¿Qué consecuencias deja el desastre educativo de ahora?

Las erráticas políticas del Ministerio de Educación actual, en lugar de sorprender vienen a ratificar que la crisis educativa llego para quedarse.

No son necesarios enjundiosos estudios, ni contraste de datos y cifras (de las que hay serias carencias en estos días) para concluir que la educación publica atraviesa una crisis profunda. Basta con visitar escuelas y liceos para constatar la realidad del día a día en estas instituciones.

A pesar de que el MinEduc, desconociendo la realidad, en octubre intento imponer jornadas de 5 días continuos en las escuelas, al día de hoy buena parte de las instituciones atienden a sus estudiantes entre dos y tres días a la semana. Las instituciones donde los estudiantes asisten los cinco días es común el ausentismo de docentes que cuando no es cubierto por otras docentes, se resuelve devolviendo los estudiantes a sus hogares.

Pero que nadie pregunte a las autoridades "competentes" sobre el estado de la educación porque las repuestas sorprenderán. Hace poco hablaban de la "calidad educativa" recurriendo a una retorica que no se corresponde con la realidad escolar de nuestros días. La educación es mas que luces, paredes pintadas y aulas limpias, que es lo en la mayoría de los casos presentan como logros incuestionables.

La inversión en educación pública hoy se ha reducido brutalmente. Si en tiempos de Chávez la educación y la salud recibieron ingentes cantidades de recursos, al día de hoy estos sectores presenta presupuestos reducidos y limitados a sus mínimas expresiones.

Solo basta mencionar el Programa de Alimentación Escolar (PAE) que surgen en 1999 con las Escuelas bolivarianas y que se amplió progresivamente, al punto de abarca a la mayoría de escuelas y liceos públicos a lo largo y ancho del territorio nacional, para constatar que los avances en esta materia se fueron al despeñadero.

Al día de hoy las Escuelas y Liceos Bolivarianos tiene un año que mediante Decreto fueron "eliminados" al establecer el cambio de horario a dos turnos y desaparecer la educación integral.

Quizás el drama que se vive en educación publica es similar al que se vive en la salud, la diferencia sustancial es que los pacientes mueren al no disponer de un sistema de salud oportuno y eficiente, pero lo niños y jóvenes al carecer de una educación que los prepare en valores esenciales para la vida y que los capacite para continuar formándose como profesionales o para desempeñar oficios útiles a la sociedad, terminan sin educación y sin futuro, ni para ellos, ni para sus familias ni para el país. Es penosa la desvalorización de la educación, del estudio y de la profesionalización en nuestros días.

Mientras el mensaje de que las maestras tengan fe y esperanza, enviado por la máxima autoridad educativa en octubre, ronda en sus cabezas, pero no pueden dejar de sentir lo que siente cada quincena cuando los $10 caen en su cuenta o los inciertos días en que depositaran el bono, que no cubrirá lo mínimo que requiere para sufragar la estropeada economía doméstica.



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Carlos Luna Arvelo


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