Evaluar ¿para qué?

"Siempre he pensado que la escuela la hacen, en primer lugar, los profesores": Daniel Pennac (1944-) escritor francés nacido en Marruecos.

Dignidad. Uno de los grandes problemas del docente actual es el concepto o autoconcepto que tiene sobre sí mismo. Por eso me gusta tanto esta cita de Daniel Pennac. Se trata de una frase que habla del orgullo de tu profesión, de la dignidad de ser docente, de la enorme suerte que tienes que transmitir lo que sabes sin esperar nada a cambio [1].

El concepto de evaluación se entiende, generalmente, como el establecimiento de juicios de valor acerca de algo. En educación, esos juicios de valor se refieren a los resultados de las acciones de enseñanza con el fin de modificarlas para mejorarlas y hacerlas más eficientes. La formulación de esos juicios de valor descansa en la interpretación que se hace, a la luz de criterios previamente establecidos, de información recopilada para el efecto. Entre más confiable sea esta información y entre mejor refleje o describa la realidad estudiada, mayor será el fundamento y más atinadas podrán ser las decisiones que se tomen. La recopilación de información confiable representa un problema técnico referido a la validez, representación y confianza de los instrumentos utilizados, por lo que se ha intentado resolverlo mediante el uso de procedimientos sistemáticos de investigación y estudio que, en ocasiones, se han asemejado a los métodos científico y etnográfico [2].

En algunas instituciones universitarias, pareciera que los profesores son cabezas de turco; los evalúan los estudiantes, los evalúan el supervisor inmediato, los obligan a autoevaluarse y si sale bien en todas las evaluaciones, se tiene el tupe de preguntarle al docente si quiere ascenso. Entonces, preguntamos ¿para qué son las evaluaciones?

Lo más trágico es que el costo de la burocracia administrativa que ella implica se lo cargan al propio docente. Costo de las Planillas de Evaluación en triplicado. En otras palabras, evalúan al docente y este tiene que pagar para que lo evalúen.

Por otro lado, el resultado de la evaluación del docente no puede pasar del valor medio de la escala. Si es excelente su evaluación, no lo puede demostrar con números. El valor máximo de la escala es prohibitivo. ¡Qué locura! Será que no saben que estamos en revolución.

LA LEY DEL EMBUDO

Hay que evaluar a los Cabezas de Turco; pero la comunidad universitaria no tiene el derecho de evaluar a sus autoridades ni mucho menos a la institución. O sea lo ancho para las autoridades y lo angosto para la comunidad universitaria. Preguntamos… cómo se puede retroalimentar una institución si no se le permite que se le evalúe, muy a pesar de los escasos resultados mostrados.

Un buen sistema de evaluación será aquel en el que el estudiante no puede escapar sin haber aprendido. Un buen sistema de evaluación será aquel que forme ciudadanos independientes que pueden adquirir, retener, recuperar y aplicar nuevos conocimientos por sí mismos. Un buen sistema de evaluación será aquel que evalúa para aprender. Y en el que aprendemos para saber evaluar. Un buen sistema de evaluación será aquel que forme personas a prueba de futuro [3].

JEFES NO ABURRAN A LOS DOCENTES

Si de antemano se pudiera conocer la hoja de vida de los jefes y tener mejores referencias, muchos docentes se podrían evitar dolores de cabeza.

Las preferencias de un jefe con ciertos docentes pueden afectar el ambiente laboral.

Los jefes pueden ser una gran incertidumbre laboral, sobre todo cuando se está recién llegado a la institución. Aunque estas personas serán las encargadas de guiar el camino y desarrollo profesional de los docentes, algunos pueden estancarlos, reducirlos y bloquearlos laboral y personalmente.

Entonces, rendir cuentas ante un jefe difícil se convierte en un suplicio diario al cual el docente puede estar sometido, afectando el ambiente laboral y directamente el desempeño del equipo académico.

Un jefe puede adoptar tendencias egocéntricas, tiranas y distantes de manera fácil, ya que se genera un círculo vicioso, en donde la falta de conexión y de empatía desmoronan la moral del cuerpo docente, incrementando ausentismos, incumplimientos y enfermedades físicas y mentales en los afectados.

Para evitar estos escenarios, los jefes deben conocer al cuerpo docente, evitar el mal carácter y ser eficaces y transparentes con las decisiones que toman.

Referencias

1.- https://es.slideshare.net/OscarGarca18/10-frases-sobre-educacin-que-me-han-hecho-mejor-docente

2.- http://www.redalyc.org/pdf/4259/425942453003.pdf

3.- https://carlosmagro.wordpress.com/2016/12/01/evaluar-es-aprender/



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Héctor Yi Durán

Ing. Luchador Social

 hectoryi@gmail.com

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