¿En qué manos están las universidades?

Desde hace varios años vengo con preocupación señalando que las universidades nacionales autónomas han caído bajo la administración de una suerte de grupos mafiosos, que nada tienen de académicos, y que se imponen electoralmente a través de la compra de votos y de conciencias y que se alternan como reyezuelos en los altos cargos académicos de la dirección institucional. Aunque esto no ocurre en el cien por ciento de los casos en el interior de las instituciones, ya sucede en una mayoría de los mismos, lo cual debería ser altamente inquietante para la comunidad universitaria y para el Gobierno Nacional. No es posible que la universidad se pudra o se pervierta como institución y, en nombre de la autonomía o ahora del antichavecismo, no se haga absolutamente nada ni interna ni externamente para su necesario rescate académico.

Pareciera que el gobierno espera la producción de un deterioro mucho mayor, el cual, independientemente que fortalezca su opinión sobre las universidades autónomas, en absoluto significa su rescate, ni la corrección de sus vicios y limitaciones, ni la integración de estas instituciones en un proyecto nacional de desarrollo humano, en el que tienen que participar. Internamente, el deterioro y la insanía mental han llevado a que la mayor credencial de mérito para ser autoridad universitaria sea el grado de antichavecismo que se haya demostrado. Mientras mayor haya sido la oposición al gobierno, mientras más muestras de sectarismo se hayan dado, mientras se haya actuado con más beligerancia anti-gubernamental, más credenciales se tendrán para dirigir la UCV y otras universidades.

El doctorado, el nivel alcanzado en el escalafón, las publicaciones en revistas arbitradas, el historial docente, la formación de investigadores, las patentes registradas, en fin, las credenciales académicas mundialmente aceptadas han sido substituidas por las declaraciones y artículos de prensa contra el Gobierno, los insultos al Presidente, la organización de huelgas, guarimbas y manifestaciones antigubernamentales. En otras instituciones, las controladas por el Gobierno, también han sido substituidas las credenciales usuales por otras resultantes y que del “nuevo paradigma”. La adulancia, el lenguaje socialistoide y pseudodemocrático, la demagogia, la organización también de manifestaciones, ahora del Gobierno, y el populismo substituyeron definitivamente a los valores académicos, ahora señalados como propios del “corrupto orden burgués”.

Todo esto significa la producción de un deterioro universitario nunca visto en el país, que traerá consecuencias nefastas para nuestro desarrollo y bienestar. Es hora ya de acabar con los farsantes disfrazados que dirigen y pretenden dirigir las universidades, tanto los de la oposición como los del gobierno. Es imperativo retornar a la universidad académica, a reconstruir una verdadera universidad para Venezuela con calidad, equidad y pertinencia.

lft3003@yahoo.com


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Luis Fuenmayor Toro


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