(El asalariado trabaja en 1 empresa para muchas de ellas, y el patrono explota en varias)

Conozcamos el Mercado del Capitalista

La literatura económica clasifica a los capitalistas en comerciantes y banqueros (mercantiles), y productores o fabricantes, 3 tipos sectoriales identificados como capitalistas industriales1, cuyos estudios referentes a sus actuaciones, análisis y manifestaciones económicas son enfocados separadamente, como si en cada momento cada empresario se dedicara sólo a uno de esos sectores en particular.

Pero, bien miradas las cosas, son enfoques clasificatorios con expresos fines didácticos (?), digamos que se trata de una división abstracta que, por cierto, fue el método adoptado científicamente por Carlos Marx en las investigaciones científicas de naturaleza humanisticosociológica2.

Cuando vamos al mercado burgués, en él podemos observar todas las particularidades del fabricante, del comerciante y del banquero, pero, si bien la ganancia industrial, comercial e interés son categorías nominalmente diferentes, en común son las partes concretas de la plusvalía creada en los centros fabriles. A tales efectos, poco importa producir la mercancía A o la B; poco importa comerciar con la una o la otra, como resulta indiferente otorgar créditos agrícolas o industriales a comerciantes y fabricantes de vivienda, aguardiente o tabaco.

Como eso es así, nada nos impide reconocer que el ejercicio del capitalista no está geográficamente restringido a un solo sector, como tampoco lo está a una rama industrial, ni a un banco en particular, ni al comercio de tal o cual mercancía o género de ellas. La preferencia hacia uno que otro sector de las inversiones sólo se realiza para economizar costes operativos, burlar los impuestos y/o maximizar la ganancia (casos mono y paramonopólicos). Sin embargo, lejos de separarse la aplicación concreta del capital en uno u otro sector, por el contrario, cada capitalista tiende a ramificarse hasta llegar precisamente a las posiciones oligopólicas o monopólicas, aunque casi siempre muy bien camufladas en lo contable y en lo jurídico para obtener la mayor cuota de plusvalía posible.

Ese máximo de plusvalor social que busca cada capitalista gira alrededor de la ganancia media, razón por la cual el capital se reparte en todas las ramas, todas las fábricas y todos los bancos de un país y, hasta mejor, del mundo. ¡Y mire que paradójicamente lo hace al margen de la competencia! Más que competencia lo que practica el capitalismo es un máximo esfuerzo por participar asociadamente en cada empresa importante, en cada intermediario al mayoreo y en cada banco de elevado giro financiero. Dedúzcase, pues, que los empresarios capitalistas nacionales de un país son forzosamente apátridas por su propia naturaleza burguesa.

Ciertamente, existen los bancos, los comercios y las fábricas hasta con personalidad jurídica independiente y domiciliada en determinadas coordenadas geográficas y temporales, pero detrás de todas o varias de esas empresas está el enredado capital de la sociedad, de sus copropietarios en condición de dueños privados, como son, de toda la plusvalía arrancada por todo el capital en funciones.

De resultas, las campañas y legislaciones antimonopólicas son en Economía, cambiando lo necesario, lo que sería el combate contra la ley de gravedad: se le compensa y hasta usa favorablemente, pero jamás podrá burlarse con prohibiciones jurídicas ni artilugios técnicos, valga la redundancia. Como el mercado es promonopolista por tendencia, Carlos Marx defenestró el Derecho Burgués para darnos a entender que ningún Estado democrático moderno puede legislar ni representar a todos los ciudadanos, sino a algunos de ellos.3

El monopolio no es ni ha sido realmente el control de un mercado por una sola empresa, ya que ésta en sí misma subsume la participación de varios accionistas, pero, estos, como es de esperarse, suelen tener también acciones en otras ramas, inclusive en empresas supuestamente competidoras. Esta competencia es falsa ya que por ley busca estimular y acrecentar la plusvalía de todas las empresas involucradas mediante una competencia agotadora aplicada a sus asalariados pertenecientes a los mismos accionistas, según sus alícuotas societarias. Parce ser que la unión de los proletarios del mundo que pidió Marx a gritos sólo perseguía que ellos evitaran la competencia entre sí ya que en nada los favorecía4.

El mercado monopólico se convierte así en la meta final de la acumulación del capital, y los capitalistas individuales se someten a esa fuerza a contrapelo de que ellos mismos, subjetivamente, quieran evitarlo. Tal es el mercado del capitalista. De este nace la apatridad del capital, de allí surge la transnacionalización de las empresas; de él se erige la verticalización y horizontalización organizativas de la producción, el comercio y la banca.


1 David I. Rosenberg, Comentarios a los tres Tomos de El capital (Carlos Marx), Libro 2, Introducción.

2 Carlos Marx, El Capital, Libro Tercero, Cap. I, Primer párrafo y en otros lugares de su precipua obra.

3 Carlos Marx, Crítica de de la Filosofía del Estado y del Derecho de Hegel.

4 Marx y Engels, Manifiesto del Partido Comunista, Epílogo.

marmac@cantv.net




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Manuel C. Martínez M.


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