Rosa Luxemburgo

“Una Vez que nunca se apagará”

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. Una fría noche del 15 de Enero de 1919, las manos inescrupulosas de miembros de las tropas de asalto al servicio de la socialdemocracia alemana, dieron fin a la vida de una de las mujeres más combativas de la historia, Rosa Luxemburgo “La rosa Roja”, periodista y política polaca y una de las principales dirigentes socialista, figura central del socialismo internacional revolucionario y fundadora del Partido Comunista Alemán (KPD), partido político ilegalizado luego por el gobierno alemán.

Esta valiosa mujer, nace en la pequeña población polaca de Zamosc, el 5 de marzo de 1871 y con apenas 16 años se une al partido revolucionario llamado "Proletariat"; en 1889 abandona Polonia, para viajar a Zurich (Suiza), donde ingresaría a la universidad, para estudiar Ciencias Naturales, Matemáticas y Economía. A los 18 años ya era reconocida como líder teórica del partido socialista revolucionario de Polonia. En 1893, representó al partido en el Congreso de la Internacional Socialista cuando apenas contaba con 22 años de edad. Al terminar la guerra fundó el periódico La Bandera Roja, junto con Karl Liebknecht, su compañero de lucha y su gran amor. Infatigable escritora, entre sus libros más conocidos, publicados en castellano, están: Reforma y Revolución (1900); Huelga de masas, partido y sindicato (1906); La Acumulación del Capital (1913); y La Revolución Rusa (1918), entre otros.

La asesinaron, pero quienes dieron el zarpazo, no pensaron jamás que la estaban inmortalizando, y que desde cualquier rincón del mundo, saldrían mujeres y hombres, aclamándola, tomándola como estandarte, difundiendo su transitar político; y lo que es aún más significativo, mostrándole a las nuevas generaciones que sus luchas no se quedaron en la nada, pues sus ideas libertarias tienen defensores y defensoras que evidenciaran a través de los hilos discursivos que unen al mundo (todos los medios de comunicación posibles) su práctica revolucionaria. Rosa Luxemburgo, “La Rosa Roja”, la de la voz férrea, la del innegable amor por la justicia social, por los obreros y la lucha sindical; la del discurso convincente, la lideresa de la práctica incuestionable y de las celebres y certeras frases, permítanme citar algunas:

La libertad, sólo para los miembros de gobierno, sólo para los miembros del Partido, aunque muy abundante, no es libertad del todo. La libertad es siempre la libertad de los disidentes. La esencia de la libertad política depende no de los fanáticos de la justicia, sino de los efectos vigorizantes y benéficos de los disidentes. Si "libertad" se convierte en "privilegio", la esencia de la libertad política se habrá roto.

Hay que dar vuelta un mundo. Pero cada lágrima que corre allí donde podría haber sido evitada es una acusación; y es un criminal quien, con inconsciencia brutal, aplasta una pobre lombriz

O aquellas dicha por Rosa en 1916: “Socialismo o Barbarie”

Muere la rosa roja, a los 48 años, luego de ser detenida por los soldados que la rodeaban, quienes le obligan a seguir a empujones, entre la multitud burlona y llena de odio que se agolpaba en el vestíbulo del Hotel Eden quienes la insultaban, siempre la carroña buscando de que alimentarse, Ella alzó su frente ante la multitud y miró con dignidad y arrogancia a los soldados de la nueva unidad de las tropas de asalto y a los huéspedes del hotel que se mofaban de ella; y le gritaban: "la rosa roja", "la judía"; los insultos proseguían, "Rosita, ahí viene la vieja puta". Dignas palabras de quienes llevan el odio muy adentro, quienes no aceptan la igualdad social, el socialismo, el feminismo, no le perdonan sus ideales, sus luchas, sus creencias. Ella manifestó abiertamente el antimilitarismo, se opuso a la guerra, que ellos habían perdido en noviembre de 1918, Rosa les había desafiado en su último artículo, diciendo: “¡El orden reina en Berlín! ¡Ah! ¡Estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro orden está levantado sobre arena. La revolución se erguirá mañana con su victoria y el terror asomará en vuestros rostros al oírle anunciar con todas sus trompetas: ¡Yo fui, yo soy, yo seré!».

Y la asesinaron, La empujaron y golpearon, Rosa Luxemburgo se levantó. (Para entonces casi habían alcanzado la puerta trasera del hotel) Afuera esperaba un coche lleno de soldados, quienes, según le habían comunicado, la conducirían a la prisión. Pero uno de los soldados llamado Runge, se fue hacia ella levantando su arma y le golpeó en la cabeza con la culata, ésta cayó al suelo y el brutal y asqueroso soldado le propinó un segundo golpe en la sien, su rostro estaba ensangrentado, la orden se había cumplido, luego derribó a Karl Liebknecht con la culata de su fusil; esos miserables soldados levantaron el cuerpo de Rosa. La sangre brotaba de su boca y nariz. La llevaron al vehículo. Sentaron a Rosa entre los dos soldados en el asiento de atrás, y apenas arrancó el coche le dispararon un tiro a quemarropa. Muere La Rosa Roja, “PERO SU VOZ NUNCA SE APAGARA, han pasado 91 años y Hoy como ayer decimos, no está muerta la sembraron, estas Viva Mujer, tu voz nunca se apagará, tus aportaciones teóricas, tu lucha incansable por las y los obreros, y las y los hombres del mundo, y tu dramática muerte contribuyeron a hacer de ti uno de los referentes más preclaros de la izquierda del siglo XX, tu muerte duele, pero la lucha no ha terminado.


Dra. Elena Ibarra

Miembra del Movimiento Clara Zetkin

ibarraelena@gmail.com


Esta nota ha sido leída aproximadamente 2602 veces.



Elena Ibarra

Licenciada en Educación egresada de la Universidad de Carabobo, Doctora en Psicología Educativa y especialista en violencia de género

 ibarraelena@gmail.com

Visite el perfil de Elena Ibarra para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes: