Alquimia Política

La violencia estudiantil desde las Academias

La violencia estudiantil no es nada nuevo. En 1992, con aquel hermoso Movimiento estudiantil de ultraizquierda que fundáramos un grupo de soñadores en la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Los Andes-Mérida, llamado "Vamos a Andar" (tomado de una frase de la canción de lucha de Silvio Rodríguez), alcanzamos llegar a ser representantes estudiantiles antes el Consejo Académico de Facultad, y allí sí se debatía, sí se tenía que "batir el cobre" con ideas. Hoy día, el movimiento estudiantil ha decaído, se ha minado de una enfermiza "desesperanza" que les hace ser en extremos violentos, no midiendo que esa violencia les resta día a día legitimidad.

Ahora bien, no se trata de callar ante la violación de los derechos y la indiferencia de las autoridades a las cuales les toca la tarea de ser gestores de la solución de los problemas estudiantiles, se trata de saber canalizar la lucha estudiantil y no llevar a condiciones extremas y sin fundamento ético y jurídico, algunas de las acciones de quienes en nombre de la dirigencia estudiantil hoy asumen conductas cuestionadas por la propia comunidad universitaria. El problema universitario es complejo, hostil y está más en condiciones de un proceso de "negociación largo" que propiamente de una solución inmediata. No se puede, de un día para otro dar solución a todas las demandas de la comunidad estudiantil, menos se puede tolerar más días con las puertas cerradas de nuestras universidades. La solución no se conseguirá por un camino que no sea el diálogo, la conversión y la tolerancia. Todo esto lleva implícito el respeto, pero no ahondaré en eso porque nuestra sociedad (en su totalidad), tiene un problema de respeto, de valores que tendríamos que hilvanar por muchas horas y muchas posturas, los antecedentes que hoy nos coloca entre una de las sociedades de mayor inseguridad en Latinoamérica. Hemos fracasado en el modelo de familia y eso ha causado la debilidad en la esencia de sociedad igualitaria que aspiramos construir por la vía del proyecto socialista.

En un aspecto puntual, y citando acá la postura de las Academias respecto a la violencia estudiantil, me pareció sumamente interesante la postura del presidente de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela, Claudio Bifano (en Abril del 2015), que no se caracteriza por estar en concordancia con el proyecto bolivariano, en cuanto a que violencia en la universidad es un asunto "orquestado", planeado por sectores que buscan crear zozobra e incertidumbre. Él dice: "No creo que sean acciones epilépticas. Esto responde al criterio gubernamental de que la universidad debe estar al servicio de la revolución. Pero nosotros no aceptamos que las instituciones de educación superior atiendan a parcialidades". Y recalco, la postura me pareció "interesante" porque él atribuye desde ya la culpa al Estado, al papel político del Estado y por ende a las acciones del Gobierno a través de la Fuerza Pública, como quienes orquestan la violencia universitaria. Pero resulta que eso que el Dr. Bifano denomina, desde la Academia, "…criterio gubernamental de que la universidad debe estar al servicio de la revolución", puede convertirse en un "escupitajo al aire" que se devuelve por el efecto de la gravedad de manera inevitable. Yo sí creo que obedece a un plan preconcebido, pensado, enmarcado en obstaculizar el desenvolvimiento democrático de las instituciones del país y de las actividades universitarias, pero no precisamente del "ala gubernamental". Incendiar las universidades, en este tiempo de transformación y municipalización de la cultura universitaria, sería un "autogol", y ya los "auto-suicidios" pasaron a mejor vida y a épocas totalmente aisladas de la insensatez y la falta de "querencia" hacia la identidad nacional y los valores republicanos. El documento de la Academia en cuestión, que tuvo de portavoz al Dr. Bifano, y dice contar con el aval de las siete Academias que hacen vida en Venezuela, refleja la inquietud por la imposición de ciertas perspectivas ideológicas que, desde el punto de vista de ellos, da respuesta a la violencia universitaria y al cierre técnico de las universidades ante la falta de recursos económicos para la investigación y la extensión (no incluyo la docencia, porque esa se paga haya no actividades académicas). Pero no contentos con echarle la culpa al Estado, el Dr. Bifano dice: "A las academias les preocupa que la universidad venezolana deje de ser un espacio de convivencia y tolerancia, abierto a todas las corrientes de pensamiento para la conducción democrática del país, y un lugar de reflexión, indagación y creación intelectual, diseñado exclusivamente para el estudio y la formación del capital humano". Argumento que el propio Gobierno Nacional ha avalado siempre, pero que no ha permitido el chantaje ligero de avalar eso que los académicos llaman "espacio de convivencia y tolerancia, abierto a todas las corrientes de pensamiento", como una excusa para atacar las políticas públicas universitarias y el inmenso sacrificio del Gobierno Nacional por darle mayor oportunidad de estudio a las clases más necesitadas y deprimidas económicamente del territorio nacional. No son espacios para ser ocupados por la disidencia, son espacio para el debate público, de altura y sin acciones fuera de la ley y de las previsiones para salvaguardar la vida y la propiedad privada, que contempla nuestro Estado de Derecho y Justicia Social.

