Quienes atacan un gasoducto, tienen en la cabeza gas y humo. ¿No les basta el estallido del dólar?

Según los medios, Maduro ha denunciado un "ataque terrorista contra un gasoducto, en el Estado Anzoátegui, es decir, aquí mismito de donde nosotros habitamos. Nosotros, en Barcelona, no escuchamos nada y es natural que haya sido así, pues aún sigue siendo lejos el sitio de los hechos. Pero Maduro estando en Caracas si oyó con claridad. ¡Y qué cosa tan curiosa caballeros! Pues mientras nosotros escuchamos clarito y como cuando a uno le ponen un triquitraque en los bolsillos, los estallidos del dólar en estos días, los que han sido hasta repetidos, como si fuera una ametralladora, o un cuerpo que le entró un espíritu maloso e indisciplinado, el presidente allá en Caracas, hasta pegadito del BCV, nada escuchó, ni escucha. De donde se confirma que cada quien escucha lo que le conviene.

De una vez imagino a gente opositora y entre quienes pensamos como "izquierdistas trasnochados", lo que está demás decirlo, pero de no hacerlo pudieran algunos pensar mal, diciendo que esas "son invenciones de Maduro para distraer el hambre", o para justificar que el gas se hizo polvo y volvió trizas y despotricar como ya se ha hecho con de lo de la 9ª estrella de la bandera. Y es que, los gobernantes, cuando perciben que la vaina anda muy mal y sobre todo por culpa de ellos, les encanta inventar y pegarse de cualquier vaina para que a la gente se le olvide que un kilo de azúcar y hasta de cambur, cuestan más que lo equivalente a la pensión del IVSS y el salario mínimo. Y estando la situación así, como está, hay que meterle de lleno a la creatividad para inventar vainas que distraigan y hasta sublimicen los dolores y los largos retortijones de tripas que da el hambre. Que uno, habiendo llegado la hora de la cena y habiéndose ido de dos cero, ya en la parte de abajo de la novena entrada, se ponga a pensar en lo malo que hubiera sido, hasta peor que estar así en aquella altura del partido, que toda esta vaina se hubiera incendiado y nosotros vuelto chamizas y todo lo de uno y hasta la comida, que no tenemos, también destruidos por el fuego y hasta darle a los suyos, a la gente que le queda, motivos para arrecharse más y sentir que su hambre, es por culpa sólo de aquellos carajos y las sanciones.

Mientras tanto, el dólar estalla, como los fuegos artificiales en navidad, la de antes, da saltos, sube hasta las nubes y Maduro calla, porque de eso nadie debe hacer una fiesta y menos darle oportunidad a los trasnochados para que monten su parranda.

Todavía recuerdo, como a uno le "decían ponte a cantar" para distraer el hambre y hasta nos poníamos a "echarnos cachos" que, para los cumaneses de mi tiempo, era un contar cuentos y de los chistosos para distraer las ganas y necesidad de comer. El hambre se distrae, decían las madres de uno allá en el barrio, cuando la cosa estaba dura o dura la carne que se cocinaba en los momentos buenos.

Alguien pudiera decir, no sin fundamento, que hasta ese alguien sacó del baúl de los recuerdos de Betancourt y se lo enseñó a Maduro, pues pareciera que, en su intimidad, este siente admiración por el "brujo de Guatire", tanto que, hasta también tiene fama de brujo y dice vainas, como aquello del pajarito que le trajo un mensaje, un viejo truco de cuando la Junta de gobierno de octubre de 1945. Porque aquella pantomima también fue llamada "Revolución". Y esto mismo, ponerse esos nombres y además si se le agrega otro adjetivo llamativo es para distraer, como el trapo rojo que se agita ante el toro, para que embista no precisamente contra el matador. Como aquello de "Revolución Restauradora" y hasta "Federal" que terminó esta en un mamotreto tan centralista como antes, tanto que el general Juan Antonio Sotillo, federalista, reclamaba después, "federación es que los caraqueños manden en Caracas y los orientales en oriente" y algo parecido dijo también el federalista zuliano Venancio Pulgar.

Ese mensaje fue que, Betancourt, para distraer a la gente por una "Revolución" que nada revolucionaba y menos resolvía, inventó un "hombre encapotado" que andaba dando saltos por los techos de las viejas casas caraqueñas por los lados de Altagracia, San José y La Pastora. Y, ese rumor, salido de Miraflores, se reproducía en los diarios y las emisoras radiales y entonces la gente, más que por sus problemas, pasaba todo el día pendiente del "hombre encapotada" que andaba por los techos.

