano


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