Recordar el 5 de marzo para olvidar los apagones

Injustamente, todos los venezolanos se olvidaron del 5 de marzo. Un supremo y eterno día en la Tierra.

No lo recuerdan, no lo celebran, no lo protegen. Tanto socialistas como capitalistas, decidieron ignorar y evitar el 5 de marzo.

Lo tacharon en sus listas, lo borraron de sus calendarios, lo sepultaron de madrugada.

En Venezuela, el 5 de marzo es un día de censuras, de reclamos, de enredos. Pese a que el 5 de marzo, debería ser un día de sonrisas, de libertades, de reflexiones.

Los venezolanos olvidamos con muchísima facilidad, y el 5 de marzo no ha sido la excepción a la regla, pues aunque esa fecha invita al entusiasmo popular, solemos entristecerla con nuestra violenta idiosincrasia.

Lamentablemente, los venezolanos NO quieren recordar la importancia del 5 de marzo, porque quizás el fuego de la culpa los carcome por dentro, y no son capaces de reconocer el valor existencial de ese hermoso día.

Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y en los últimos años, los venezolanos hemos sufrido en carne viva, el gran inconveniente social que ha provocado olvidar el 5 de marzo, porque las cosas ya no resplandecen con el brillo de otrora, y porque la oscuridad venezolana no se cansa de protestar en las calles, sin saber que el 5 de marzo es la clave para recobrar la luz de la esperanza.

Si seguimos politizando el 5 de marzo, creyendo que es un día de enemistades, de rebeliones y de muertes, entonces será imposible resolver la crisis social venezolana, porque sabemos que el 5 de marzo es una fecha que proyecta la inteligencia colectiva, tan necesaria para no ser devorados por el fatal capitalismo salvaje, que nos sigue consumiendo en el trágico egoísmo, y que jamás nos hace recordar el arcoíris del 5 de marzo.

Por eso, usted seguramente se pregunte: ¿Qué se celebra el 5 de marzo?

El 5 de marzo se celebra el "Día Mundial de la Eficiencia Energética", siendo una fecha ecológica que invita a practicar el ahorro de la energía eléctrica, buscando que los ciudadanos no caigan en el error de malgastar la electricidad, y así evitar los temidos apagones que castigan especialmente a la sociedad venezolana, que nunca recuerda la gran relevancia ambiental del 5 de marzo.

Recordar el 5 de marzo, es la clave para solucionar las fallas en el servicio eléctrico de Venezuela, porque los gobiernos de turno pueden resolver temporalmente el problema, pero si los venezolanos no son capaces de cambiar los malos hábitos de vida, y siguen abusando del consumo eléctrico en sus casas y oficinas, pues la plaga de los apagones en Venezuela seguirá intensificándose a corto y a largo plazo, ya que la sabiduría es un valor que nace por el buen discernimiento humano, y NO se puede obtener comprando y vendiendo la naturaleza de las luciérnagas.

Es relevante manifestarle a los lectores, que la imposición del racionamiento eléctrico en Venezuela, NO se considera un camino ecológicamente sustentable para ejercitar la Eficiencia Energética.

De hecho, la masificación de los cronometrados o repentinos cortes eléctricos, que ha sufrido Venezuela en los últimos 10 años de vida, demuestra el fracaso de una arcaica política ambiental en el país, y también demuestra el triunfo del insostenible bombillo amarillo en el territorio venezolano.

Necesitamos electricidad, para prender el televisor y ver el partido de fútbol. Necesitamos más electricidad, para prender el refrigerador y enfriar las espumosas cervezas. Necesitamos muchísima más electricidad, para prender el aire acondicionado y gritar como las bestias del circo: ¡GOL! ¡GOL! ¡GOL!

El problema es que después de protagonizar el show circense, nos dormimos por el cansancio sin ponernos las pijamas ecológicas, y se nos olvidó apagar el televisor, se nos olvidó apagar la computadora, se nos olvidó apagar el aire acondicionado, se nos olvidó apagar las luces del pasillo y del comedor, se nos olvidó desconectar los cargadores de los teléfonos celulares, se nos olvidó apagar el ventilador de la sala sanitaria, se nos olvidó cambiar las sábanas manchadas de semen, y se nos olvidó rezar por el amanecer de un futuro conservacionista.

