Fapuv, el náufrago, la camella y un escapulario ajeno

Estar en desacuerdo con un “paro indefinido” de los profesores universitarios de Venezuela es imposible. El salario del profesor universitario en Venezuela es injustificablemente bajo, inaceptable desde cualquier punto de vista, es inmoral, es ridículo.

El problema del bajo salario del profesor universitario no es un problema de hace tres meses para acá, es un problema que se arrastra desde cuando se impusieron unas “normas de homologación” que redujo toda discusión reivindicativa a un aumento automático bianual y en función de la inflación. Desde que me convertí en profesor universitario me di cuenta del error de concepto, y recuerdo como si fuera ayer una intervención que hice en una asamblea de profesores en la cual dije que no entendía eso de normas de homologación, y propuse se abandonará ese término y se hablara de aumentos de salarios. Bastó eso para que nuestra presidenta de la asociación de profesores rebatiera mí propuesta con estas palabras: “es lamentable que personas hablen desconociendo que son las normas de homologación” y agregó algo así como “hay personas no deberían hablar de algo en lo cual son ignorantes”. Eso fue hace 14 años, y ese mismo año el recién iniciado gobierno de Chávez reconoció tales normas de homologación y otras deudas más, lo que sumó un incremento salarial de cincuenta y pico por ciento, todos éramos felices y bailamos de lo lindo en la extinta discoteca Escalibur en la fiesta de fin de año de la asociación de profesores, hoy añorada, como la única oportunidad para compartir unos wiskisitos chéveres entre colegas.

Lo cierto es que las fulanas normas de homologación me hacen dudar de la capacidad de razonamiento matemático de los profesores universitarios y me recuerdan el cuento del náufrago y la camella en la isla solitaria.

La duda de la capacidad de razonamiento matemático es evidente. Hasta pena me da explicar, pero lo haré. ¿Quién puede aceptar que cada dos años lo emparejen con la inflación?, eso simple y llanamente es negar la prosperidad, la superación, el mérito y hasta el enriquecimiento. Significa ganar lo mismo siempre, es una estupidez. Pero eso no es lo peor. Se aplicó aumentos promediando la inflación cada dos años, lo que significa que el salario es rebajado a la mitad de la inflación cada dos años, por lo tanto luego de cinco periodos bianuales (10 años), el profesor gana la mitad de lo que debería ganar. Para demostrarlo es suficiente con ver como hoy día se está reclamando un incremento salarial de 100% como mínimo, es decir duplicar el salario (redundo intencionalmente, la duda en el razonamiento matemático me obliga).

Para lo de la camella, es mejor echar el chiste. El náufrago, en la desolada isla se enamora de una hermosa camella, único mamífero, además de él en el lugar, y por más que lo intenta no puede consumar su amor. Pasan los años y nada, solo caricias y uno que otro besito. Un día arriba un barco a la isla, y el náufrago pega el grito de felicidad: ¡ahora si tengo quien me ayude coger mi camella!...

Hoy día, cuando otros han propuesto una normativa laboral con más de ciento cincuenta cláusulas, ofreciendo una salvación como el barco que llega a la isla del náufrago, FAPUV sigue pensando en las normas de homologación como el náufrago en la camella. La alienación de FAPUV ante las normas de homologación ha sido tal, que todos los beneficios contractuales posibles se subsumieron a tales normas. Algo que fue impuesto se convirtió en una narcótica necesidad, con tal enajenación que se abandonó hasta la libertad de imaginar otras posibilidades de beneficios socio- laborales para los afiliados.

Hoy llaman al paro indefinido, está bien, quien puede decir que no se va a parar si no tiene posibilidad de alguna otra representación en lo inmediato, de hecho, sería interesante analizar como FAPUV ha sobrevivido a todos estos años de cambio y revolución, pero no deja de levantar suspicacia un llamado a paro a menos de una semana de instalada la mesa de negociación de la normativa laboral única para todos los trabajadores universitarios (obreros, empleados y profesores), después de anunciarse algunos acuerdos y próximos a iniciar la discusión de los elementos salariales de la normativa. La suspicacia me conduce a una pregunta de esas que no preguntan, y por lo tanto no tienen por qué ser respondidas, ¿no será que FAPUV piensa ganar indulgencias con escapulario ajeno?.

De todas maneras, y a pesar del acato al llamado a paro, no creo que sea importante dar tanta importancia a FAPUV, y de una vez por todas aupar la reflexión hacia la necesidad sindicalizar al profesorado, para rescatar la imaginación y alcanzar verdaderas reivindicaciones socio-laborales como trabajadores, porque el ser profesor es un trabajo duro, a tiempo completo y los trabajadores no se asocian se sindicalizan.



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Manuel Gragirena

Profesor Universitario. Ingeniero Electricista. Especialista en Telecomunicaciones. Diploma de Estudios Avanzados en Educación. Ex Sidorista

 manuelgragirena1@gmail.com

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