Maduro o aquí no se come carne y aquí tampoco. "¿Duerme usted señor presidente?" Despierte que a usted también se lo llevan

Veía y oía aquello y no podía creerlo. No me cabía en la cabeza que lo que estaba viendo y oyendo por VTV fuese cierto. Y luego, después de tranquilizarme por lo que aquello tanto me incomodó, me pregunté:

¿Entre la buena gente que apoya al gobierno habrá quien crea esto y lo que es peor, no creyéndolo por tratarse de algo sin pie ni cabeza, no se sienta decepcionado y hasta humillado?

Mientras así meditaba, las reses, hermosas, de piel brillante y llenas de ánimo, sin mucho apremio de parte de quienes conducían el rebaño, subían solicitas la rampa que les llevaba a los barcos que las llevaban a Irak.

El presidente Maduro, estaba informando a una audiencia nacional que seguramente veía y escuchaba aquello como yo, sin entender nada ni hallarle la punta al ovillo, que aquellos bellos y animosos animales formaban parte de un lote miles de ellos que se exportaban a Irak, por cierto un país también petrolero e igualmente víctima de las agresiones de EEUU.

Mientras el presidente hablaba desde su espacio habitual, allá en el muelle, el ministro Castro Soteldo le daba la despedida a aquellos animales criados aquí que irían al país árabe para ser consumido por sus habitantes, mientras a los venezolanos que de aquello éramos testigo por las redes, se nos hacía agua la boca, pensando en un rico pedazo de carne a la brasa y con ello volvíamos a nuestros recuerdos de antes que Maduro asumiese la presidencia.

Al rompe me alarmé y hasta sentí mucha curiosidad por aquella información de un hecho para mi inesperado, pues en verdad, sólo eso me asombró, como que Venezuela estuviese exportando ganado, cuando unos años atrás importábamos para el consumo interno dada el aumento del consumo y más por saber, "en carne propia", que ese tipo de carne se nos volvió un sueño y parte de viejos recuerdos hermosos. Pues ahora, para la determinante mayoría de los venezolanos, quizás más del 80 % , eso se volvió un lujo por demás exclusivo. Y mientras las reses seguían subiendo hasta como alegres, las pobres, sin saber su triste destino, a mi se me hacia agua la boca pensando en poder comerme siquiera un delgado bisté y soñe, como mi hija mayor el domimgo está de cumpleaños, en lo bello que hubiera sido poder regalarle una parrilla, para que ese día la familia lo celebrásemos juntos, comiendo carne, aunque sea en la intimidad por la pandemia.

Y mientras seguía viendo el corretear de los animales por la manga que les llevaba a los barcos, de repente escuché al presidente decir aquello, como la mayor fantasía concebida en el siglo.

Y confieso que mi asombro fue tan descomunal que, con enorme velocidad, fui de ese estado a una molestia enorme, sobre todo contra quienes al pobre presidente le ponen a decir tamaños disparates y mentiras.

Digo así, que lo engañan, porque leo a mucha gente muy preparada, con una larga lista de títulos y honores que, cuando no encuentran cómo tapar algo, porque es como un hueco demasiado grande y no hay nada que ponerle encima para que nadie lo vea o no caiga en él, que es lo de hacer pasar al presidente como víctima de unos mentirosos o incompetentes que nada hacen bien, diciendo eso. "Es de otro u otros la culpa que al presidente cae o caen a coba". Y si ellos dicen eso, uno pese lo bruto, algún día tiene que entender algo y aprender a disimular. Y por eso ahora digo algo que me cuesta entender y hasta creer, que al presidente le engañan, pero así lo diré para quedar bien con quienes eso quieren uno diga. Hasta es posible algún beneficio saque de eso.

Sí. Me molestó sobremanera oír al presidente decir aquello. Pero no por él, sino por los otros. Cómo me han molestado esos monetaristas que le mienten y le dicen que los trabajadores ganamos mucho real y vivimos en una compradera por demás y eso ocasiona la inflación y siendo así entonces, le dicen, "presidente a esos avaros, codiciosos y consumistas en exceso no hay que aumentarles salario alguno, al contrario, vamos a quitarle todos los beneficios que tienen en los contratos". Y el presidente, por ellos engañados, les ha dado su visto bueno.

Ahora otros, que pudieran ser los mismos, le metieron al presidente otra coba enorme. Tome en cuenta el lector que he decidido cambiar mi discurso habitual, porque no quiero seguir siendo pendejo o inocente, y no voy a decir que es su culpa decir tamaña cosa que no se la cree ni él mismo, sino que se la dijeron y la repitió tampoco inocentemente, sino por engaño.