Lo primero que se debe hacer, considera el Dr. Bifano, es denunciar la situación. Asegura que las instituciones deben mantener un compromiso frente a los problemas del país, sobre todo en este caso, que afecta profundamente a la sociedad venezolana. La idea, señala, es que esta preocupación llegue a todos los sectores. No descarta la posibilidad de que las Academias, previa invitación, se reúnan con otros organismos, como el Consejo Nacional de Universidades. Acá entra en juego el tema de la autonomía universitaria, de la inviolabilidad de los recintos universitarios y del respeto a la autonomía de cátedra. El Estado no da una licencia para transgredir las leyes, el Estado da las condiciones para el ejercicio participativo, protagónico y democrático de todos y todas, en el ámbito universitario, sin menoscabo de clase ni partidos políticos.

Entonces: ¿qué quieren las Academias? Simplemente convocar a una "gran confusión nacional" y abogar por el fracaso de los procesos democráticos en América Latina que les devuelva aquellas condiciones de inseguridad e indefensión, ante la capacidad de pensar, en que tuvieron sumido al pueblo latinoamericano con la excusa de adherirnos al modelo de Bolonia en el marco de las universidades autónomas, el cual daría ese pensamiento propio, latinoamericano que influyera en el mundo moderno, pero desde los intereses transnacionales de Europa y Norteamérica.

Pienso que la búsqueda de las Academias, calca en la conclusión que esgrime el profesor Luis Enrique Vizcaya, de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Carabobo, sobre el tema de la violencia universitaria, en cuanto a que la tolerancia no es fin en sí mismo, su "…propósito final debe ser el favorecimiento de un desarrollo material y cultural con igualdad de oportunidades para los integrantes de una sociedad. La Universidad dispone de franjas y signos propicios, científicos, tecnológicos y culturales, que pueden estimularse para sí misma y hacia la sociedad. La Universidad tiene una disposición cultural, no automática sino cultivable, para favorecer una cultura de la tolerancia. Se hace necesario una cultura ética de la comunicación, y la estructuración de un poder legítimamente democrático. Se hace necesario vencer la tentación hegemónica, sea este institucional o gremial (partidos, grupos, etc)…La Universidad como una de las instituciones más sensibles de la sociedad, pudiera crear un campo de canalizaciones de las fuerzas de la insatisfacción social para convertirlas en fuerzas transformadoras, constructivas, como antídoto social a las salidas de fuerza y los totalitarismos..." Y esta postura, escrita en un ensayo titulado "Universidad, violencia y tolerancia (Aproximación a una Cultura de la Tolerancia en la Universidad)", no tiene un sello politiquero ni fragmentario, sino de unidad, una unidad que debe darse en el seno de todos los movimientos políticos que a lo interno hacen vida en nuestras universidades, demostrando que la violencia estudiantil es una estrategia errada, manipulada y que en el tiempo tiende a difuminarse, tomando de ella plusvalía los movimientos estudiantiles con un discurso científico, humanista, robinsoniano. En eso es que debe estar trabajando el movimiento estudiantil en la actualidad; es decir, en crear una dialéctica de lo concreto acerca de su papel histórico en el desarrollo de los pueblos latinoamericanos.



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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