Nunca recordamos el 5 de marzo "Día Mundial de la Eficiencia Energética", porque es más fácil culpar a los gobiernos por las fallas eléctricas, y porque es más difícil asumir la responsabilidad social, para reconocer nuestra irresponsabilidad ambiental, que perjudica a la sociedad venezolana sin distingo de raza, credo o sexo.

Todos sufrimos la desesperación, el aburrimiento, y la angustia de los apagones. Son noches en vela, son lluviosas tardes negras, son mañanas de mal genio. Ya no hay ni velitas de cera en el altar, para pedir la ayudita de los santos del cielo.

Pero cuando finalmente llega la luz, prendemos todos los equipos eléctricos de nuestros hogares, siendo una expresión de venganza que acrecienta el problema ambiental venezolano, porque no estamos haciendo un autoexamen de conciencia, que devenga en el uso eficiente de la electricidad, sino que nos comportamos como niños malcriados con mamelucos, y no queremos cambiar nuestro equivocado modo de vida, porque solo deseamos electrocutarnos en los vicios mundanos del consumismo.

A veces pagan justos por pecadores, porque si usted decide malgastar la energía eléctrica, pues esa decisión influirá negativamente en la persona que practica la Eficiencia Energética, quien también sufrirá la fuerte tempestad del apagón venezolano, y no sabemos si ese compatriota tenga problemas de salud, por lo que la falta de electricidad puede agudizar su enfermedad, y puede generar discusiones familiares debido a la incomodidad del problema eléctrico.

Si usted alberga resentimiento en contra de un familiar, es muy beneficioso usar el tiempo libre que producen los apagones eléctricos, para resolver los conflictos emocionales que perturban a su familia, por lo que recomendamos ofrecer una sincera disculpa, pedir perdón, y abrazar la luz de la reconciliación en cada familia venezolana, que puede romper el silencio y salir del túnel de la oscuridad.

Sin embargo, hay venezolanos tercos y necios, que compran una costosa y ruidosa planta generadora de electricidad, pensando que con la plata se puede comprar y aprobar, el autoexamen de conciencia que realizaremos el 5 de marzo.

Pero los venezolanos que producen contaminación ambiental, y molestan a los vecinos con sus escandalosas máquinas prendidas, NO son capaces de aprobar el más sencillo autoexamen de conciencia, que permita desarrollar el uso de las energías renovables en Venezuela.

Es probable que los venezolanos sean esclavos de la electricidad, y no podemos imaginar la vida sin el peligroso voltaje de los aparatos eléctricos, porque cuando finalmente cesa el apagón y regresa la luz, yo aprovecho la electricidad para encender la laptop y escribir un artículo sobre el 5 de marzo, mientras que usted aprovecha la bendita electricidad, para encender su laptop y descargar toda la pornografía que existe en la Internet.

He allí la gran diferencia entre usted y yo. Yo soy un ciudadano consciente después de Cristo, y usted es un troglodita inconsciente antes de Cristo.

Cuando por capricho derrochamos la energía eléctrica, estamos perjudicando a gente inocente que vive en Venezuela, y no es justo que la indiferencia ecológica de millones de venezolanos, apague la luz de nuestros hermanos que lloran en los hospitales, en los cementerios, en las cárceles, en los albergues, en las iglesias, en los geriátricos y en los purgatorios.

El calor, el sudor, la agonía, la ansiedad, el desvelo. Sabemos que el ahorro de la energía eléctrica en Venezuela, no es una moda, no es una diatriba, es una total y absoluta necesidad.

Los apagones generan desesperanza en el pueblo venezolano, pero recuerda que amanecer en la sombría oscuridad de la noche, nos permite ver y reconocer la belleza universal de los rayos del Sol, que nos llenarán de claridad mental para sentir el canto de los pajaritos, que nos ayudarán a glorificar la entereza espiritual de los árboles, y que nos permitirán sentir la brisa del viento a través de nuestros rostros, que necesitan abrir los ojos del pacifismo y del sentido común.