¿Y qué dijo el presidente? Buena la pregunta, y lo que dijo debe quedar resaltado. Pues dijo que "esas reses se exportaban porque el mercado interno, el consumo nacional, estaba ampliamente satisfecho y sobrando esas y unas cuantas más que saldrán luego y haciendo falta "unos dolaritos más que a nadie sobran", las enviamos a los hermanos de Irak que falta le hacen."

Cuando escuché aquello, como dije al inicio, no encontraba forma de creerlo. ¿Cómo acomodar esa sentencia en mi cerebro y en la realidad? ¿Cómo concebir que al presidente le hubiesen metido mentira tan descomunal? ¿Cómo ese juego habilidoso del "mercado satisfecho"? ¿Cómo puede haber gente tan cruel que al presidente engaña de aquella vil manera? ¡Pobre presidente! "¿Duerme usted señor presidente?"

Y esta última pregunta me la hice porque me volví a acordar de Caupolicaán Ovalles. Y aquello de:

"¿Hasta cuándo duerme usted, señor Presidente?

Si adora la vaca,
¡duerme!
Si al becerro adora,
¡duerme!"

Claro, aquello lo dijo "Caupo" por Betancourt y le costó salir huyendo hacia Colombia y Lautaro, su hermano, entonces mi amigo íntimo y compañero, escondiéndose para que no fueran a cogerla con él y los dos, juntos, nos enconchamos. Y cuando digo esto recuerdo todo aquello. Pero menos mal, a usted lector le consta que, vengo diciendo que al presidente, engañan, no es suya la culpa.

"El mercado nacional, el consumo interno, está satisfecho. Una verdad construída en base a una descomunal mentira, pero no del presidente sino de quienes le dicen eso.

El mercado está satisfecho; "el mercado", porque éste lo forman quienes pueden comprar carne y es con estos con quienes se mide la demanda y el consumo. La determinante mayoría no come carne, ni siquiera en sueños, porque eso es un lujo demasiado grande. Esa enorme cantidad de gente no aparece en esa estadística y siendo así, tiene razón el presidente.

¿Cómo comerla, si un kilo de ella equivale, como mínimo, a tres salarios mínimos, pues mientras el precio de ella es 1 millón 200 mil bolívares, éste es apenas de 400 mil bolívares? ¿Cómo podría comer carne un maestro, profesor, profesional de cualquier área o trabajador de lo que sea, si un kilo de carne, cuando menos, equivale a una quincena de salario?

El mercado, la demanda, capacidad de consumo a lo que se refiere el presidente, lo conforma una minoría, esa que come carne porque puede pagarla. Por eso, no es que la carne sobre, tampoco está satisfecha la necesidad nacional, la demanda de proteínas, sino que la determinante mayoría no puede pagar los precios de la carne. Por eso, y sobre todo por eso, la exportan. Lo que a su vez pone de bulto otra mentira que le meten al presidente. Esa, según la cual, él y ellos, están construyendo una sociedad socialista. Si eso fuese cierto, ese ganado no iría a alimentar otras bocas buscando beneficios en dólares, sino que se dedicaría al consumo nacional y a satisfacer la necesidad de proteínas de los nacionales, empezando por los niños.

Esto me trae el recuerdo de mi estadía en 1980 en Argentina. Siendo ese el país de la cane y el ganado, como nosotros del petróleo, entonces, bajo la dictadura de Videla, aquella era para la exportación y los restaurantes de lujo, donde acudían las clases altas y el turismo, pues el pueblo allá, entonces, no podía consumir carne, le estaba impedido por los precios. Pero era una dictadura y por supuesto de derecha.

Ese ganado tiene dueños, que Castro Soteldo sabe bien quiénes son y a quienes el gobierno otorga ventajas para que eso produzcan, cosa que no condeno, me parece bien eso de incentivar la producción en todas las áreas y aprovechar e incentivar la capacidad y experiencia productiva de la gente, sus deseos de invertir y trabajar en áreas como esas.

Los males están en otras áreas y personajes que han envilecido el salario y creado desbalance e injusticia tales que la mayoría no puede pagar el precio de la carne. Y es malo que unos viles pongan al presidente a decir tamañas mentiras.

¡Despierte señor presidente! ¡No deje le cojan de juguete! Y lo digo así, porque uno tampoco quiere seguir siendo el mismo sonso de siempre. Y despierte porque a usted también se lo llevan.

¡Ah! No hablé del tajalí, envuelto en una narrativa similar, pero como sobre eso tanto he escrito, el lector puede buscar en mi archivo.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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