Cualquiera pudiera pensar y eso no sería extraño, pues el discurso presidencial tiene mucho de evasivo ante los problemas económicos, que intenta distraer, además de se excede en lo histriónico y hasta épico y romántico, sobre todo cuando dice "Cobardes, terroristas, pero nuestra mayor satisfacción contra todos ellos es que el pueblo humilde a pie, ese pueblo está victorioso". https://www.aporrea.org/actualidad/n362262.html

Ese pueblo que no tiene gas en su cocina y menos los 10 dólares para comprar la bombona y tampoco muy cerca donde recoger leña, aún pese todo eso, para el presidente, "está victorioso". Y el pueblo se pregunta distraído "¿Cómo estará el contrario, si yo que, casi muero de desamparo, estoy saliendo de esta vaina victorioso?" Y entonces el fuego, su victoria, le distraen y los pendejos, de haberlos, que causaron el incendio, se frustran y se llenan más de rencores y odios.

Pero también, a mi parecer y por mi experiencia, no es extraño que todavía, pese todos los cambios que se vienen produciendo, "queden algunos animales raros en las páginas amarillas". El terrorismo, en buena medida, se alimenta del odio y cuando este arranca, a su fuerza inercial se le suma la de la gravedad cuando se va en bajada, lo que la hace poderosa y difícil de parar. Tanto que, pese estar las cosas como están, no hay duda que todavía queda gente impulsada por esa fuerza y "sueños" o más bien pesadillas, en esos avatares y procedimientos. ¡Y va a costar que paren! Son unos estertores hasta de mediano y largo plazo.

Nunca olvidaré, porque eso tuvo impacto tremendo en mí, de cuando la lucha guerrillera había llegado a su más bajo nivel y los guerrilleros hasta bajaban por su cuenta, sin orden de nadie, convencidos que aquello era puro quijotismo, unos "vanguardistas", dirigidos por un soñador y Quijote él mismo, tuvo a monte a las empresas petroleras, entonces gringas, del área norte del Anzoátegui, volando sus oleoductos. Para aquel pequeño grupo, eso "hacía falta para despertar las conciencias" y desatar la furia colectiva, "porque estaban dadas las condiciones objetivas".

Lo único que con eso consiguieron, fue desatar la fuerza represiva del gobierno, el rechazo popular contra ellos y evitar todo intento de recomponer las fuerzas.

De modo que no es valedero negarle validez a la denuncia de Maduro. De esos "elefantes blancos" quedan. Unos que ni siquiera se percatan que no hace falta hacer nada para incomodar al pueblo, dada la falta de gas en la cocina, cuando ya sin que ellos hagan nada, eso es una rotunda y contundente realidad. Y la gente sabe que, es por culpa del gobierno, por lo menos hasta el día ese que ellos reventaron los tubos.

Lo único que logran, y esto si tiene mucho de verdad y fundamento, es darle al gobierno una nueva excusa, además de la ya consabida de las sanciones, ante el hecho que, para poder ponerse en una bombona hay que bajarse de la mula con 10 dólares, que, al cambio del momento, son unos 17 millones de bolívares, una cantidad bastante mayor que el salario de un docente u otro profesional, aunque se le sumen los bonos. ¿Entonces para qué volar esos oleoductos, si con el estallido del dólar, es más que suficiente para hacer política y una revuelta hasta en la paz de los sepulcros?

Y todavía, no se sabe, hasta cuándo seguirán con eso; en la izquierda, eso llevó años enterrarle, tuvo que interceder Chávez, como que empezó el fenómeno guerrillero y de la "lucha armada urbana", iniciándose la década del 60 del siglo XX y ya en 1998, como 38 años después, había grupos que seguían en lo mismo, hasta que por aquél fueron aplacados o pacificados bajo la amenaza de irse él solo a la lucha electoral.

Por lo ya dicho, no es extraño que, la denuncia de Maduro tenga fundamento. Y eso es así, porque siempre existirán carajos, "con bastantes bolas", pero no por arriesgados y valientes, sino empecinados en hacer disparates y con las bolas y los sesos inflados y ni siquiera por una infección, un tumor, algo sólido, sino por el gas, algo ligero, que abulta por demás.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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