(El pueblo no vende el petróleo, pero podría trocarlo por bienes y servicios)

Conozcamos el Trueque Petrolero[i]

Por disposiciones constitucionales, el petróleo nacional es un recurso natural perteneciente a la República, vale decir, es de dominio público.[1] Si fuera un bien directamente consumible por los ciudadanos, como lo son el aire o las costas marítimas, no se convertiría en mercancía y como tal no podría ser vendido ni siquiera por los mandatarios en nombre de la República, de todos los ciudadanos venezolanos.

Por esa imposibilidad inmediata de ser consumido directamente por cualquier persona nacional, el petróleo entra como un  capital ficticio que debe rendirle créditos al Estado, y luego este, de una u otra forma, procede a repartirlo equitativa o desigualmente entre pocos, muchos o todos los ciudadanos. Estos créditos se conocen como Renta Petrolera.

Mucho se ha discutido sobre el mejor uso que deba dársele a dicha renta y hasta se ha sugerido su “siembra”, una manera metafórica de expresar su aprovechamiento más allá del tiempo de su agotamiento como recurso natural no renovable.  Sin embargo, si bien no resulta sembrable, y su simple cosecha nos amenaza con quedarnos sin petróleo y sin renta, la mejor manera de resolver semejante dificultad sería intercambiarlo por personas mejor educadas, pero con los gobiernos corruptos y la inmoralidad cultural que ha generado dicha renta, esta vía nos resulta contraproducente ya que al final, no sólo careceríamos de esa renta petrolera, sino que tendíamos una sociedad formada más por delincuentes e inmorales que por ciudadanos dignos.

Es un hecho que el petróleo o su renta no puede llegarle a todos  en forma monetaria porque al final igualmente “quedaríamos sin el chivo y sin el mecate”, como, en cierto modo, hasta ahora se viene haciendo; pero sí podríamos trocar parte del petróleo crudo por obras de infraestructura social y productiva[2] de excelente calidad, por casas bien equipadas disponibles para los ciudadanos bajo la figura del “comodato”, de manera que su valor siempre siga siendo un recurso nacional, o bienes de dominio público. Pensamos que la conversión de los venezolanos en propietarios privados de inmuebles, si bien resuelve el problema habitacional por ahora, el petróleo dejaría de ser de dominio público, y a largo plazo habríamos burlado las disposiciones constitucionales de las que venimos hablando.

La idea es que el pueblo, en su condición de condueño del recurso petrolero, pueda recibir y conservar una parte de la renta petrolera en forma de bienes de larga duración y que perfectamente puedan asimilarse a una renovación del petróleo en cuanto a su valor monetario de ahora permutado por otros valores de mañana. Tal sería el “trueque petrolero”, a manera de usufructo de una buena parte de los dólares que por ahora representa la renta petrolera que deseamos sembrar.


[1] Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, Art. 12, año 2000.

[2] Misma Ley, Art. 311, Aparte Primero.


[i] Hemos venido creando la serie de entregas virtuales sobre Economía Científica Política, y sobre Economía Vulgar, bajo la envolvente denominación de: “Conozcamos” y afines. Su compilación posterior la llamaré. “Conozcamos El Capital”, un proyecto de literatura económica cuya ejecución se mueve al ritmo y velocidad de los nuevos “conozcamos” que vamos aportando y creando con la praxis correspondiente. Agradecemos a “aporrea.org”, a su excelente y calificado personal, “ductor” y gerencial, toda esa generosa puerta abierta que nos vienen brindando, a mí,   y con ello a todos los lectores virtuales del mundo moderno.

marmac@cantv.net



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Manuel C. Martínez


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