Por culpa de la esclavitud que demostramos hacia el dios de la electricidad, pensamos que la explosión de un autotransformador en la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, es una calamidad más calamitosa que sufrir el calamitoso cáncer de colon, por lo que no disfrutamos los milagros de la vida que ocurren todos los días, y solo maldecimos la mala gestión gubernamental en Venezuela, que sigue sin apagar el legendario incendio de la encrucijada energética.

Es cierto que durante el mes de marzo y el mes de abril del año 2019, Venezuela sufrió una fortísima ola de apagones eléctricos en todo el territorio nacional, desatando un estado de emergencia en gran parte de la población venezolana, que padeció un histórico suceso sin precedentes en la Venezuela del siglo XXI.

Pero si usted aprende a reconocer los sacrosantos milagros de la vida, no importará que exploten todos los autotransformadores del Mundo, no importará que los francotiradores destruyan el termostato de su vivienda, y no importará que el reloj de las estrellas se deprima por baja batería, porque usted seguirá calmado, confiado y tranquilo, mientras disfruta los milagros que ocurren diariamente en su vida.

Milagros de la Pachamama, que no tienen precios en el mercado.

Milagros de Jehová, que no envejecen con el correr de los años.

Milagros del Universo, que son tan eternos como la inmortalidad.

Yo creo que la Semana Santa del año 2019, será recordada como la más hermosa experiencia cristiana, para los venezolanos que realmente aman a Nuestro Señor Jesucristo, porque la falta de electricidad en el período de la Cuaresma, fue una genuina oportunidad de oro, para sentir un pequeñísimo ápice del gran sacrificio de Jesús.

Los inmensurables apagones eléctricos, que se produjeron en Venezuela durante el tiempo cuaresmal del 2019, fueron pruebas espirituales necesarias para comprobar la fe cristiana de los venezolanos, así como Jesucristo pasó 40 días en el desierto, y resistió con éxito todas las tentaciones mundanas del Diablo, gracias a la constante comunión que mantuvo con su Padre a través de la oración.

Pero nosotros jamás caemos de rodillas por amor a Dios, y nunca reconocemos los sacrosantos milagros de la vida, porque estamos acostumbrados a festejar fechas tontas y frívolas, como el Día de San Valentín, el Día de la Madre, el Día del Niño, el Día de los Reyes Magos, y hasta la Noche de Brujas.

No obstante, los venezolanos nunca celebramos el 5 de marzo "Día Mundial de la Eficiencia Energética", siendo una fecha trascendental para prolongar el destino y la supervivencia de una Humanidad, que demuestra su proceso de involución a través de la ciudadanía venezolana, llena de conformistas cabezas huecas que enaltecen la cultura del despilfarro.

Desde nuestro cibermedio Ekologia.com.ve hacemos un llamado de atención, a los medios de comunicación social y a los centros educativos de Venezuela, para que difundan contenidos informativos sobre la efeméride del 5 de marzo, en aras de que los niños y adolescentes venezolanos, sean los mejores agentes de cambio en sus colegios y comunidades.

Vamos a recordar con júbilo el 5 de marzo "Día Mundial de la Eficiencia Energética", para que lo celebremos durante los 365 días del año, y si algún venezolano no quiere ejercitar la Eficiencia Energética, pues será mejor que compre el boleto de avión, y se marche de nuestra hermosa patria bolivariana.

El artículo publicado se lo dedico al estado Zulia, una calurosa región occidental de Venezuela, plagada tanto de fallas eléctricas como de insoportables apagones, porque sus habitantes siempre cometen el delito de la inconsciencia ambiental, pues aprendieron a vivir malgastando la energía eléctrica, y NO quieren asumir el compromiso de practicar la Eficiencia Energética.



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Carlos Ruperto Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso. Egresado de la Universidad del Zulia en Venezuela.

 carlosfermin123@hotmail.com

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