Cinismo y apagón

El apagón fue noticia porque abarcó a Caracas. Los apagones son algo demasiado común en los estados de la nación, ocurren a diario. Apagones de cuatro o seis horas diarios; o bajones de tensión o subida de la misma; o diversos apagones al día. Eso es el vivir diario de cualquier persona en este erial. Nada extraño por demás.

Lo verdaderamente relevante del apagón nacional fue que afecto a Caracas. Lo cual era algo que la administración de Maduros Moros estaba evitando desde hacía años, lo mismo que el anterior gobierno. Cualquier persona en los otros estados de la República puede dar fe del padecimiento diario del sistema eléctrico, pero eso no es noticia, es algo natural.

Los apagones son algo tan natural en el resto del país que se programaron. Apagones programados o «racionamiento eléctrico» es el eufemismo que se utilizó; y de los cuales quedó afuera Caracas y Vargas. El resto del estero quedó a oscuras y fue algo que pasó como si no estuviese ocurriendo nada. Pero, dice el dicho, quien escupe para arriba le cae la saliva, y eso fue lo que sucedió.

El salivazo ha sido muy grande. Y no hayan como limpiarse el escupitajo. Volver al mismo argumento manido del sabotaje lo hace miserable, pero esa es su condición y por eso se entiende el mismo discurso. Parecen un disco rayado, decían tiempo atrás.

Con respecto al agua, la historia es la misma. Se hace noticia cuando le falta el agua a toda Caracas. Sin embargo, en los estados nacionales es muy normal pasar ocho o quince días, en el mejor de los casos, sin agua. Pero como faltó la misma en Caracas tal cosa se volvió.

Aquel dicho de que «Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra» llegó al límite. También la capital de la nación se volvió monte y culebra, no le quedó otro remedio. Porque cuando la desidia avanza alcanza a todo lo que esté a su paso.

Dos hechos se hicieron noticia porque ocurrieron en Caracas, mientras no se den en la capital es fácil ocultarlos. El cinismo mesiánico es puritano. Ahora resulta que el problema del sistema eléctrico y del agua sí es un problema nacional. No se puede ocultar todo el tiempo que esto es un estero.

Lo que la población nacional padece a diario desde años a. Caracas lo vivió por fin. Se había tratado de evitar, pero no era posible correr tanto la arruga. Así poco a poco deben ir llegando los otros males sumándose a los ya existentes. Sin agua y luz, Caracas es monte y culebra.

Ese es el cinismo del mesianismo, capaz de sacrificar a toda la población para tener una fachada medio decente. Culpa van para el exterior y para los enemigos a lo interno; si algo tienen los mesiánicos es que ellos nunca tienen la culpa de nada. Son impolutos.

Braman ofendidos porque nadie entiende el bien que ellos desean llevar a la población. El bien malvivir no se comprende, pero si se siente. Que un apagón más, pero mucho más grande, haya ocurrido no extraña a nadie. Solo a los caraqueños que habían estado alejados de este mal. Lo que ha pasado es como el título de aquella película «Cuando el destino nos alcance».

Ya está aquí, ni en la esquina ni a la vuelta de la misma, en el umbral. El destino del fracaso ya se hizo patente. Apagón nacional, nada extraño. Porque todos los días la nación está apagada. Sin agua, nada extraño. Porque la población nacional vive en una permanente sed.

Ya nada queda, solo esperar. De desilusiones vive en país, cuando es país. El cinismo es un buen recurso, pero se agota. Y tanto da el agua al cántaro hasta que se rompe, dice lo popular.

El apagón homogenizó por un momento a la nación. Y el cinismo se hace inhumano cuando se le considera al servicio de una verdad absoluta.



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Obed Delfín


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